lunes, 1 de septiembre de 2008
100 Preguntas al Campo Popular - HACIA UNA CONSTITUYENTE SOCIAL EN LA ARGENTINA
Una Campaña Colectiva
Para nuestro Pueblo, para los trabajadores, para la militancia social de nuestro país, el camino hacia nuestra Constituyente Social es un desafío, una tarea y una fiesta. Un desafío porque nos estamos convocando a protagonizar una experiencia política nueva en la Argentina, y queremos hacerlo recuperando lo mejor de nosotros, en el pasado, el presente y el futuro. Una tarea, porque este sistema le ha puesto un certificado de defunción al planeta, a la vida y a los pueblos. Cada día que nos retrasamos en construir la unidad popular lo pagamos con la muerte de chicos, mujeres, adultos y abuelos.
Pero este camino también es una fiesta, porque es cierto que no hay nada más alegre e impredecible que un pueblo construyendo su poder y sus capacidades. Un trabajo feliz, que nos está integrando, que nos está mezclando, que nos constituye. Una Constituyente Social.
Pero... ¿cómo hacerla? No hay recetas. A lo largo de estos años, nos hemos hecho expertos en resistir, en sobrevivir, en lograr triunfos sectoriales muy importantes. Contra todos los pronósticos, contra el miedo que nos metió la Dictadura, contra la traición y contra la avanzada neoliberal de los 90, el campo popular está vivo. Vivo, atento y esperando. Porque falta mucho. Porque sabemos que hay tres cosas que aún no pudimos recuperar para nosotros, para nuestro Pueblo.
Ni la distribución de la Riqueza que necesitamos para terminar con el hambre y desarrollarnos, ni el proyecto ni las formas de hacer Política que nos expresen institucionalmente, ni el control comunitario sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat. Y sin esas tres cosas, todos nuestros derechos sociales están amenazados y vulnerados. No pudimos garantizarlos hasta hoy, y eso nos muestra que, para cambiar eso, el camino no es repetir viejos esquemas; que no se trata de escribir un “petitorio gigante” y sumar “adhesiones”. Se trata de construir un nuevo Movimiento Político y Social que le devuelva la Argentina a los argentinos.
¿Cómo avanzar? ¿Cómo hacerlo para que lleguemos todos juntos? ¿Cuáles son los errores que no debiéramos cometer y los elementos que sí tenemos que fortalecer? ¿Con quién, en dónde? La militancia social, sindical, la de los pueblos originarios, los jóvenes, los chicos, la de género, los artistas, los comunicadores, los educadores, los científicos, las pequeñas y medianas empresas, el activismo partidario, los trabajadores barriales, las nuevas y viejas organizaciones... ¿cómo protagonizamos esta etapa nueva en la historia del Movimiento Popular en la Argentina?
El 2 y 3 de agosto vamos a compartir el Primer Encuentro hacia una Constituyente Social de la Argentina, en la ciudad de Jujuy. Y el camino hacia esas jornadas va a ser un trayecto compartido, de creación y debate. Por eso este material no habla de lineamientos directivos o de verdades consagradas; habla de problemas, de preguntas, y de desafíos. Estamos compartiendo visiones e inquietudes, estamos caminando juntos, para hacernos estas preguntas entre todos y, sobretodo, para empezar a responderlas colectivamente, con paciencia, con fuerza y con buen humor.
Tres cosas hay en la vida
Distribución de la Riqueza, Soberanía y Democracia son cuestiones que trabajan en la base de cualquiera de nuestros derechos sociales y humanos. Cuando no están resueltos, todo lo que hacemos se vuelve un parche superficial, y le dejamos el campo libre al hambre y el autoritarismo que el capitalismo impone disfrazado de gobernabilidad institucionalizada. Pero, ¿qué características debe tener el desarrollo político que efectivamente garantice que estos temas se resuelvan a favor de los sectores populares, en la sociedad y en el Estado?
La Distribución de la Riqueza: el cascabel y el Gato
La inequidad en la distribución de la riqueza es un crimen planificado que el capitalismo impone en todo el planeta. Cuarenta millones de personas mueren al año por hambre (40 mil chicos por día), mientras tres mil millones de seres humanos viven en la pobreza y mil millones en la indigencia, en el marco de una globalización planificada económicamente que causó diez veces más muertes que la Segunda guerra mundial. Un poblador promedio de un país rico de Europa o Estados Unidos consume cuatrocientas veces más por día que lo que consume un ciudadano de un pais pobre (un habitante de Suiza gasta en un día lo que uno de Mozambique gasta en un año). Y no por falta de recursos; sobran alimentos y riqueza, lo que no se logra es una justa y racional distribución de lo que se produce. En la Argentina no nos quedamos atrás en la inequidad; no somos Mozambique, pero la mitad de nuestra población es pobre; y cuando supuestamente la economía del país crece, la diferencia entre ricos y pobres es cada vez mayor. La copa no derrama nunca por sí sola. Aunque en los últimos años la masa de ingresos se expandió en $9.426,5 millones, el 50% se concentra prácticamente en el 20% de la población de mayores ingresos. El 30% de la población de mayores ingresos se apropiaron del 62,5% de los mayores ingresos. Por su parte, el 40% de la población con ingresos más bajos solo se apropiaron del 12,8% de los ingresos generados.
Dicho de otro modo, de cada $100 que se generaron en los últimos años por el proceso de crecimiento económico, el 30% más rico se quedó con $62,5, restando $37,5 a ser repartidos por el 70% restante de la población. Queda muy claro cuál es la “pauta distributiva” de la sociedad, máxime cuando se considera que el 40% más pobre captó apenas $12,8 y el 30% de los sectores medios explican los restante $24,7 restantes. Con esta distribución de la riqueza, cualquier “política social” cumple el rol de un “hospital de campaña” en el medio de una guerra, en la que cada vez llegan más heridos. Y de esos pobres, el 70% son chicos y jóvenes. Por el paco, por el desempleo, por la precarización, por la violencia. No hay política seria sin otra distribución de la riqueza; no hay desarrollo posible, ni generación de empleo consistente. Sin embargo, ¿cuál es la experiencia política que tiene que poder ubicar este problema en su verdadera dimensión? Únicamente la que surja de un compromiso de toda la sociedad para terminar con el invento del hambre en la Argentina, que le ponga límites a la voracidad de la cúpula empresaria dominante y desate un proceso de desarrollo que tenga a la gente adentro.
Soberanía: ¿de quién es la Argentina?
Del mismo modo, la contaminación de las napas de agua en barrios y ciudades, la depredación de los recursos energéticos y minerales, la extranjerización y privatización del patrimonio público (incluyendo a la tierra y a la capacidad de producción de alimentos) nos hacen sentir que nuestro país está tomado; que la Argentina es el nombre de un montón de negocios privados que hipotecan el futuro de generaciones enteras en función de una rentabilidad insaciable y globalizada. El hábitat, el medio ambiente y nuestros recursos naturales son un derecho comunitario y público antes que un negocio empresarial. El proceso político que es urgente abrir en la Argentina también tiene que posibilitar la creación de un poder social que le devuelva a la comunidad trabajadora sus derechos sobre la tierra y sobre lo que ella produce, que se reconcilie con la naturaleza, el planeta y la vida desde un proyecto integral y sustentable, que haga de los barrios, los pueblos y los parajes el escenario de un destino común y un futuro previsible para nuestros pibes, con un Estado popular y una sociedad que proyecta un vida en común con Latinoamérica y el mundo. Eso no lo hace un salvador o una organización meramente “institucional”. Lo hace un nuevo Movimiento Político y Social.
Democracia: ¿cómo es eso de que el Pueblo “no delibera ni gobierna” sino cuando delega en otro?
Una justa distribución de la riqueza y un ejercicio cotidiano de soberanía popular sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat sólo son posibles en el marco de una transformación estructural en los modos de hacer política. Se trata de impulsar un proceso integral de Democracia Participativa, en la que los ciudadanos, las organizaciones sociales y todas las representaciones sociales estemos articulados en una nueva institucionalidad. Un modo de entender lo público, lo comunitario y lo estatal que supere la cultura de la delegación y promueva el compromiso cotidiano de los ciudadanos en la construcción del destino común, y no solamente en la elección de candidatos institucionales y partidarios. La tan mentada “crisis de representación” no se resuelve con el cambio de representantes, sino con un Poder distinto en manos de los representados. Consulta Popular, Presupuesto Participativo, Paritaria Social, son instrumentos creadores de una Democracia real, en la que la comunidad pueda votar todos los días, y sobre los problemas cotidianos, construyendo el poder transformador que históricamente forma parte de nuestra identidad como Pueblo.
Un Camino hacia Nosotros Mismos
En el camino hacia la Constituyente Social, miles de argentinos y argentinas queremos experimentar una construcción política distinta; edificar sobre nuestra fuerza, resolviendo las debilidades del movimiento popular en un trabajo de organización, reflexión y creación. Buscar lo mejor de lo que tenemos dentro, y confiar en eso al compartirlo. Sabemos que no hay atajos y que no queremos seguir delegando ¿cuáles son esas primeras preguntas que queremos compartir? Y además... ¿con quién queremos responderlas? Un proyecto de Nación, un sueño que se hace realidad todos los días, es un camino peligroso. Un camino que el Poder intenta desbaratar por cualquier medio: por la explotación, por la distracción, por la fragmentación entre nosotros y por la represión. ¿Podemos empezar a recorrerlo?
Estas “100 Preguntas para el Campo Popular” pueden ponernos en crisis; pueden forzarnos a no caer en simplismos; pueden obligarnos a repetir lo importante hasta el cansancio; pueden empujarnos a averiguar lo que no sabemos. Todo eso está muy bien. Pero quizá sea importante ver que el objetivo fundamental es otro; es reconocer que lo verdadero es lo que decidimos compartir desde el inicio como proyecto y que, para eso, no hay otro modo que empezar a transitar conscientemente un camino de unidad.
Que el camino no esté claro al inicio, no es un problema grave; por el contrario, puede ser la prueba de que lo que estamos construyendo también deberá tener su propia luz, su forma de iluminarse entre todos.
Por eso, la mejor respuesta, es la colectiva; no sólo porque va a ser la mirada más completa, sino porque es la que seguramente genera más preguntas y la que nos acerca a un modo comunitario de ver la realidad.
Llegar hasta Nosotros es la clave. Descubrir las raíces de nuestra capacidad en cada problema es el primer paso posible para resolverlo colectivamente. Si las preguntas no nos llevan hasta ahí, probablemente no avancemos.
En ese punto, las preguntas nos pueden devolver una afirmación importante: la certeza de que NOS NECESITAMOS. De que no basta con soportarnos, sino que tenemos que QUERERNOS. Que el poder que tenemos que construir necesita de la amistad, el modo más antiguo de la organización popular.
Si las preguntas pueden llegar hasta ahí, hasta la raíz de cada problema, pero también de nuestra capacidad para enfrentarlo, nos queda pendiente lo que hay que crear entre todos, la mejor de las aventuras colectivas. Esa es la organización que viene, con sus formas territoriales, sectoriales, temáticas, institucionales, sociales y culturales. Pero habremos partido, por fin, de algo muy serio; la certeza de que LO NUEVO ESTABA ENTRE NOSOTROS.
Distribución de la Riqueza
¿Cuánto deberías ganar para vivir dignamente vos y tu familia? ¿Te alcanza lo que llevás cada semana? Este tema ¿Es un tema que se va a resolver pronto y para bien? Suponiendo que no se resuelva con vos ¿a tus hijos les va a ir mejor? ¿o no? ¿es que en nuestro país no hay dinero suficiente como para que podamos vivir bien? ¿Con quién deberías hablar y organizarte para empezar a resolver este asunto? De estas y otras cosas hablan las preguntas que siguen:
1. ¿Estamos hablando de lo mismo cuando decimos “Distribución de la Riqueza”? ¿De qué riquezas estamos hablando?
2. ¿Tenemos alguna idea o datos actuales de las riquezas que produce la Argentina y de cómo las produce?
3. ¿A través de qué mecanismos deben distribuir el Estado y la sociedad las riquezas producidas colectivamente? ¿y como las distribuye en la actualidad?
4. La Argentina ¿es un país rico o un país pobre?
5. ¿Cómo es actualmente la Distribución de la Riqueza en nuestro país? ¿A qué sectores beneficia y a qué sectores perjudica? ¿Por qué?
6. ¿Cuáles son las consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de la distribución de la Riqueza que tenemos en el país?
7. ¿Quiénes definen realmente la distribución de la Riqueza en la Argentina? ¿Cómo y dónde se discute?
8. ¿Alguna vez el Estado argentino (o el gobierno) te consultó sobre qué distribución de la Riqueza te parece la correcta?
9. La actual distribución de la Riqueza ¿influye en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué se nota?
10. ¿Cómo creemos que la cuestión de la pobreza va a impactar en el territorio, en la realidad regional de nuestra zona y en nuestro sector de trabajo?
11. ¿Cuáles son los elementos que habrá que enfrentar a causa de la pobreza en el futuro ?
12. ¿Qué proceso debería darse para garantizar en la Argentina una distribución más equitativa de la Riqueza producida?
13. ¿Hay una estrategia posible para crear una Sociedad y un Estado que realicen otra Distribución de la Riqueza en la Argentina? ¿Podemos imaginarla y definirla, aunque sea difícil?
14. ¿A quiénes debería incluir ese proceso?
15. ¿Qué acciones deberían darse en ese proceso?
16. ¿En dónde deberían darse esas acciones? ¿En lo institucional, en el barrio, en la familia? ¿cómo?
17. ¿Con qué recursos se podría bancar ese proceso?
18. ¿Podemos aportar algo en ese proceso? ¿Qué puedo aportar como persona? ¿Qué puedo aportar como organización o sector social?
19. ¿Conocemos alguna experiencia que haya significado un avance concreto en la lucha por la Distribución de la Riqueza? ¿Cuál fue? ¿Cómo se dio?
20. ¿Con quién deberíamos “aliarnos” para poder impulsar un proceso de este tipo? ¿Es posible? ¿Cuáles serían los próximos pasos?
21. ¿Qué tenemos a favor en la posible articulación con otros sectores en esta lucha?
22. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tenemos para una articulación real con otros grupos, organizaciones y realidades?
23. Las identidades sectoriales ¿son una fortaleza o una debilidad a la hora de pelear este tema en conjunto? Ejemplificar.
24. ¿Cómo pueden superarse los obstáculos que vemos en este proceso?
25. Específicamente desde mi identidad, mi lugar o mi sector1, tenemos una relación particular con este tema; ¿qué valor especial podemos poner en juego para impulsar otra distribución de la riqueza más equitativa? Por otro lado, ¿qué límite concreto tenemos?
Provenimos de distintos sectores, y cada uno tiene una mirada particular sobre estos temas de la distribución de la riqueza, la soberanía y la democracia; ¿cómo es la mirada de los pueblos originarios, trabajadores, sindicalizados o no, activistas religiosos, sociales o barriales, comunicadores, docentes, militantes partidarios, de género, jóvenes, gente que trabaja con los chicos, investigadores, profesionales de distintas tareas, artistas, pequeños y medianos empresarios o productores, etc.? Quizá no sea exactamente la misma (es más, sería saludable que no lo fuera).
26. ¿Cuáles son los posibles “costos políticos” en un proceso de este tipo?
27. ¿Hay actores que van a tratar de impedir este cambio? ¿Quiénes son?
28. ¿Qué hechos podemos prever que van a darse? ¿que van a hacer otros actores sociales para impedir este cambio?
29. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la participación popular en la política institucional, o no tiene nada que ver?
30. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat, o no tiene nada que ver?
Democracia
¿Alguien del Gobierno o del Estado te consulta varias veces al año para saber cómo resolver los problemas de tu comunidad, de tus derechos o del trabajo?¿Se toma en cuenta lo que proponés?¿vos considerás que sería una pérdida de tiempo que pudieras opinar, o te parece que serviría para algo? Si hasta hoy no se te consulta a vos o a tu familia ¿vos ves que eso va a cambiar pronto? ¿Vale la pena intentar que se consulte periódicamente a la gente en una Democracia Participativa? ¿Con quiénes deberíamos organizarnos para lograrlo? Sobre estas y otras cosas giran las siguientes preguntas:
31. ¿Qué entendemos por participación popular en la política? ¿De qué participación estamos hablando?
32. ¿Alguna vez el Estado argentino te consultó sobre qué formas de participación política te parecen las mejores?
33. En la actualidad, en nuestro país y en el sistema que tenemos, la única herramienta de participación política indispensable es la elección de candidatos de los partidos políticos en cargos legislativos o ejecutivos del Gobierno cada dos o cuatro años. ¿Es suficiente esa única forma de participación popular en las decisiones políticas comunitarias? ¿Por qué?
34. ¿Cómo evolucionó la participación popular en las distintas elecciones a lo largo de estos 25 años de Democracia institucional? ¿fue aumentando o disminuyendo? ¿lo sabemos? ¿Podemos averiguarlo?
35. Consultas Populares, Democracia Participativa, Plebiscitos, Iniciativas Populares son formas que permiten la ampliación de la participación popular y de organizaciones sociales en la toma de decisiones sobre políticas públicas... ¿Sabemos en qué consisten estas herramientas? ¿Las implementan los gobiernos? ¿las utilizamos habitualmente?
36. Las políticas públicas y los Gobiernos que conocemos, ¿respetan y promueven la participación popular en la toma de decisiones importantes?
37. ¿A través de qué mecanismos se puede gestionar la participación popular en la toma de decisiones políticas, además de los que ya se mencionaron?
38. En la Argentina, ¿se podría realizar concretamente un sistema político más participativo o no? ¿Porqué?
39. ¿Mejoraría nuestra realidad si pudiéramos participar más cotidianamente de la toma de decisiones sobre las políticas públicas en nuestro lugar o sector de trabajo?
40. Actualmente los mecanismos más difundidos de participación son los de la Democracia Representativa (partidos, candidatos y elecciones); este sistema ¿beneficia a algún sector en particular? ¿a quiénes?
41. ¿Cuáles son las consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de que la democracia que tenemos en la Argentina sea restringida casi únicamente a la elección de candidatos de los partidos políticos?
42. ¿Quiénes definen realmente el grado y las formas de la participación popular en la toma de decisiones importantes en la Argentina? ¿Cómo y dónde se discute este tema?
43. El hecho de que existan tan pocas formas de participación popular en política pública fuera de la elección de candidatos partidarios ¿influye en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué se nota?
44. Esta participación “restringida” que tenemos ¿Cómo creemos que va a impactar en la realidad regional de nuestra zona?
45. ¿Cuáles son los elementos que habrá que enfrentar en el futuro si esta realidad de participación restringida sigue así?
46. ¿Qué proceso debería darse para garantizar en la Argentina la realización de una Democracia Participativa?
47. ¿Cuál creemos que es la estrategia para crear una Sociedad y un Estado que realicen una Democracia Participativa? ¿Podemos imaginar y definir esa estrategia, aunque sea difícil?
48. ¿A quiénes debería incluir ese proceso de cambio, ampliación y profundización de la Democracia?
49. ¿Qué acciones deberían darse en ese proceso? 50. ¿En dónde deberían darse esas acciones? ¿En lo institucional, en el barrio, en la familia? ¿cómo?
51. ¿Con qué recursos podría impulsarse ese proceso?
52. ¿Podemos aportar algo en ese proceso? ¿Qué puedo aportar como persona? ¿Y como organización o sector social?
53. ¿Conocemos alguna experiencia que haya significado un avance concreto en la lucha por una Democracia Participativa? ¿Cuál fue? ¿Cómo se dio?
54. ¿Con quién deberíamos “aliarnos” para poder impulsar un proceso de este tipo en todo el país? ¿Es posible? ¿Cuáles serían los próximos pasos?
55. ¿Qué tenemos a favor en la posible articulación con otros sectores en esta lucha?
56. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tenemos para una articulación real con otros grupos, organizaciones y realidades en torno de este tema?
57. Las identidades sectoriales ¿son una fortaleza o una debilidad a la hora de pelear este tema en conjunto?
58. ¿Cómo pueden superarse los obstáculos que vemos en este proceso?
59. Específicamente desde mi identidad, mi lugar, mi sector, tenemos una relación particular con la cuestión de la participación política; ¿qué valor especial podemos poner en juego para impulsar la transformación buscada? Por otro lado ¿qué límite concreto tenemos?
60. ¿Cuáles son los posibles “costos políticos” en un proceso de este tipo?
61. ¿Hay actores que van a tratar de impedir este cambio? ¿Quiénes son?
62. ¿Qué hechos podemos prever que van a darse? ¿que van a hacer otros actores sociales para impedir este cambio?
63. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la distribución de la riqueza en la Argentina, o no tiene nada que ver?
64. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
65. ¿Qué entendemos por soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el hábitat y el medio ambiente?
66. En la actualidad, en nuestro país y en el sistema que tenemos, la soberanía sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat está acotada a la idea del respeto a la propiedad privada y a la explotación de empresas privadas. Es por eso que gran parte
Soberanía sobre los Recursos Naturales, el Medioambiente y el Habitat
¿Estás seguro del agua que tomás y de la comida que comés? En la cuestión de la contaminación y los recursos naturales, ¿creés que en la Argentina se está evolucionando para bien o para mal? En estos años de tanta riqueza argentina en explotación del petróleo, ¿mejoró la situación en tu casa económicamente? La luz, el gas, el combustible... ¿son elementos que el Estado te garantiza como un derecho social básico? Estos temas... ¿se van a resolver pronto y para mejor? ¿Con quiénes deberíamos organizarnos para resolver estos problemas? Sobre estas y otras cuestiones giran las siguientes preguntas: de nuestro territorio y recursos minerales y naturales están siendo explotados, depredados y contaminados por empresas extranjeras y nacionales privadas ¿Son suficientes las herramientas de soberanía comunitaria que tenemos actualmente sobre los recursos naturales? ¿Por qué?
67. ¿Cómo evolucionó el tema de la explotación privada, la contaminación y la apropiación y el control comunitario sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat a lo largo de estos 25 años de Democracia institucional? ¿fue mejorando o empeorando la situación en los distintos lugares del país? ¿lo sabemos? ¿Podemos averiguarlo?
68. La nacionalización y socialización comunitaria de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat son políticas que muchos países de Latinoamérica se están aplicando ¿Sabemos en qué consisten estas herramientas? ¿se realizan en la Argentina?
69. ¿Alguna vez el Estado argentino te consultó tu opinión acerca de la soberanía popular y comunitaria sobre los recursos naturales?
70. Las políticas públicas y los Gobiernos que conocemos, ¿respetan y promueven el control comunitario sobre los recursos naturales, el medio ambiente o el hábitat, o se los dejan a la actividad empresarial y privada?
71. ¿Qué sabemos de la situación en nuestra zona respecto del derecho de todos los habitantes a la tierra y a la vivienda, que está mencionado en la Constitución Nacional?
72. ¿A través de qué mecanismos se puede gestionar la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
73. En la Argentina, ¿se podría realizar la soberanía popular y comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
74. ¿Mejoraría nuestra realidad si tuviéramos soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat en nuestro lugar o sector de trabajo?
75. Actualmente este tema se maneja desde la óptica de la propiedad privada y la explotación empresaria; esto ¿beneficia a algún sector en particular? ¿a quiénes?
76. ¿Cuáles son las consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de que prevalezca esta visión privatista en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
77. ¿Quiénes definen realmente el grado y las formas de soberanía popular y comunitaria en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat? ¿Cómo y dónde se discute este tema?
78. El hecho de que actualmente este tema se maneje con una visión de explotación privada ¿influye en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué se nota?
79. Este modelo de explotación privada, contaminación y depredación de los recursos naturales argentinos ¿Cómo creemos que va a impactar en la realidad regional de nuestra zona?
80. ¿Cuáles son los elementos que habrá que enfrentar en el futuro a partir de esta realidad?
81. ¿Qué proceso debería darse para garantizar en la Argentina la realización de una política de soberanía comunitaria y popular en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
82. ¿Cuál creemos que es la estrategia para crear una Sociedad y un Estado que hagan efectiva la soberanía popular y comunitaria en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat? ¿Podemos imaginar y definir esa estrategia, aunque sea difícil?
83. ¿A quiénes debería incluir ese proceso de cambio de enfoque sobre estos temas?
84. ¿Qué acciones deberían darse en ese proceso?
85. ¿En dónde deberían darse esas acciones? ¿En lo institucional, en el barrio, en la familia? ¿cómo?
86. ¿Con qué recursos podría impulsarse ese proceso?
87. ¿Podemos aportar algo en ese proceso? ¿Qué puedo aportar como persona; qué puedo aportar como organización o sector social?
88. ¿Conocemos alguna experiencia que haya significado un avance concreto en la lucha por un control comunitario y popular en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat? ¿Cuál fue? ¿Cómo se dio?
89. ¿Con quién deberíamos “aliarnos” para poder impulsar un proceso de este tipo en todo el país? ¿Es posible? ¿Cuáles serían los próximos pasos?
90. ¿Qué tenemos a favor en la posible articulación con otros sectores en esta lucha?
91. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tenemos para una articulación real con otros grupos, organizaciones y realidades en torno de este tema?
92. Las identidades sectoriales ¿son una fortaleza o una debilidad a la hora de pelear la soberanía popular y comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat en conjunto?
93. ¿Cómo pueden superarse los obstáculos que vemos en este proceso?
94. Específicamente desde mi identidad, mi lugar o mi sector, tenemos una relación particular con la cuestión de la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat; ¿qué valor especial podemos poner en juego para impulsar la transformación que buscamos? Por otro lado ¿qué límite concreto tenemos?
95. ¿Cuáles son los posibles “costos políticos” en un proceso de este tipo?
96. ¿Hay actores que van a tratar de impedir este cambio? ¿Quiénes son?
97. ¿Qué hechos podemos prever que van a darse?
98. ¿Qué van a hacer otros actores sociales para impedir este cambio?
99. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la distribución de la riqueza en la Argentina, o no tiene nada que ver?
100. Este tema,¿está relacionado con el problema de la participación popular en la política institucional, o no tiene nada que ver?
¿Qué modelo de organización popular, institucional y social puede contribuir a la resolución de las tres cuestiones (Distribución de la Riqueza, Democracia Participativa y Soberanía Popular sobre los Recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat)?
¿Qué características debe tener esa experiencia política? En el camino de esa construcción ¿Qué elementos del pasado debemos tomar, y qué elementos del pasado debemos superar? ¿Cuál es el lugar que debe ocupar el sector social al que pertenecemos?
¿Cuánta certeza tenemos? ¿Cuánto miedo? ¿Cuánta esperanza?
Para nuestro Pueblo, para los trabajadores, para la militancia social de nuestro país, el camino hacia nuestra Constituyente Social es un desafío, una tarea y una fiesta. Un desafío porque nos estamos convocando a protagonizar una experiencia política nueva en la Argentina, y queremos hacerlo recuperando lo mejor de nosotros, en el pasado, el presente y el futuro. Una tarea, porque este sistema le ha puesto un certificado de defunción al planeta, a la vida y a los pueblos. Cada día que nos retrasamos en construir la unidad popular lo pagamos con la muerte de chicos, mujeres, adultos y abuelos.
Pero este camino también es una fiesta, porque es cierto que no hay nada más alegre e impredecible que un pueblo construyendo su poder y sus capacidades. Un trabajo feliz, que nos está integrando, que nos está mezclando, que nos constituye. Una Constituyente Social.
Pero... ¿cómo hacerla? No hay recetas. A lo largo de estos años, nos hemos hecho expertos en resistir, en sobrevivir, en lograr triunfos sectoriales muy importantes. Contra todos los pronósticos, contra el miedo que nos metió la Dictadura, contra la traición y contra la avanzada neoliberal de los 90, el campo popular está vivo. Vivo, atento y esperando. Porque falta mucho. Porque sabemos que hay tres cosas que aún no pudimos recuperar para nosotros, para nuestro Pueblo.
Ni la distribución de la Riqueza que necesitamos para terminar con el hambre y desarrollarnos, ni el proyecto ni las formas de hacer Política que nos expresen institucionalmente, ni el control comunitario sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat. Y sin esas tres cosas, todos nuestros derechos sociales están amenazados y vulnerados. No pudimos garantizarlos hasta hoy, y eso nos muestra que, para cambiar eso, el camino no es repetir viejos esquemas; que no se trata de escribir un “petitorio gigante” y sumar “adhesiones”. Se trata de construir un nuevo Movimiento Político y Social que le devuelva la Argentina a los argentinos.
¿Cómo avanzar? ¿Cómo hacerlo para que lleguemos todos juntos? ¿Cuáles son los errores que no debiéramos cometer y los elementos que sí tenemos que fortalecer? ¿Con quién, en dónde? La militancia social, sindical, la de los pueblos originarios, los jóvenes, los chicos, la de género, los artistas, los comunicadores, los educadores, los científicos, las pequeñas y medianas empresas, el activismo partidario, los trabajadores barriales, las nuevas y viejas organizaciones... ¿cómo protagonizamos esta etapa nueva en la historia del Movimiento Popular en la Argentina?
El 2 y 3 de agosto vamos a compartir el Primer Encuentro hacia una Constituyente Social de la Argentina, en la ciudad de Jujuy. Y el camino hacia esas jornadas va a ser un trayecto compartido, de creación y debate. Por eso este material no habla de lineamientos directivos o de verdades consagradas; habla de problemas, de preguntas, y de desafíos. Estamos compartiendo visiones e inquietudes, estamos caminando juntos, para hacernos estas preguntas entre todos y, sobretodo, para empezar a responderlas colectivamente, con paciencia, con fuerza y con buen humor.
Tres cosas hay en la vida
Distribución de la Riqueza, Soberanía y Democracia son cuestiones que trabajan en la base de cualquiera de nuestros derechos sociales y humanos. Cuando no están resueltos, todo lo que hacemos se vuelve un parche superficial, y le dejamos el campo libre al hambre y el autoritarismo que el capitalismo impone disfrazado de gobernabilidad institucionalizada. Pero, ¿qué características debe tener el desarrollo político que efectivamente garantice que estos temas se resuelvan a favor de los sectores populares, en la sociedad y en el Estado?
La Distribución de la Riqueza: el cascabel y el Gato
La inequidad en la distribución de la riqueza es un crimen planificado que el capitalismo impone en todo el planeta. Cuarenta millones de personas mueren al año por hambre (40 mil chicos por día), mientras tres mil millones de seres humanos viven en la pobreza y mil millones en la indigencia, en el marco de una globalización planificada económicamente que causó diez veces más muertes que la Segunda guerra mundial. Un poblador promedio de un país rico de Europa o Estados Unidos consume cuatrocientas veces más por día que lo que consume un ciudadano de un pais pobre (un habitante de Suiza gasta en un día lo que uno de Mozambique gasta en un año). Y no por falta de recursos; sobran alimentos y riqueza, lo que no se logra es una justa y racional distribución de lo que se produce. En la Argentina no nos quedamos atrás en la inequidad; no somos Mozambique, pero la mitad de nuestra población es pobre; y cuando supuestamente la economía del país crece, la diferencia entre ricos y pobres es cada vez mayor. La copa no derrama nunca por sí sola. Aunque en los últimos años la masa de ingresos se expandió en $9.426,5 millones, el 50% se concentra prácticamente en el 20% de la población de mayores ingresos. El 30% de la población de mayores ingresos se apropiaron del 62,5% de los mayores ingresos. Por su parte, el 40% de la población con ingresos más bajos solo se apropiaron del 12,8% de los ingresos generados.
Dicho de otro modo, de cada $100 que se generaron en los últimos años por el proceso de crecimiento económico, el 30% más rico se quedó con $62,5, restando $37,5 a ser repartidos por el 70% restante de la población. Queda muy claro cuál es la “pauta distributiva” de la sociedad, máxime cuando se considera que el 40% más pobre captó apenas $12,8 y el 30% de los sectores medios explican los restante $24,7 restantes. Con esta distribución de la riqueza, cualquier “política social” cumple el rol de un “hospital de campaña” en el medio de una guerra, en la que cada vez llegan más heridos. Y de esos pobres, el 70% son chicos y jóvenes. Por el paco, por el desempleo, por la precarización, por la violencia. No hay política seria sin otra distribución de la riqueza; no hay desarrollo posible, ni generación de empleo consistente. Sin embargo, ¿cuál es la experiencia política que tiene que poder ubicar este problema en su verdadera dimensión? Únicamente la que surja de un compromiso de toda la sociedad para terminar con el invento del hambre en la Argentina, que le ponga límites a la voracidad de la cúpula empresaria dominante y desate un proceso de desarrollo que tenga a la gente adentro.
Soberanía: ¿de quién es la Argentina?
Del mismo modo, la contaminación de las napas de agua en barrios y ciudades, la depredación de los recursos energéticos y minerales, la extranjerización y privatización del patrimonio público (incluyendo a la tierra y a la capacidad de producción de alimentos) nos hacen sentir que nuestro país está tomado; que la Argentina es el nombre de un montón de negocios privados que hipotecan el futuro de generaciones enteras en función de una rentabilidad insaciable y globalizada. El hábitat, el medio ambiente y nuestros recursos naturales son un derecho comunitario y público antes que un negocio empresarial. El proceso político que es urgente abrir en la Argentina también tiene que posibilitar la creación de un poder social que le devuelva a la comunidad trabajadora sus derechos sobre la tierra y sobre lo que ella produce, que se reconcilie con la naturaleza, el planeta y la vida desde un proyecto integral y sustentable, que haga de los barrios, los pueblos y los parajes el escenario de un destino común y un futuro previsible para nuestros pibes, con un Estado popular y una sociedad que proyecta un vida en común con Latinoamérica y el mundo. Eso no lo hace un salvador o una organización meramente “institucional”. Lo hace un nuevo Movimiento Político y Social.
Democracia: ¿cómo es eso de que el Pueblo “no delibera ni gobierna” sino cuando delega en otro?
Una justa distribución de la riqueza y un ejercicio cotidiano de soberanía popular sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat sólo son posibles en el marco de una transformación estructural en los modos de hacer política. Se trata de impulsar un proceso integral de Democracia Participativa, en la que los ciudadanos, las organizaciones sociales y todas las representaciones sociales estemos articulados en una nueva institucionalidad. Un modo de entender lo público, lo comunitario y lo estatal que supere la cultura de la delegación y promueva el compromiso cotidiano de los ciudadanos en la construcción del destino común, y no solamente en la elección de candidatos institucionales y partidarios. La tan mentada “crisis de representación” no se resuelve con el cambio de representantes, sino con un Poder distinto en manos de los representados. Consulta Popular, Presupuesto Participativo, Paritaria Social, son instrumentos creadores de una Democracia real, en la que la comunidad pueda votar todos los días, y sobre los problemas cotidianos, construyendo el poder transformador que históricamente forma parte de nuestra identidad como Pueblo.
Un Camino hacia Nosotros Mismos
En el camino hacia la Constituyente Social, miles de argentinos y argentinas queremos experimentar una construcción política distinta; edificar sobre nuestra fuerza, resolviendo las debilidades del movimiento popular en un trabajo de organización, reflexión y creación. Buscar lo mejor de lo que tenemos dentro, y confiar en eso al compartirlo. Sabemos que no hay atajos y que no queremos seguir delegando ¿cuáles son esas primeras preguntas que queremos compartir? Y además... ¿con quién queremos responderlas? Un proyecto de Nación, un sueño que se hace realidad todos los días, es un camino peligroso. Un camino que el Poder intenta desbaratar por cualquier medio: por la explotación, por la distracción, por la fragmentación entre nosotros y por la represión. ¿Podemos empezar a recorrerlo?
Estas “100 Preguntas para el Campo Popular” pueden ponernos en crisis; pueden forzarnos a no caer en simplismos; pueden obligarnos a repetir lo importante hasta el cansancio; pueden empujarnos a averiguar lo que no sabemos. Todo eso está muy bien. Pero quizá sea importante ver que el objetivo fundamental es otro; es reconocer que lo verdadero es lo que decidimos compartir desde el inicio como proyecto y que, para eso, no hay otro modo que empezar a transitar conscientemente un camino de unidad.
Que el camino no esté claro al inicio, no es un problema grave; por el contrario, puede ser la prueba de que lo que estamos construyendo también deberá tener su propia luz, su forma de iluminarse entre todos.
Por eso, la mejor respuesta, es la colectiva; no sólo porque va a ser la mirada más completa, sino porque es la que seguramente genera más preguntas y la que nos acerca a un modo comunitario de ver la realidad.
Llegar hasta Nosotros es la clave. Descubrir las raíces de nuestra capacidad en cada problema es el primer paso posible para resolverlo colectivamente. Si las preguntas no nos llevan hasta ahí, probablemente no avancemos.
En ese punto, las preguntas nos pueden devolver una afirmación importante: la certeza de que NOS NECESITAMOS. De que no basta con soportarnos, sino que tenemos que QUERERNOS. Que el poder que tenemos que construir necesita de la amistad, el modo más antiguo de la organización popular.
Si las preguntas pueden llegar hasta ahí, hasta la raíz de cada problema, pero también de nuestra capacidad para enfrentarlo, nos queda pendiente lo que hay que crear entre todos, la mejor de las aventuras colectivas. Esa es la organización que viene, con sus formas territoriales, sectoriales, temáticas, institucionales, sociales y culturales. Pero habremos partido, por fin, de algo muy serio; la certeza de que LO NUEVO ESTABA ENTRE NOSOTROS.
Distribución de la Riqueza
¿Cuánto deberías ganar para vivir dignamente vos y tu familia? ¿Te alcanza lo que llevás cada semana? Este tema ¿Es un tema que se va a resolver pronto y para bien? Suponiendo que no se resuelva con vos ¿a tus hijos les va a ir mejor? ¿o no? ¿es que en nuestro país no hay dinero suficiente como para que podamos vivir bien? ¿Con quién deberías hablar y organizarte para empezar a resolver este asunto? De estas y otras cosas hablan las preguntas que siguen:
1. ¿Estamos hablando de lo mismo cuando decimos “Distribución de la Riqueza”? ¿De qué riquezas estamos hablando?
2. ¿Tenemos alguna idea o datos actuales de las riquezas que produce la Argentina y de cómo las produce?
3. ¿A través de qué mecanismos deben distribuir el Estado y la sociedad las riquezas producidas colectivamente? ¿y como las distribuye en la actualidad?
4. La Argentina ¿es un país rico o un país pobre?
5. ¿Cómo es actualmente la Distribución de la Riqueza en nuestro país? ¿A qué sectores beneficia y a qué sectores perjudica? ¿Por qué?
6. ¿Cuáles son las consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de la distribución de la Riqueza que tenemos en el país?
7. ¿Quiénes definen realmente la distribución de la Riqueza en la Argentina? ¿Cómo y dónde se discute?
8. ¿Alguna vez el Estado argentino (o el gobierno) te consultó sobre qué distribución de la Riqueza te parece la correcta?
9. La actual distribución de la Riqueza ¿influye en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué se nota?
10. ¿Cómo creemos que la cuestión de la pobreza va a impactar en el territorio, en la realidad regional de nuestra zona y en nuestro sector de trabajo?
11. ¿Cuáles son los elementos que habrá que enfrentar a causa de la pobreza en el futuro ?
12. ¿Qué proceso debería darse para garantizar en la Argentina una distribución más equitativa de la Riqueza producida?
13. ¿Hay una estrategia posible para crear una Sociedad y un Estado que realicen otra Distribución de la Riqueza en la Argentina? ¿Podemos imaginarla y definirla, aunque sea difícil?
14. ¿A quiénes debería incluir ese proceso?
15. ¿Qué acciones deberían darse en ese proceso?
16. ¿En dónde deberían darse esas acciones? ¿En lo institucional, en el barrio, en la familia? ¿cómo?
17. ¿Con qué recursos se podría bancar ese proceso?
18. ¿Podemos aportar algo en ese proceso? ¿Qué puedo aportar como persona? ¿Qué puedo aportar como organización o sector social?
19. ¿Conocemos alguna experiencia que haya significado un avance concreto en la lucha por la Distribución de la Riqueza? ¿Cuál fue? ¿Cómo se dio?
20. ¿Con quién deberíamos “aliarnos” para poder impulsar un proceso de este tipo? ¿Es posible? ¿Cuáles serían los próximos pasos?
21. ¿Qué tenemos a favor en la posible articulación con otros sectores en esta lucha?
22. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tenemos para una articulación real con otros grupos, organizaciones y realidades?
23. Las identidades sectoriales ¿son una fortaleza o una debilidad a la hora de pelear este tema en conjunto? Ejemplificar.
24. ¿Cómo pueden superarse los obstáculos que vemos en este proceso?
25. Específicamente desde mi identidad, mi lugar o mi sector1, tenemos una relación particular con este tema; ¿qué valor especial podemos poner en juego para impulsar otra distribución de la riqueza más equitativa? Por otro lado, ¿qué límite concreto tenemos?
Provenimos de distintos sectores, y cada uno tiene una mirada particular sobre estos temas de la distribución de la riqueza, la soberanía y la democracia; ¿cómo es la mirada de los pueblos originarios, trabajadores, sindicalizados o no, activistas religiosos, sociales o barriales, comunicadores, docentes, militantes partidarios, de género, jóvenes, gente que trabaja con los chicos, investigadores, profesionales de distintas tareas, artistas, pequeños y medianos empresarios o productores, etc.? Quizá no sea exactamente la misma (es más, sería saludable que no lo fuera).
26. ¿Cuáles son los posibles “costos políticos” en un proceso de este tipo?
27. ¿Hay actores que van a tratar de impedir este cambio? ¿Quiénes son?
28. ¿Qué hechos podemos prever que van a darse? ¿que van a hacer otros actores sociales para impedir este cambio?
29. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la participación popular en la política institucional, o no tiene nada que ver?
30. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat, o no tiene nada que ver?
Democracia
¿Alguien del Gobierno o del Estado te consulta varias veces al año para saber cómo resolver los problemas de tu comunidad, de tus derechos o del trabajo?¿Se toma en cuenta lo que proponés?¿vos considerás que sería una pérdida de tiempo que pudieras opinar, o te parece que serviría para algo? Si hasta hoy no se te consulta a vos o a tu familia ¿vos ves que eso va a cambiar pronto? ¿Vale la pena intentar que se consulte periódicamente a la gente en una Democracia Participativa? ¿Con quiénes deberíamos organizarnos para lograrlo? Sobre estas y otras cosas giran las siguientes preguntas:
31. ¿Qué entendemos por participación popular en la política? ¿De qué participación estamos hablando?
32. ¿Alguna vez el Estado argentino te consultó sobre qué formas de participación política te parecen las mejores?
33. En la actualidad, en nuestro país y en el sistema que tenemos, la única herramienta de participación política indispensable es la elección de candidatos de los partidos políticos en cargos legislativos o ejecutivos del Gobierno cada dos o cuatro años. ¿Es suficiente esa única forma de participación popular en las decisiones políticas comunitarias? ¿Por qué?
34. ¿Cómo evolucionó la participación popular en las distintas elecciones a lo largo de estos 25 años de Democracia institucional? ¿fue aumentando o disminuyendo? ¿lo sabemos? ¿Podemos averiguarlo?
35. Consultas Populares, Democracia Participativa, Plebiscitos, Iniciativas Populares son formas que permiten la ampliación de la participación popular y de organizaciones sociales en la toma de decisiones sobre políticas públicas... ¿Sabemos en qué consisten estas herramientas? ¿Las implementan los gobiernos? ¿las utilizamos habitualmente?
36. Las políticas públicas y los Gobiernos que conocemos, ¿respetan y promueven la participación popular en la toma de decisiones importantes?
37. ¿A través de qué mecanismos se puede gestionar la participación popular en la toma de decisiones políticas, además de los que ya se mencionaron?
38. En la Argentina, ¿se podría realizar concretamente un sistema político más participativo o no? ¿Porqué?
39. ¿Mejoraría nuestra realidad si pudiéramos participar más cotidianamente de la toma de decisiones sobre las políticas públicas en nuestro lugar o sector de trabajo?
40. Actualmente los mecanismos más difundidos de participación son los de la Democracia Representativa (partidos, candidatos y elecciones); este sistema ¿beneficia a algún sector en particular? ¿a quiénes?
41. ¿Cuáles son las consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de que la democracia que tenemos en la Argentina sea restringida casi únicamente a la elección de candidatos de los partidos políticos?
42. ¿Quiénes definen realmente el grado y las formas de la participación popular en la toma de decisiones importantes en la Argentina? ¿Cómo y dónde se discute este tema?
43. El hecho de que existan tan pocas formas de participación popular en política pública fuera de la elección de candidatos partidarios ¿influye en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué se nota?
44. Esta participación “restringida” que tenemos ¿Cómo creemos que va a impactar en la realidad regional de nuestra zona?
45. ¿Cuáles son los elementos que habrá que enfrentar en el futuro si esta realidad de participación restringida sigue así?
46. ¿Qué proceso debería darse para garantizar en la Argentina la realización de una Democracia Participativa?
47. ¿Cuál creemos que es la estrategia para crear una Sociedad y un Estado que realicen una Democracia Participativa? ¿Podemos imaginar y definir esa estrategia, aunque sea difícil?
48. ¿A quiénes debería incluir ese proceso de cambio, ampliación y profundización de la Democracia?
49. ¿Qué acciones deberían darse en ese proceso? 50. ¿En dónde deberían darse esas acciones? ¿En lo institucional, en el barrio, en la familia? ¿cómo?
51. ¿Con qué recursos podría impulsarse ese proceso?
52. ¿Podemos aportar algo en ese proceso? ¿Qué puedo aportar como persona? ¿Y como organización o sector social?
53. ¿Conocemos alguna experiencia que haya significado un avance concreto en la lucha por una Democracia Participativa? ¿Cuál fue? ¿Cómo se dio?
54. ¿Con quién deberíamos “aliarnos” para poder impulsar un proceso de este tipo en todo el país? ¿Es posible? ¿Cuáles serían los próximos pasos?
55. ¿Qué tenemos a favor en la posible articulación con otros sectores en esta lucha?
56. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tenemos para una articulación real con otros grupos, organizaciones y realidades en torno de este tema?
57. Las identidades sectoriales ¿son una fortaleza o una debilidad a la hora de pelear este tema en conjunto?
58. ¿Cómo pueden superarse los obstáculos que vemos en este proceso?
59. Específicamente desde mi identidad, mi lugar, mi sector, tenemos una relación particular con la cuestión de la participación política; ¿qué valor especial podemos poner en juego para impulsar la transformación buscada? Por otro lado ¿qué límite concreto tenemos?
60. ¿Cuáles son los posibles “costos políticos” en un proceso de este tipo?
61. ¿Hay actores que van a tratar de impedir este cambio? ¿Quiénes son?
62. ¿Qué hechos podemos prever que van a darse? ¿que van a hacer otros actores sociales para impedir este cambio?
63. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la distribución de la riqueza en la Argentina, o no tiene nada que ver?
64. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
65. ¿Qué entendemos por soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el hábitat y el medio ambiente?
66. En la actualidad, en nuestro país y en el sistema que tenemos, la soberanía sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat está acotada a la idea del respeto a la propiedad privada y a la explotación de empresas privadas. Es por eso que gran parte
Soberanía sobre los Recursos Naturales, el Medioambiente y el Habitat
¿Estás seguro del agua que tomás y de la comida que comés? En la cuestión de la contaminación y los recursos naturales, ¿creés que en la Argentina se está evolucionando para bien o para mal? En estos años de tanta riqueza argentina en explotación del petróleo, ¿mejoró la situación en tu casa económicamente? La luz, el gas, el combustible... ¿son elementos que el Estado te garantiza como un derecho social básico? Estos temas... ¿se van a resolver pronto y para mejor? ¿Con quiénes deberíamos organizarnos para resolver estos problemas? Sobre estas y otras cuestiones giran las siguientes preguntas: de nuestro territorio y recursos minerales y naturales están siendo explotados, depredados y contaminados por empresas extranjeras y nacionales privadas ¿Son suficientes las herramientas de soberanía comunitaria que tenemos actualmente sobre los recursos naturales? ¿Por qué?
67. ¿Cómo evolucionó el tema de la explotación privada, la contaminación y la apropiación y el control comunitario sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat a lo largo de estos 25 años de Democracia institucional? ¿fue mejorando o empeorando la situación en los distintos lugares del país? ¿lo sabemos? ¿Podemos averiguarlo?
68. La nacionalización y socialización comunitaria de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat son políticas que muchos países de Latinoamérica se están aplicando ¿Sabemos en qué consisten estas herramientas? ¿se realizan en la Argentina?
69. ¿Alguna vez el Estado argentino te consultó tu opinión acerca de la soberanía popular y comunitaria sobre los recursos naturales?
70. Las políticas públicas y los Gobiernos que conocemos, ¿respetan y promueven el control comunitario sobre los recursos naturales, el medio ambiente o el hábitat, o se los dejan a la actividad empresarial y privada?
71. ¿Qué sabemos de la situación en nuestra zona respecto del derecho de todos los habitantes a la tierra y a la vivienda, que está mencionado en la Constitución Nacional?
72. ¿A través de qué mecanismos se puede gestionar la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
73. En la Argentina, ¿se podría realizar la soberanía popular y comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
74. ¿Mejoraría nuestra realidad si tuviéramos soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat en nuestro lugar o sector de trabajo?
75. Actualmente este tema se maneja desde la óptica de la propiedad privada y la explotación empresaria; esto ¿beneficia a algún sector en particular? ¿a quiénes?
76. ¿Cuáles son las consecuencias económicas, sociales, culturales y políticas de que prevalezca esta visión privatista en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
77. ¿Quiénes definen realmente el grado y las formas de soberanía popular y comunitaria en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat? ¿Cómo y dónde se discute este tema?
78. El hecho de que actualmente este tema se maneje con una visión de explotación privada ¿influye en nuestra realidad cotidiana? ¿En qué se nota?
79. Este modelo de explotación privada, contaminación y depredación de los recursos naturales argentinos ¿Cómo creemos que va a impactar en la realidad regional de nuestra zona?
80. ¿Cuáles son los elementos que habrá que enfrentar en el futuro a partir de esta realidad?
81. ¿Qué proceso debería darse para garantizar en la Argentina la realización de una política de soberanía comunitaria y popular en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat?
82. ¿Cuál creemos que es la estrategia para crear una Sociedad y un Estado que hagan efectiva la soberanía popular y comunitaria en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat? ¿Podemos imaginar y definir esa estrategia, aunque sea difícil?
83. ¿A quiénes debería incluir ese proceso de cambio de enfoque sobre estos temas?
84. ¿Qué acciones deberían darse en ese proceso?
85. ¿En dónde deberían darse esas acciones? ¿En lo institucional, en el barrio, en la familia? ¿cómo?
86. ¿Con qué recursos podría impulsarse ese proceso?
87. ¿Podemos aportar algo en ese proceso? ¿Qué puedo aportar como persona; qué puedo aportar como organización o sector social?
88. ¿Conocemos alguna experiencia que haya significado un avance concreto en la lucha por un control comunitario y popular en el tema de los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat? ¿Cuál fue? ¿Cómo se dio?
89. ¿Con quién deberíamos “aliarnos” para poder impulsar un proceso de este tipo en todo el país? ¿Es posible? ¿Cuáles serían los próximos pasos?
90. ¿Qué tenemos a favor en la posible articulación con otros sectores en esta lucha?
91. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tenemos para una articulación real con otros grupos, organizaciones y realidades en torno de este tema?
92. Las identidades sectoriales ¿son una fortaleza o una debilidad a la hora de pelear la soberanía popular y comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat en conjunto?
93. ¿Cómo pueden superarse los obstáculos que vemos en este proceso?
94. Específicamente desde mi identidad, mi lugar o mi sector, tenemos una relación particular con la cuestión de la soberanía comunitaria sobre los recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat; ¿qué valor especial podemos poner en juego para impulsar la transformación que buscamos? Por otro lado ¿qué límite concreto tenemos?
95. ¿Cuáles son los posibles “costos políticos” en un proceso de este tipo?
96. ¿Hay actores que van a tratar de impedir este cambio? ¿Quiénes son?
97. ¿Qué hechos podemos prever que van a darse?
98. ¿Qué van a hacer otros actores sociales para impedir este cambio?
99. Este tema, ¿está relacionado con el problema de la distribución de la riqueza en la Argentina, o no tiene nada que ver?
100. Este tema,¿está relacionado con el problema de la participación popular en la política institucional, o no tiene nada que ver?
¿Qué modelo de organización popular, institucional y social puede contribuir a la resolución de las tres cuestiones (Distribución de la Riqueza, Democracia Participativa y Soberanía Popular sobre los Recursos naturales, el medio ambiente y el hábitat)?
¿Qué características debe tener esa experiencia política? En el camino de esa construcción ¿Qué elementos del pasado debemos tomar, y qué elementos del pasado debemos superar? ¿Cuál es el lugar que debe ocupar el sector social al que pertenecemos?
¿Cuánta certeza tenemos? ¿Cuánto miedo? ¿Cuánta esperanza?
¿Qué fue de la vida de las fábricas recuperadas?
Central / Edición Impresa
QUÉ FUE DE LA VIDA DE LAS FÁBRICAS RECUPERADAS
Hombres (que siguieron) trabajando
El fenómeno de establecimientos en riesgo de extinción rescatadas por sus trabajadores fue emblema de la crisis dew 2001. En su pico, el movimiento nucleó 150 casos y a más de 10 mil operarios. Hoy IMPA, ícono de aquellas luchas, no merece la atención de entonces; su centro cultural está cerrado. Sin embargo, otras firmas en problemas siguen pasando al rubro de las "recuperadas", como el caso de Torgelón. Balances, números y testimonios de una historia que persiste en silencio.
Roly Villani
29.08.2008
Metalúrgicas, textiles, gráficos. El fenómeno de las empresas recuperadas se expande a rubros industriales diversos y al sector de los servicios. En las imágenes, la empresa IMPA, la imprenta Chilavert y Brukman, que vivió una serie de conflictos que aún tienen final abierto.
La humedad fría de Buenos Aires tiene a mal traer a los dos trabajadores del frigorífico Torgelón que venden los salamines y longanizas elaborados por ellos mismos en la esquina de Donato Álvarez y Gaona. Mientras habla con los clientes, uno de ellos salta como para espantar esa llovizna helada que castiga la reciente "recuperación" del frigorífico: hace apenas tres meses que, como dicen ellos "se escaparon los últimos dueños de la empresa" que eran, a su vez, testaferros de los herederos de los fundadores. La novedad de la incorporación de Torgelón al universo de empresas gerenciadas por sus trabajadores abre la pregunta: la recuperación de fábricas ¿fue un hecho aislado, vinculado y terminado con la crisis del 2001? La lectura de los grandes números del fenómeno insinuaría que si. De los 120 establecimientos en esas condiciones, unos 90 tuvieron su origen en los tiempos de la caída de la convertibilidad. Sin embargo, la cosa sigue: además de Torgelón, los trabajadores de otras cinco empresas están en silenciosa lucha en estos momentos y se suman al universo silencioso, heterogéneo y fragmentado de las "recuperadas".
La represión policial contra la marcha que, en tiempos de Duhalde presidente, exigía la expropiación de Brukman en beneficio de sus empleados fue uno de los momentos más álgidos de esta historia. La comisión interna de esa fábrica textil estaba, en esos días, vinculada al Partido Obrero. De ahí, algunas de sus consignas como "Estatización con control obrero", difíciles de digerir incluso para los piqueteros ultracombativos que en esos momentos de convulsión tenían más lugar en las calles que en los ministerios. Otras protagonistas de esta historia que adquirieron alguna fama fueron la metalúrgica IMPA, la imprenta Chilavert, la fábrica neuquina de cerámicos Zanón, la panificadora Grissinópoli y el hotel Bauen. Ese establecimiento pasó de tener 34 empleados a 150 . El martes Diputados discutirá un proyecto de expropiación definitiva de la legisladora Vitoria Donda. En aquellos remotos tiempos del 2003 había unas 150 empresas en estas condiciones en todo el país. Hoy en día, tanto Brukman como Grissinópoli se "cuadraron" como cooperativas y bajaron ostensiblemente la belicosidad política. Pero siguen como recuperadas.
EMPEDRADOS E INTERNAS. A unas tres cuadras de Parque Centenario, sobre la empedrada calle Querandíes, se alza IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina). El derrotero de esta empresa está muy vinculado a la interna entre los dos sectores que se disputaban la hegemonía de las empresas recuperadas.
En el 2005, los "recuperadores", se enfrentaron con el Gobierno nacional por unos aportes prometidos y la jugada terminó con la salida de Eduardo Murúa, jefe político del movimiento. Hubo promesas de algunos inversores y, como cuenta Pablo Piñeyro –asociado y vocero del sector de la "vieja Guardia" que vuelve a estar al frente de IMPA por estos días– "muchos compañeros se sumaron pero con el tiempo la inversión no aparecía, los aumentos no llegaban y el juez no nos daba ninguna garantía".
Es que el enorme predio de IMPA, en el corazón de Caballito, es una tentadora carnada para imaginar negocios inmobiliarios, deslizan otros trabajadores por atrás. "Ahora, somos usurpadores" dice entre risas Piñeyro, haciendo alusión al desalojo que dictaminó el juez Víctor Hugo Vitali y que ellos resisten. Promediando 2008, quedan 80 de los 160 trabajadores que eran en 2005 porque unos 50 se fueron a su casa y otros 30 se jubilaron. El portero de IMPA dice que antes los visitantes eran muchísimos, y que ahora hace meses que no viene nadie, como no sean proveedores o compradores. "No nos vamos a volver ricos, pero se cobra puntualmente y además, ¿Qué vamos a hacer? ¿Cerrar todo y salir a buscar otra cosa a los 61 años?". La empresa sigue teniendo en cada uno de sus cuatro pisos el mismo olor penetrante a aluminio y ácidos que cuatro años atrás hacía vomitar a algunos de los asistentes al centro cultural abierto en la fábrica. Y aunque por el momento ese centro dejó de funcionar, la actividad cultural generó lazos con el barrio.
En el caso de la imprenta Chilavert el centro cultural que fundaron sigue en pie "aunque cada vez le dedicamos menos tiempo al centro y más a la empresa", reconoce Ernesto González, uno de los voceros de los trabajadores. A diferencia de la mayoría de los casos, que en estos años se achicaron o en el mejor de los casos empataron, en Chilavert hubo que tomar gente. De los ocho que eran en un principio, hoy son 13. "El criterio que usamos para contratar gente es familiar: son hijos o parientes de los que estamos acá" dice Gutiérrez. Pero, también hay una mano solidaria entre recuperadas: "cuando hay un pico de trabajo muy grande llamamos a otras empresas como nosotros, y les pedimos gente, les pagamos los días de trabajo y salimos todos ganando", dice María Pino, una de las trabajadoras de Grissinópoli, en el barrio de Chacarita
ABAJO LA PLUSVALÍA. Los muchachos de las recuperadas dicen que en cada conversación todos les preguntan lo mismo: ¿el salario es como si estuvieran en una empresa "normal"? Gutiérrez dice que, en Chilavert "al principio ganábamos todos lo mismo. Después, en una asamblea –que sigue siendo el lugar en que se toman las decisiones importantes- resolvimos asignar además una diferencia por antigüedad". En estos momentos, en promedio, en la imprenta están ganando $2000 cada uno por unas 9 horas diarias de trabajo de lunes a viernes. En todos los casos los trabajadores siguen cobrando por encima del convenio de la actividad. "Ahora el Gobierno dispuso un salario mínimo de $1200. Bueno, acá se saca mas o menos el doble", dice Maria, de Grissinópoli. El procedimiento para cobrar es en todos los casos el mismo: Lo llaman "retiro" y no salario, ya que no hay plusvalía. "Estamos en un 60% de la capacidad productiva y trabajamos con una empresa como cliente que nos da la materia prima y el packaging aunque cada vez tenemos más trabajo propio". Con el panorama de la producción en alza, los trabajadores de Grisinópoli mantienen un curioso esquema tributario: son todos monotributistas. "Es la forma que encontramos para proteger la fuente de trabajo" dice María.
Conflictivo es también el panorama para Zanón y el Hotel Bauen, cuyos trabajadores siguen resistiendo los intentos de desalojo. Complejísimas situaciones legales y la intransigencia de los antiguos dueños impiden que se hayan decretado, hasta el momento, las expropiaciones definitivas.
PROYECTOS TRUNCOS, PROYECTOS EN PIE. Llegado este punto, está claro que no todos los casos son caminos rectos hacia la felicidad. Sin embargo, hay testimonios de empresas que directamente perdieron su carácter de recuperadas. Cerraron o, como el caso de la cooperativa láctea Montecastro fueron adquiridas por la competencia. Los trabajadores de esa empresa no quisieron hablar con Critica de la Argentina, y sus antiguos compañeros de ruta sostienen con algo de tristeza que hay muchos proyectos que quedaron en el camino. Pero ¿se arrepienten, ahora que ven que hay trabajo en otros lados, de hacer este esfuerzo? "¿Cómo me voy a arrepentir –dice un veterano gráfico de Chilavert, que prefiere el anonimato– si en el momento en que todos andaban con la lengua afuera nosotros estábamos laburando en nuestro propio proyecto y ahora andamos bastante bien?"
Por eso, los trabajadores de Torgelón, cuyos impecables guardapolvos blancos se confunden con los azulejos de las paredes, siguen trabajando aunque 30 de los 100 que eran en abril, cuando "se borraron" los dueños, hayan optado por irse a su casa. "Estamos sacando la quincena mas o menos como antes, aunque mucha de la venta es acá, en la puerta de la fabrica, al consumidor final", dice Miguel Juárez, delegado gremial del frigorífico, que apuesta a que el sindicato saque adelante la recuperación. Juárez reconoce que algunos trabajadores de la empresa ya están en conversaciones con el abogado de otras recuperadas, "pero yo creo que lo mejor es que lo hagamos entre nosotros con el sindicato", dice. Uno de los trabajadores que chupa frío y mate en la esquina, mientras vende los embutidos, dice que el mayor problema es precisamente la comercialización: "Antes se vendía a través de corredores, que se fueron con sus clientes a otro lado". El otro, a su lado, tiene una hipótesis de lo que sucedió: "Lo que pasó acá es que los herederos eran como 11 entre nietos y sobrinos de los viejos, se afanaban entre ellos".
Diego Kravetz es actualmente el presidente del bloque del Frente para la Victoria de la Legislatura porteña, pero en 2003 oficiaba de abogado de las empresas vinculadas al Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. "Hoy, varios años después, la mayoría de esas empresas sigue funcionando, algo que no sucedió con los micro emprendimientos o intentos similares", sostiene Kravetz, impulsor de una Ley que en 2004 dictó la expropiación definitiva para la mayoría de las empresas de la Ciudad de Buenos Aires. Luis Caro, abogado del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas evalúa por su parte lo que resta por hacer: "Hay que reformar la retrógrada Ley de Quiebras. Por ejemplo, hoy los trabajadores pueden cobrar el 50% de sus deudas en una empresa quebrada, mientras que, por ejemplo el acreedor hipotecario cobra, increíblemente, el 100%".
Una interna de tres patas
En el momento más caliente de esta historia, las experiencias estaban divididas en tres tendencias: por un lado, el MNER, (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas) que tenían como referente principal a Eduardo Murúa, líder de IMPA y sindicalista vinculado al "peronismo bolivariano". Por otro lado, estaba el MNFR (Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas) cuyo referente era y es Luis Caro, abogado que se autodefine "especializado en Concursos y Quiebras pero del lado de los trabajadores". Caro fue candidato a Intendente en Avellaneda por el partido de Aldo Rico. Había también un tercer sector vinculado a la izquierda al que pertenecían Brukman, Zanón y Grissinópoli, que planteaban la necesidad de que el Estado comprara o expropiara las empresas en quiebra y las cediera a los trabajadores para su gestión. Este sector quedó virtualmente fuera de carrera. Andrés Ruggeri investigador del tema para el Programa Facultad Abierta de la Facultad de Filosofia y Letras de la UBA, sostiene que la gestión de Caro es "un movimiento de reprivatización de las empresas recuperadas que favorece la instalación de una élite dirigente, mientras que el MNER era un grupo muy heterogéneo, con divisiones muy profundas entre ellos".
QUÉ FUE DE LA VIDA DE LAS FÁBRICAS RECUPERADAS
Hombres (que siguieron) trabajando
El fenómeno de establecimientos en riesgo de extinción rescatadas por sus trabajadores fue emblema de la crisis dew 2001. En su pico, el movimiento nucleó 150 casos y a más de 10 mil operarios. Hoy IMPA, ícono de aquellas luchas, no merece la atención de entonces; su centro cultural está cerrado. Sin embargo, otras firmas en problemas siguen pasando al rubro de las "recuperadas", como el caso de Torgelón. Balances, números y testimonios de una historia que persiste en silencio.
Roly Villani
29.08.2008
Metalúrgicas, textiles, gráficos. El fenómeno de las empresas recuperadas se expande a rubros industriales diversos y al sector de los servicios. En las imágenes, la empresa IMPA, la imprenta Chilavert y Brukman, que vivió una serie de conflictos que aún tienen final abierto.
La humedad fría de Buenos Aires tiene a mal traer a los dos trabajadores del frigorífico Torgelón que venden los salamines y longanizas elaborados por ellos mismos en la esquina de Donato Álvarez y Gaona. Mientras habla con los clientes, uno de ellos salta como para espantar esa llovizna helada que castiga la reciente "recuperación" del frigorífico: hace apenas tres meses que, como dicen ellos "se escaparon los últimos dueños de la empresa" que eran, a su vez, testaferros de los herederos de los fundadores. La novedad de la incorporación de Torgelón al universo de empresas gerenciadas por sus trabajadores abre la pregunta: la recuperación de fábricas ¿fue un hecho aislado, vinculado y terminado con la crisis del 2001? La lectura de los grandes números del fenómeno insinuaría que si. De los 120 establecimientos en esas condiciones, unos 90 tuvieron su origen en los tiempos de la caída de la convertibilidad. Sin embargo, la cosa sigue: además de Torgelón, los trabajadores de otras cinco empresas están en silenciosa lucha en estos momentos y se suman al universo silencioso, heterogéneo y fragmentado de las "recuperadas".
La represión policial contra la marcha que, en tiempos de Duhalde presidente, exigía la expropiación de Brukman en beneficio de sus empleados fue uno de los momentos más álgidos de esta historia. La comisión interna de esa fábrica textil estaba, en esos días, vinculada al Partido Obrero. De ahí, algunas de sus consignas como "Estatización con control obrero", difíciles de digerir incluso para los piqueteros ultracombativos que en esos momentos de convulsión tenían más lugar en las calles que en los ministerios. Otras protagonistas de esta historia que adquirieron alguna fama fueron la metalúrgica IMPA, la imprenta Chilavert, la fábrica neuquina de cerámicos Zanón, la panificadora Grissinópoli y el hotel Bauen. Ese establecimiento pasó de tener 34 empleados a 150 . El martes Diputados discutirá un proyecto de expropiación definitiva de la legisladora Vitoria Donda. En aquellos remotos tiempos del 2003 había unas 150 empresas en estas condiciones en todo el país. Hoy en día, tanto Brukman como Grissinópoli se "cuadraron" como cooperativas y bajaron ostensiblemente la belicosidad política. Pero siguen como recuperadas.
EMPEDRADOS E INTERNAS. A unas tres cuadras de Parque Centenario, sobre la empedrada calle Querandíes, se alza IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas Argentina). El derrotero de esta empresa está muy vinculado a la interna entre los dos sectores que se disputaban la hegemonía de las empresas recuperadas.
En el 2005, los "recuperadores", se enfrentaron con el Gobierno nacional por unos aportes prometidos y la jugada terminó con la salida de Eduardo Murúa, jefe político del movimiento. Hubo promesas de algunos inversores y, como cuenta Pablo Piñeyro –asociado y vocero del sector de la "vieja Guardia" que vuelve a estar al frente de IMPA por estos días– "muchos compañeros se sumaron pero con el tiempo la inversión no aparecía, los aumentos no llegaban y el juez no nos daba ninguna garantía".
Es que el enorme predio de IMPA, en el corazón de Caballito, es una tentadora carnada para imaginar negocios inmobiliarios, deslizan otros trabajadores por atrás. "Ahora, somos usurpadores" dice entre risas Piñeyro, haciendo alusión al desalojo que dictaminó el juez Víctor Hugo Vitali y que ellos resisten. Promediando 2008, quedan 80 de los 160 trabajadores que eran en 2005 porque unos 50 se fueron a su casa y otros 30 se jubilaron. El portero de IMPA dice que antes los visitantes eran muchísimos, y que ahora hace meses que no viene nadie, como no sean proveedores o compradores. "No nos vamos a volver ricos, pero se cobra puntualmente y además, ¿Qué vamos a hacer? ¿Cerrar todo y salir a buscar otra cosa a los 61 años?". La empresa sigue teniendo en cada uno de sus cuatro pisos el mismo olor penetrante a aluminio y ácidos que cuatro años atrás hacía vomitar a algunos de los asistentes al centro cultural abierto en la fábrica. Y aunque por el momento ese centro dejó de funcionar, la actividad cultural generó lazos con el barrio.
En el caso de la imprenta Chilavert el centro cultural que fundaron sigue en pie "aunque cada vez le dedicamos menos tiempo al centro y más a la empresa", reconoce Ernesto González, uno de los voceros de los trabajadores. A diferencia de la mayoría de los casos, que en estos años se achicaron o en el mejor de los casos empataron, en Chilavert hubo que tomar gente. De los ocho que eran en un principio, hoy son 13. "El criterio que usamos para contratar gente es familiar: son hijos o parientes de los que estamos acá" dice Gutiérrez. Pero, también hay una mano solidaria entre recuperadas: "cuando hay un pico de trabajo muy grande llamamos a otras empresas como nosotros, y les pedimos gente, les pagamos los días de trabajo y salimos todos ganando", dice María Pino, una de las trabajadoras de Grissinópoli, en el barrio de Chacarita
ABAJO LA PLUSVALÍA. Los muchachos de las recuperadas dicen que en cada conversación todos les preguntan lo mismo: ¿el salario es como si estuvieran en una empresa "normal"? Gutiérrez dice que, en Chilavert "al principio ganábamos todos lo mismo. Después, en una asamblea –que sigue siendo el lugar en que se toman las decisiones importantes- resolvimos asignar además una diferencia por antigüedad". En estos momentos, en promedio, en la imprenta están ganando $2000 cada uno por unas 9 horas diarias de trabajo de lunes a viernes. En todos los casos los trabajadores siguen cobrando por encima del convenio de la actividad. "Ahora el Gobierno dispuso un salario mínimo de $1200. Bueno, acá se saca mas o menos el doble", dice Maria, de Grissinópoli. El procedimiento para cobrar es en todos los casos el mismo: Lo llaman "retiro" y no salario, ya que no hay plusvalía. "Estamos en un 60% de la capacidad productiva y trabajamos con una empresa como cliente que nos da la materia prima y el packaging aunque cada vez tenemos más trabajo propio". Con el panorama de la producción en alza, los trabajadores de Grisinópoli mantienen un curioso esquema tributario: son todos monotributistas. "Es la forma que encontramos para proteger la fuente de trabajo" dice María.
Conflictivo es también el panorama para Zanón y el Hotel Bauen, cuyos trabajadores siguen resistiendo los intentos de desalojo. Complejísimas situaciones legales y la intransigencia de los antiguos dueños impiden que se hayan decretado, hasta el momento, las expropiaciones definitivas.
PROYECTOS TRUNCOS, PROYECTOS EN PIE. Llegado este punto, está claro que no todos los casos son caminos rectos hacia la felicidad. Sin embargo, hay testimonios de empresas que directamente perdieron su carácter de recuperadas. Cerraron o, como el caso de la cooperativa láctea Montecastro fueron adquiridas por la competencia. Los trabajadores de esa empresa no quisieron hablar con Critica de la Argentina, y sus antiguos compañeros de ruta sostienen con algo de tristeza que hay muchos proyectos que quedaron en el camino. Pero ¿se arrepienten, ahora que ven que hay trabajo en otros lados, de hacer este esfuerzo? "¿Cómo me voy a arrepentir –dice un veterano gráfico de Chilavert, que prefiere el anonimato– si en el momento en que todos andaban con la lengua afuera nosotros estábamos laburando en nuestro propio proyecto y ahora andamos bastante bien?"
Por eso, los trabajadores de Torgelón, cuyos impecables guardapolvos blancos se confunden con los azulejos de las paredes, siguen trabajando aunque 30 de los 100 que eran en abril, cuando "se borraron" los dueños, hayan optado por irse a su casa. "Estamos sacando la quincena mas o menos como antes, aunque mucha de la venta es acá, en la puerta de la fabrica, al consumidor final", dice Miguel Juárez, delegado gremial del frigorífico, que apuesta a que el sindicato saque adelante la recuperación. Juárez reconoce que algunos trabajadores de la empresa ya están en conversaciones con el abogado de otras recuperadas, "pero yo creo que lo mejor es que lo hagamos entre nosotros con el sindicato", dice. Uno de los trabajadores que chupa frío y mate en la esquina, mientras vende los embutidos, dice que el mayor problema es precisamente la comercialización: "Antes se vendía a través de corredores, que se fueron con sus clientes a otro lado". El otro, a su lado, tiene una hipótesis de lo que sucedió: "Lo que pasó acá es que los herederos eran como 11 entre nietos y sobrinos de los viejos, se afanaban entre ellos".
Diego Kravetz es actualmente el presidente del bloque del Frente para la Victoria de la Legislatura porteña, pero en 2003 oficiaba de abogado de las empresas vinculadas al Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas. "Hoy, varios años después, la mayoría de esas empresas sigue funcionando, algo que no sucedió con los micro emprendimientos o intentos similares", sostiene Kravetz, impulsor de una Ley que en 2004 dictó la expropiación definitiva para la mayoría de las empresas de la Ciudad de Buenos Aires. Luis Caro, abogado del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas evalúa por su parte lo que resta por hacer: "Hay que reformar la retrógrada Ley de Quiebras. Por ejemplo, hoy los trabajadores pueden cobrar el 50% de sus deudas en una empresa quebrada, mientras que, por ejemplo el acreedor hipotecario cobra, increíblemente, el 100%".
Una interna de tres patas
En el momento más caliente de esta historia, las experiencias estaban divididas en tres tendencias: por un lado, el MNER, (Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas) que tenían como referente principal a Eduardo Murúa, líder de IMPA y sindicalista vinculado al "peronismo bolivariano". Por otro lado, estaba el MNFR (Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas) cuyo referente era y es Luis Caro, abogado que se autodefine "especializado en Concursos y Quiebras pero del lado de los trabajadores". Caro fue candidato a Intendente en Avellaneda por el partido de Aldo Rico. Había también un tercer sector vinculado a la izquierda al que pertenecían Brukman, Zanón y Grissinópoli, que planteaban la necesidad de que el Estado comprara o expropiara las empresas en quiebra y las cediera a los trabajadores para su gestión. Este sector quedó virtualmente fuera de carrera. Andrés Ruggeri investigador del tema para el Programa Facultad Abierta de la Facultad de Filosofia y Letras de la UBA, sostiene que la gestión de Caro es "un movimiento de reprivatización de las empresas recuperadas que favorece la instalación de una élite dirigente, mientras que el MNER era un grupo muy heterogéneo, con divisiones muy profundas entre ellos".
viernes, 29 de agosto de 2008
Palabras del Subcomandante Insurgente Marcos a la Caravana Nacional e Internacional de Observación y Solidaridad con las comunidades zapatistas.
Caracol de La Garrucha, 2 de agosto de 2008
Buenas tardes, buenas noches. Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos, y estoy aquí para presentarles al Teniente Coronel Insurgente Moisés. Él es el encargado por parte de la Comandancia General del EZLN del trabajo internacional, lo que llamamos la Comisión Intergaláctica y la Sexta Internacional, porque, de todos nosotros, es el único que les tiene paciencia a ustedes.
Vamos a hablar despacio, para la traducción. We will speak slowly, for the translation. Nous allons parler doucement, pour la traduction.
Queremos agradecerles que hayan venido hasta acá a conocer directamente lo que está sucediendo con el proceso zapatista, no sólo con las agresiones que estamos recibiendo, sino también los procesos que se están construyendo aquí en territorio rebelde, en territorio zapatista.
Esperamos que lo que vean, que lo que escuchen sirva para que puedan llevar esa palabra muy lejos: a Grecia, a Italia, a Francia, a España, al País Vasco, a Estados Unidos y al resto de nuestro país, con nuestros compañeros de La Otra Campaña.
Ojalá y no vayan a hacer como la llamada Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos, que lo único que vino a hacer aquí, hace unos meses, fue a lavarle las manos al gobierno perredista de Chiapas, al decir que las agresiones que sufrían nuestros pueblos no venían del gobierno estatal, sino del gobierno federal.
Quisiera dar una plática de introducción a lo que va a hablar el Teniente Coronel Moisés. Nos da gusto que haya coincidido con su visita de ustedes acá que él ande por esta zona. Él es el compañero que ha seguido más de cerca el proceso de construcción de la autonomía dentro de las comunidades zapatistas.
Quería explicar, a grandes rasgos, lo que ha sido la historia del EZLN y de las comunidades indígenas zapatistas en este territorio, en Chiapas pues. Me refiero a los Altos de Chiapas, la zona del Caracol de Oventic; la zona tzotz choj, tzeltal-tojolabal, que es la del Caracol de Morelia; la zona chol que es la de Roberto Barrios, en el norte de Chiapas; la zona tojolabal o Selva Fronteriza, que es el Caracol de La Realidad; y ésta que es la zona tzeltal, que es el Caracol de La Garrucha.
El día de mañana, están invitados a visitar un poblado que tiene muchos años de ser bases de apoyo del EZLN. Van a tener el honor de ser guiados por el Comandante Ismael, que está aquí. Este compañero junto con el Señor Ik —el finado Comandante Hugo o Francisco Gómez, que era su nombre civil—, estuvieron recorriendo estas cañadas, hablando de la palabra zapatista cuando nadie estaba con nosotros.
Él los va a llevar. Van a ir a ver el lugar donde los soldados estaban buscando marihuana. Queremos que ustedes vean si hay marihuana. Si encuentran, no se la vayan a fumar, sino que hagan la denuncia para destruirla. No, no hay marihuana. Pero no nos creen a nosotros, a lo mejor a ustedes. A ustedes… ¡menos! Ya que los vean, no les van a creer nada.
Está también con nosotros el Comandante Masho, aquí a mi derecha. También es de los compañeros comandantes que acompañaron al Señor Ik, al Comandante Hugo, cuando apenas empezaba el EZLN en esta cañada. Y es parte de la Comisión Sexta del EZLN. Estuvo con nosotros en el noroeste de la República mexicana, recorriendo pueblos indios y compañeros y compañeras de La Otra Campaña en México, en esa parte del país.
¿Cómo empezó todo? Hace 24 años, casi 25, llegó un pequeño grupo de urbanos, o de ciudadanos como les decimos nosotros, no a esta parte de la selva, sino mucho más adentro, lo que ahora se conoce como la Reserva de Montes Azules. En esa zona no había nada, mas que animales salvajes de cuatro patas y animales salvajes de dos patas que éramos nosotros. Y la concepción de ese pequeño grupo —estoy hablando de 1983-1984, o sea hace 24 o 25 años— era la tradicional de los movimientos de liberación en América Latina, es decir: un pequeño grupo de iluminados que se alza en armas contra el gobierno. Y eso provoca que mucha gente los siga, se levante, y se tumbe al gobierno, y se instale un gobierno socialista. Estoy siendo muy esquemático, pero básicamente es lo que se conoce como la teoría del "foco guerrillero".
Ese pequeño grupo, de los que quedamos entonces, tenía esa concepción tradicional, clásica u ortodoxa, si la quieren llamar así, pero tenía también una carga ética y moral que no tenía precedentes en los movimientos guerrilleros o armados en América Latina. Esta herencia ética y moral venía de otros compañeros que ya habían muerto, enfrentándose al ejército federal y a la policía secreta del gobierno mexicano.
Durante todos esos años, estábamos solos. No había compañeros en los pueblos. Nadie de Grecia venía a vernos. Ni de Italia ni de Francia ni de España ni del País Vasco. Vaya… ¡Ni de México! Porque éste era el rincón más olvidado de este país. Eso que era algo en contra, más adelante se iba a convertir en una ventaja: el hecho de estar aislados y olvidados nos permitió, entonces, hacer un proceso de involución. Alguno que sea ortodoxo conocerá el libro que dice "la transformación del mono en hombre". En ese entonces, fue al revés: el hombre se transformó en mono, que era lo que éramos nosotros. Incluso físicamente, por eso uso pasamontañas pues. Es una cuestión de estética y buen gusto que hay que taparse la cara.
Este pequeño grupo sobrevivió a la caída del Muro de Berlín, al derrumbe del campo socialista, a la claudicación de la guerrilla en Centroamérica —primero con el FMLN en El Salvador, luego con aquello que alguna vez se llamó el Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Nicaragua. Y más después, la unión revolucionaria de Guatemala, la URNG—.
Lo que lo hizo sobrevivir fueron dos elementos, según nosotros: Uno, era la necedad o la terquedad que, probablemente, esa gente traía en el DNA. Y la otra, fue la carga moral y ética que había heredado de los compañeros y compañeras que habían sido asesinados por el ejército, en estas montañas precisamente.
Las cosas se hubieran quedado ahí, con dos opciones: Un pequeño grupo que pasa décadas encerrado en la montaña, esperando algún momento que pasa algo y puede actuar dentro de la realidad social. O terminar, como alguna parte de la izquierda radical en México entonces, como diputados, senadores, o presidentes legítimos de la izquierda institucional en México.
Pasó algo que nos salvó. Nos salvó y nos derrotó en esos primeros años. Y lo que pasó está sentado aquí a mí izquierda, que es el Teniente Coronel Insurgente Moisés, el Comandante Masho, el Comandante Ismael y muchos otros compañeros que convirtieron el EZLN, de un movimiento guerrillero foquista y ortodoxo, en un ejército de indígenas.
No se trataba sólo de que era un ejército mayoritariamente compuesto por indígenas. Mayoritariamente… me estoy cubriendo porque, en realidad, de cada 100 combatientes, 99 eran indígenas y uno era mestizo. No sólo eso, sino que ese ejército y su concepción sufrió una derrota en su planteamiento iluminador, su planteamiento de dirección, caudillista, revolucionario clásico, donde un hombre, o un grupo de hombres, se convierte en el salvador de la humanidad, o del país.
Lo que pasó, entonces, es que ese planteamiento fue derrotado a la hora que confrontamos a las comunidades y nos dimos cuenta, no sólo que no nos entendían, sino que su propuesta era mejor.
Algo había pasado en todos los años previos, décadas previas, siglos anteriores. Nos estábamos enfrentando a un movimiento de vida, que había logrado sobrevivir a los intentos de conquista de España, de Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos, y de todas las potencias europeas, incluyendo la Alemania nazi en 1940-1945. Lo que había hecho resistir a esta gente, a estos nuestros compañeros y compañeras primero, y, luego, nuestro jefes y jefas ahora, había sido un apego a la vida que tenía que ver mucho con la carga cultural. La lengua, el lenguaje, la forma de relacionarse con la naturaleza presentaba una alternativa no sólo de vida, sino de lucha. No les estábamos enseñando a nadie a resistir. Nos estábamos convirtiendo en alumnos de esa escuela de resistencia de alguien que llevaba cinco siglos haciéndolo.
Los que venían a salvar a las comunidades indígenas, fueron salvados por ellas. Y encontramos rumbo, destino, camino, compañía y velocidad para nuestro paso. Lo que, entonces y ahora, llamamos "la velocidad de nuestro sueño".
El EZLN tiene muchas deudas con ustedes, con gente como ustedes, en México y en todo el mundo, pero nuestra deuda fundamental está en nuestro corazón: en el corazón indígena. En esta comunidad y en miles de comunidades como ésta, que están pobladas por compañeros bases de apoyo zapatistas.
En el momento en que el pequeño grupo guerrillero hace contacto con los pueblos, hay un problema y una lucha. Yo tengo una verdad —yo, el grupo guerrillero—, y tú eres un ignorante, te voy a enseñar, te voy a adoctrinar, te voy a educar, te voy a formar. Error y derrota.
A la hora que se empieza a construir el puente del lenguaje, y empezamos a modificar nuestra forma de hablar, empezamos a modificar nuestra forma de pensarnos a nosotros mismos y de pensar el lugar que teníamos en un proceso: Servir.
De un movimiento que se planteaba servirse de las masas, de los proletarios, de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes para llegar al poder y dirigirlos a la felicidad suprema, nos estábamos convirtiendo, paulatinamente, en un ejército que tenía que servir a las comunidades. En este caso, las comunidades indígenas tzeltales, que fueron las primeras donde nos instalamos, que fue en esta zona.
El contacto con los pueblos significó un proceso de reeducación más fuerte y más terrible que los electroshocks que acostumbran en las clínicas siquiátricas. No todos lo soportaron, algunos sí lo soportamos, pero nos seguimos quejando todavía a estas alturas del partido.
¿Qué pasó después? Lo que pasa es que el EZLN se convierte en un ejército de indígenas, al servicio de los indígenas, y pasa de los seis con que empezamos el EZLN, a más de seis mil combatientes.
¿Qué es lo que detona el alzamiento del primero de enero de 94? ¿Por qué decidimos alzarnos en armas? La respuesta está en los niños y en las niñas. No fue un análisis de la coyuntura internacional. Cualquiera de ustedes estará de acuerdo conmigo en que la coyuntura internacional no era propicia para un alzamiento armado. El campo socialista había sido derrotado, todo el movimiento de izquierda en América Latina estaba en una etapa de repliegue. En México, la izquierda estaba llorando la derrota después de que Salinas de Gortari no sólo había hecho un fraude, sino había comprado a buena parte de lo que era la conciencia crítica de la izquierda en México.
Cualquiera mínimamente razonable nos hubiera dicho: no hay condiciones, no se alcen en armas, entreguen las armas, entren a nuestro partido, etcétera, etcétera. Pero hubo algo adentro que hizo que desafiáramos esos pronósticos y esas coyunturas internacionales.
El EZLN entonces se plantea, por primera vez, desafiar el calendario y la geografía de arriba. Los niños y las niñas, les dije. Ocurrió que en esos años, a partir del principio de los noventa, de 1990, hubo una reforma que impedía que los campesinos pudieran acceder a la tierra. La tierra, como van a ver mañana, cuando suban la loma que va hacia el pueblo de Galeana, ésa era la tierra que tenían los campesinos: laderas empinadas, llenas de piedra. Las buenas tierras estaban en manos de los finqueros. En los próximos días, van a ir a ver, también, esas fincas y van a poder ver la diferencia entre la calidad de tierra.
Se acabó la posibilidad de acceder a un terreno de tierra. Y, al mismo tiempo, las enfermedades empezaron a acabar con los niños y con las niñas. De 1990 a 1992, no había niño, en la Selva Lacandona, que llegara a los cinco años. Antes de los cinco años, morían de enfermedades curables. No era el cáncer, no era el SIDA, no eran enfermedades del corazón, eran enfermedades curables: tifoidea, tuberculosis, y, a veces, una simple calentura era la que mataba a niños y a niñas menores de cinco años.
Yo sé que en la ciudad esto puede ser hasta una ventaja: mientras menos burros, más olotes, dicen. Pero en el caso de un pueblo indígena, la muerte de su niñez significa su desaparición como pueblo. O sea, en el proceso natural, los adultos crecen, se hacen ancianos y mueren. Si no hay niños, esa cultura desaparece.
La mortandad de los indígenas, de los niños y de las niñas indígenas, agudizó todavía el problema. Pero la diferencia que había aquí al resto de otros pueblos indios, es que aquí había un ejército rebelde, armado. Fueron las mujeres las que empezaron a empujar esto. No fueron los hombres. Yo sé que la tradición en México —los mariachis, Pedro Infante y todo eso— es que los hombres somos muy machos. Pero no fue así. Quienes empezaron a empujar: hay que hacer algo, ya no, y ya basta, fueron las mujeres, que veían morir a sus hijos y a sus hijas.
Empezó a haber una especie de rumor en todas las comunidades: hay que hacer algo, ya basta, ya basta, en todas las lenguas. Para entonces, ya estábamos también en la zona de los Altos. Y ahí teníamos dos compañeras que habían sido, y son todavía, la columna vertebral en ese trabajo: la finada Comandanta Ramona y la Comandanta Susana.
Por diversas partes empezó a surgir esta inquietud, esta molestia… Vamos a decirlo por su nombre: esta rebeldía en las mujeres zapatistas, que había que hacer algo. Nosotros hicimos lo que teníamos que hacer, entonces, que era preguntarle a todos qué íbamos a hacer. Hubo, entonces, en 1992, una consulta —sin televisión, sin gobierno del Distrito Federal, sin nada de lo que hay ahora—, y pueblo por pueblo se pasó y se realizaron asambleas —como ésta en la que estamos ahorita—. Se planteaba el problema. La disyuntiva era muy sencilla: si nos alzamos en armas, nos van a derrotar, pero va a llamar la atención y van a mejorar las condiciones de los indígenas. Si no nos alzamos en armas, vamos a sobrevivir, pero vamos a desaparecer como pueblos indios.
La lógica de muerte es cuando nosotros decimos: no nos dejaron otra opción. Ahora, después de catorce, casi quince años, nosotros —los que llevamos más tiempo aquí— decimos: qué bueno que no teníamos otra opción.
Los pueblos dijeron: para eso estás, pelea, pelea con nosotros. No se trataba sólo de una relación formal, de mando. Porque formalmente era al revés: formalmente, el EZLN era el mando y los pueblos eran los subordinados. Pero en los hechos, en la realidad, era al contrario: los pueblos sostenían, cuidaban y hacían crecer al Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
En ese entonces, fue importante también la participación de un compañero mestizo, de la ciudad, el Subcomandante Insurgente Pedro, que cae combatiendo el primero de enero del 94.
Cuando llevamos esa disyuntiva y los pueblos dicen "alcémonos en armas", el cálculo militar que hicimos —el Teniente Coronel Moisés tal vez lo recuerda bien porque fue en esta montaña que está aquí a espaldas del pueblo, allá arriba, en un campamento que teníamos, hubo una reunión de todos los mandos zapatistas—, el planteamiento que yo les hice fue éste: tenemos que pensar lo que vamos a hacer, porque cuando empecemos a echar andar algo no se va a poder dar marcha atrás.
Si nosotros le empezamos a preguntar a la gente si nos alzamos en armas o no, ya no vamos a poder detener. Sabíamos y sentíamos que la respuesta iba a ser sí. Y sabíamos y sentíamos que los que iban a caer éramos los que estábamos reunidos en estas montañas, aquí arriba de La Garrucha.
Pasó lo que pasó. No les voy a contar el primero de enero de 94, porque ustedes empiezan a saber de nosotros —bueno, algunos, porque otros apenas estaban muy chavitos—, y se abre una etapa de resistencia, decimos nosotros, donde se pasa de la lucha armada a la organización de la resistencia civil y pacífica.
Algo pasó en todo este proceso que quiero llamar la atención, que es: el cambio en la posición del EZLN respecto al problema del poder. Y esta definición frente al problema del poder es la que va a marcar de manera más honda la huella en el camino zapatista. Nosotros nos habíamos dado cuenta —y en el nosotros que digo, ya van incluidas las comunidades, no sólo el primer grupo—, nos habíamos dado cuenta que las soluciones, como todo en este mundo, se construyen desde abajo hacia arriba. Y toda nuestra propuesta anterior, y toda la propuesta de la izquierda ortodoxa, hasta entonces, era al revés, era: desde arriba se solucionan las cosas para abajo.
Este cambio de abajo para arriba significaba para nosotros no organizarnos, ni organizar a la gente para ir a votar, ni para ir a una marcha, ni para gritar, sino para sobrevivir y para convertir la resistencia en una escuela. Esto fue lo que hicieron los compañeros, no el EZLN original, aquel pequeño grupo, sino el EZLN ya con este componente indígena. Esto que ahora se conoce a grandes rasgos como la construcción de la autonomía zapatista, es un proceso que les va a detallar ahora el Teniente Coronel Insurgente Moisés.
Antes de eso, quería yo señalar algunas cosas. Se dice, no sin razón, que en los últimos dos años, el 2006, el 2007, el Subcomandante Marcos trabajó, con empeño y con éxito, en destruir la imagen mediática que se había construido en torno a él. Y les llama la atención cómo gente que antes estaba cerca, ahora se han alejado o se han vuelto, definitivamente, anti-zapatistas. Algunos de ellos fueron a sus países a dar pláticas y fueron recibidos como si fueran los que se alzaron en armas. Eran los zapatólogos, dispuestos a viajar con todos los gastos pagados, a recibir los aplausos, las caravanas y alguno que otro favor, cuando viajaban al extranjero.
¿Qué pasó? Les voy a decir cómo lo vemos nosotros. Ustedes tendrán su visión. A la hora que se alza el EZLN, surge… Voy a explicarme: aquí en las zonas indígenas se habla mucho de "los coyotes". Los coyotes, quiero hacer la diferencia porque para los yaquis y los mayos el coyote es muy chingón, pues, es emblemático. En Chiapas no. El coyote es el intermediario. Es alguien que compra barato a los indígenas, y luego revende caro en el mercado.
Cuando se da el alzamiento zapatista, surgen lo que nosotros llamamos los intermediarios de la solidaridad. O sea, los coyotes de la solidaridad. Esta gente que decía, y aún dice, que tiene la interlocución con el zapatismo, que tienen el teléfono rojo, que son los que saben cómo está la cosa aquí, y eso les significa un capital político. Vienen y traen alguna cosita, o sea pagan barato, y van y se presentan como los emisarios del EZLN: cobran caro.
La aparición de este grupo de intermediarios, donde había políticos, intelectuales, aristas y gente del movimiento social, nos ocultó a nosotros la existencia de otras cosas, de otros abajos. Nosotros intuíamos que la España de abajo estaba ahí; que el País Vasco en rebeldía estaba ahí; que la Grecia rebelde estaba ahí; que la Francia insurrecta estaba ahí; que la Italia de lucha estaba ahí; pero no la veíamos. Y temíamos, entonces, que ustedes tampoco nos vieran a nosotros.
Estos intermediarios organizaban y hacían cosas cuando estábamos de moda, y cobraban su capital político. Así como hay quien organiza conciertos, que dice que son para acá y se queda con una parte: cobra como su salario, o lo que le toca a su organización.
Había otro abajo. Nosotros siempre teníamos esa idea: el zapatismo siempre se ha planteado que no es el único rebelde, ni el mejor. Y nuestra concepción no era crear un movimiento que hegemonizara toda la rebeldía en México, o toda la rebeldía a nivel mundial. Nunca aspiramos a una internacional, a la quinta internacional o ya no sé en cuál vayan —¿Alejandro? Ya va la Sexta, pero ésta es otra, ésta es La Otra Internacional. El compañero sabe de internacionales—.
¿Qué pasó? Yo les voy a decir algunas cosas que para ustedes no serán novedad. El cuento de una izquierda institucional está perfectamente claro para los españoles, con Rodríguez Zapatero o Felipe González; para el País Vasco —Gora Euskal Herria— más todavía; para la Italia rebelde tampoco debe ser una novedad; y Grecia, bueno, nos puede explicar también mucho de eso; desde Miterrand, el varón, en Francia, igual.
En México, no. Sigue habiendo esa expectativa: que es posible que la izquierda que padecemos ahora, si llega al poder, lo va a hacer impunemente. Quiere decir: va a poder llegar a gobernar sin dejar de ser de izquierda. España, Italia, Francia, Grecia, prácticamente todos los países del mundo, pueden dar cuenta de lo contrario: de gente de izquierda, consecuente —no necesariamente radical—, que en el momento en que llega al poder, deja de serlo. Varía la velocidad, varía la profundidad, pero indefectiblemente, se transforman. Eso es lo que nosotros llamamos "el efecto estómago" del poder: o te digiere o te hace mierda.
Este acercamiento, en México, de la izquierda o de lo que se autodenomina izquierda, al poder —ahorita me estoy acordando que salió en un periódico que yo no estaba aquí, que estaba en la Ciudad de México, en las fiestas de la izquierda, no sabía que había izquierda en la Ciudad de México y hacen fiestas…. Sí hay todavía, pero es Otra izquierda pues—; en el momento en que se presentó la posibilidad del poder, empezó a surgir este proceso de digestión y defecación del poder sobre esa izquierda. A los zapatistas, y a todo aquel que se puso en el centro —perdónenme si rompo algún corazón, pero el centro no está en el centro, está pegado a la derecha. Es el otro lado, a la derecha… bueno, a la derecha de ustedes—…
Entonces, nosotros teníamos que, se nos pedía por este grupo de intelectuales, artistas, líderes sociales, que volviéramos la historia hasta 1984, cuando pensábamos que un grupo, o una persona, si llega al poder, transforma todo hacia abajo. Y que nosotros depositáramos la confianza, el futuro, nuestra vida y nuestro proceso, a un iluminado, a una persona, junto con una banda de 40 ladrones que es la izquierda en México.
Nosotros dijimos que No. No es que nos sea antipático el presidente legitimo, sino simple y sencillamente no creemos en ese proceso. No creemos que alguien, ni siquiera alguien tan guapo como el Subcomandante Marcos, sea capaz de hacer esa transformación —bueno, las piernas—. Nosotros no podíamos hacer eso, y entonces se da la ruptura.
Yo quiero llamarles la atención sobre una cosa: entonces, dijimos lo que iba a pasar. Lo que está pasando ahorita. Cuando nosotros lo dijimos, dijeron que le estábamos haciendo el juego a la derecha. A la hora, ahora, que están repitiendo, hasta con nuestras mismas palabras, lo que dijimos hace dos años, se dice que es para hacerle un servicio a la izquierda.
El zapatismo es incómodo. Como si en el rompecabezas del poder llegara una pieza que no encaja y que hay que deshacerse de ella. De todos los movimientos que hay en México, uno de ellos —no el único—, el zapatismo, es incómodo para esta gente. Es un movimiento que no permite conformarse, que no permite rendirse, que no permite claudicar, que no permite venderse. Y en los movimientos de arriba ésa es la lógica, eso es lo racional. Es la "real politik", como dicen.
Entonces, se da este distanciamiento que, poco a poco, empieza a permear hacia los sectores internacionales, en América Latina y en Europa, fundamentalmente. En ese trayecto, sin embargo, se construyeron relaciones más sólidas. Por mencionar alguna, la de los compañeros de la CGT de España, el movimiento cultural rebelde del País Vasco, la Italia social y, más recientemente, la Grecia rebelde e insumisa que hemos encontrado.
Este corrimiento a la derecha se oculta de la siguiente forma, se dice: "el EZLN se radicalizó y se hizo más de izquierda". Disculpen, pero nuestro planteamiento sigue siendo el mismo: no buscamos la toma del poder, pensamos que las cosas se construyen desde abajo. Y lo que ocurrió es que esos sectores, los intermediarios de la solidaridad, los coyotes internacionalistas, o la internacional del coyotaje, se habían corrido a la derecha. Porque el poder no te deja acceder a él impunemente.
El poder es un club exclusivo, que tiene determinados requisitos para entrar a él. Lo que los zapatistas llamamos "la sociedad del poder" tiene reglas. Y sólo se puede acceder a él si se cumplen determinadas reglas. Cualquiera que busque la justicia, la libertad, la democracia, el respeto a la diferencia, no tiene posibilidad de acceder ahí, a menos que claudique de esas ideas.
Cuando nosotros empezamos a ver este corrimiento a la derecha del sector aparentemente más zapatista, empezamos a preguntarnos por qué había abajo, qué había detrás. Para ser sinceros, empezamos al revés: empezamos en el mundo, o sea internacionalmente, y luego nos preguntamos por México.
Por razones que tal vez ustedes puedan explicar, la cercanía del zapatismo fue más fuerte con otros países que con México. Y fue más fuerte en México que con la gente de Chiapas. Como si hubiera una relación inversa en la geografía: quien vivía más lejos, estaba más cerca nuestro, y quien vivía más cerca, estaba más alejado de nosotros.
Llegó la idea de buscarlos, con la intuición y el deseo de que existieran: ustedes, otros como ustedes. Vino la Sexta Declaración, la ruptura definitiva con este sector de los coyotes de la solidaridad. Y la búsqueda, en México y en el mundo, de otros que fueran como nosotros, pero que fueran diferentes.
Además de esta posición frente al poder, hay una característica esencial en el zapatismo —y lo van a ver ahora que estén en estos días aquí, o si hablan con los Consejos Autónomos y con las Juntas de Buen Gobierno, o sea con las autoridades autónomas—: la renuncia a hegemonizar y homogeneizar la sociedad. Nosotros no pretendemos un México zapatista, ni un mundo zapatista. No pretendemos que todos se hagan indígenas. Nosotros queremos un lugar, aquí, el nuestro, que nos dejen en paz, que no nos mande nadie. Eso es la libertad: que nosotros decidamos lo que queremos hacer.
Y pensamos que sólo es posible, si otros como nosotros quieren y luchan por lo mismo. Y se establece una relación de compañerismo, decimos nosotros. Eso es lo que quiere construir La Otra Campaña. Eso es lo que quiere construir la Sexta Internacional. Un encuentro de rebeldías, un intercambio de aprendizajes y una relación más directa, no mediática, sino real, de apoyo entre organizaciones.
Hace unos meses, vinieron aquí compañeros de Corea, de Tailandia, de Malasia, la India, Brasil, España —y no me acuerdo de qué otros lados—, de Vía Campesina. Nosotros los vimos en La Realidad, estábamos ahí con ellos. Y cuando hablamos les dijimos: el encuentro entre dirigentes, para nosotros no vale nada. Ni siquiera la foto que se tomen. Si las dirigencias de dos movimientos no sirven para que los movimientos se encuentren y se conozcan, esas dirigencias no sirven.
Nosotros les decimos lo mismo, ahora, a cualquiera que viene a proponer eso. Lo que nos interesa es lo que está detrás: ustedes, otros como ustedes. No podemos ir a Grecia, pero podemos hacer el cálculo y decir que de los que quisieron venir, no están todos aquí. ¿Cómo podemos hablar con esos otros? Y decirles que no queremos limosna, que no queremos lástima. Que no queremos que nos salven la vida. Que queremos un compañero, una compañera, y unoa compañeroa en Grecia, que luche por lo suyo. En Italia, en el País Vasco, en España, en Francia, en Alemania, Dinamarca, Suecia —no voy a decir todos los países, porque qué tal que me falta uno y viene la protesta—…
¿Para dónde miramos nosotros? Cuando les hago este rápido recorrido, les hablo de una herencia moral y ética de los que nos fundaron. Tiene que ver, sobre todo, con la lucha y el respeto por la vida, por la libertad, por la justicia y por la democracia. Nosotros tenemos una deuda moral con nuestros compañeros. No con ustedes, no con los intelectuales que se alejaron, no con los artistas ni con los escritores, ni los líderes sociales que ahora son anti zapatistas.
Nosotros tenemos una deuda con aquellos que murieron luchando. Y nosotros queremos que llegue el día en que nosotros podamos decirles a ellos y a ellas, a nuestros muertos y a nuestras muertas, tres cosas nada más: no nos rendimos, no nos vendimos, no claudicamos.
El Teniente Coronel Moisés….
Buenas tardes, buenas noches. Mi nombre es Marcos, Subcomandante Insurgente Marcos, y estoy aquí para presentarles al Teniente Coronel Insurgente Moisés. Él es el encargado por parte de la Comandancia General del EZLN del trabajo internacional, lo que llamamos la Comisión Intergaláctica y la Sexta Internacional, porque, de todos nosotros, es el único que les tiene paciencia a ustedes.
Vamos a hablar despacio, para la traducción. We will speak slowly, for the translation. Nous allons parler doucement, pour la traduction.
Queremos agradecerles que hayan venido hasta acá a conocer directamente lo que está sucediendo con el proceso zapatista, no sólo con las agresiones que estamos recibiendo, sino también los procesos que se están construyendo aquí en territorio rebelde, en territorio zapatista.
Esperamos que lo que vean, que lo que escuchen sirva para que puedan llevar esa palabra muy lejos: a Grecia, a Italia, a Francia, a España, al País Vasco, a Estados Unidos y al resto de nuestro país, con nuestros compañeros de La Otra Campaña.
Ojalá y no vayan a hacer como la llamada Comisión Civil Internacional de Observación de los Derechos Humanos, que lo único que vino a hacer aquí, hace unos meses, fue a lavarle las manos al gobierno perredista de Chiapas, al decir que las agresiones que sufrían nuestros pueblos no venían del gobierno estatal, sino del gobierno federal.
Quisiera dar una plática de introducción a lo que va a hablar el Teniente Coronel Moisés. Nos da gusto que haya coincidido con su visita de ustedes acá que él ande por esta zona. Él es el compañero que ha seguido más de cerca el proceso de construcción de la autonomía dentro de las comunidades zapatistas.
Quería explicar, a grandes rasgos, lo que ha sido la historia del EZLN y de las comunidades indígenas zapatistas en este territorio, en Chiapas pues. Me refiero a los Altos de Chiapas, la zona del Caracol de Oventic; la zona tzotz choj, tzeltal-tojolabal, que es la del Caracol de Morelia; la zona chol que es la de Roberto Barrios, en el norte de Chiapas; la zona tojolabal o Selva Fronteriza, que es el Caracol de La Realidad; y ésta que es la zona tzeltal, que es el Caracol de La Garrucha.
El día de mañana, están invitados a visitar un poblado que tiene muchos años de ser bases de apoyo del EZLN. Van a tener el honor de ser guiados por el Comandante Ismael, que está aquí. Este compañero junto con el Señor Ik —el finado Comandante Hugo o Francisco Gómez, que era su nombre civil—, estuvieron recorriendo estas cañadas, hablando de la palabra zapatista cuando nadie estaba con nosotros.
Él los va a llevar. Van a ir a ver el lugar donde los soldados estaban buscando marihuana. Queremos que ustedes vean si hay marihuana. Si encuentran, no se la vayan a fumar, sino que hagan la denuncia para destruirla. No, no hay marihuana. Pero no nos creen a nosotros, a lo mejor a ustedes. A ustedes… ¡menos! Ya que los vean, no les van a creer nada.
Está también con nosotros el Comandante Masho, aquí a mi derecha. También es de los compañeros comandantes que acompañaron al Señor Ik, al Comandante Hugo, cuando apenas empezaba el EZLN en esta cañada. Y es parte de la Comisión Sexta del EZLN. Estuvo con nosotros en el noroeste de la República mexicana, recorriendo pueblos indios y compañeros y compañeras de La Otra Campaña en México, en esa parte del país.
¿Cómo empezó todo? Hace 24 años, casi 25, llegó un pequeño grupo de urbanos, o de ciudadanos como les decimos nosotros, no a esta parte de la selva, sino mucho más adentro, lo que ahora se conoce como la Reserva de Montes Azules. En esa zona no había nada, mas que animales salvajes de cuatro patas y animales salvajes de dos patas que éramos nosotros. Y la concepción de ese pequeño grupo —estoy hablando de 1983-1984, o sea hace 24 o 25 años— era la tradicional de los movimientos de liberación en América Latina, es decir: un pequeño grupo de iluminados que se alza en armas contra el gobierno. Y eso provoca que mucha gente los siga, se levante, y se tumbe al gobierno, y se instale un gobierno socialista. Estoy siendo muy esquemático, pero básicamente es lo que se conoce como la teoría del "foco guerrillero".
Ese pequeño grupo, de los que quedamos entonces, tenía esa concepción tradicional, clásica u ortodoxa, si la quieren llamar así, pero tenía también una carga ética y moral que no tenía precedentes en los movimientos guerrilleros o armados en América Latina. Esta herencia ética y moral venía de otros compañeros que ya habían muerto, enfrentándose al ejército federal y a la policía secreta del gobierno mexicano.
Durante todos esos años, estábamos solos. No había compañeros en los pueblos. Nadie de Grecia venía a vernos. Ni de Italia ni de Francia ni de España ni del País Vasco. Vaya… ¡Ni de México! Porque éste era el rincón más olvidado de este país. Eso que era algo en contra, más adelante se iba a convertir en una ventaja: el hecho de estar aislados y olvidados nos permitió, entonces, hacer un proceso de involución. Alguno que sea ortodoxo conocerá el libro que dice "la transformación del mono en hombre". En ese entonces, fue al revés: el hombre se transformó en mono, que era lo que éramos nosotros. Incluso físicamente, por eso uso pasamontañas pues. Es una cuestión de estética y buen gusto que hay que taparse la cara.
Este pequeño grupo sobrevivió a la caída del Muro de Berlín, al derrumbe del campo socialista, a la claudicación de la guerrilla en Centroamérica —primero con el FMLN en El Salvador, luego con aquello que alguna vez se llamó el Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Nicaragua. Y más después, la unión revolucionaria de Guatemala, la URNG—.
Lo que lo hizo sobrevivir fueron dos elementos, según nosotros: Uno, era la necedad o la terquedad que, probablemente, esa gente traía en el DNA. Y la otra, fue la carga moral y ética que había heredado de los compañeros y compañeras que habían sido asesinados por el ejército, en estas montañas precisamente.
Las cosas se hubieran quedado ahí, con dos opciones: Un pequeño grupo que pasa décadas encerrado en la montaña, esperando algún momento que pasa algo y puede actuar dentro de la realidad social. O terminar, como alguna parte de la izquierda radical en México entonces, como diputados, senadores, o presidentes legítimos de la izquierda institucional en México.
Pasó algo que nos salvó. Nos salvó y nos derrotó en esos primeros años. Y lo que pasó está sentado aquí a mí izquierda, que es el Teniente Coronel Insurgente Moisés, el Comandante Masho, el Comandante Ismael y muchos otros compañeros que convirtieron el EZLN, de un movimiento guerrillero foquista y ortodoxo, en un ejército de indígenas.
No se trataba sólo de que era un ejército mayoritariamente compuesto por indígenas. Mayoritariamente… me estoy cubriendo porque, en realidad, de cada 100 combatientes, 99 eran indígenas y uno era mestizo. No sólo eso, sino que ese ejército y su concepción sufrió una derrota en su planteamiento iluminador, su planteamiento de dirección, caudillista, revolucionario clásico, donde un hombre, o un grupo de hombres, se convierte en el salvador de la humanidad, o del país.
Lo que pasó, entonces, es que ese planteamiento fue derrotado a la hora que confrontamos a las comunidades y nos dimos cuenta, no sólo que no nos entendían, sino que su propuesta era mejor.
Algo había pasado en todos los años previos, décadas previas, siglos anteriores. Nos estábamos enfrentando a un movimiento de vida, que había logrado sobrevivir a los intentos de conquista de España, de Francia, de Inglaterra, de Estados Unidos, y de todas las potencias europeas, incluyendo la Alemania nazi en 1940-1945. Lo que había hecho resistir a esta gente, a estos nuestros compañeros y compañeras primero, y, luego, nuestro jefes y jefas ahora, había sido un apego a la vida que tenía que ver mucho con la carga cultural. La lengua, el lenguaje, la forma de relacionarse con la naturaleza presentaba una alternativa no sólo de vida, sino de lucha. No les estábamos enseñando a nadie a resistir. Nos estábamos convirtiendo en alumnos de esa escuela de resistencia de alguien que llevaba cinco siglos haciéndolo.
Los que venían a salvar a las comunidades indígenas, fueron salvados por ellas. Y encontramos rumbo, destino, camino, compañía y velocidad para nuestro paso. Lo que, entonces y ahora, llamamos "la velocidad de nuestro sueño".
El EZLN tiene muchas deudas con ustedes, con gente como ustedes, en México y en todo el mundo, pero nuestra deuda fundamental está en nuestro corazón: en el corazón indígena. En esta comunidad y en miles de comunidades como ésta, que están pobladas por compañeros bases de apoyo zapatistas.
En el momento en que el pequeño grupo guerrillero hace contacto con los pueblos, hay un problema y una lucha. Yo tengo una verdad —yo, el grupo guerrillero—, y tú eres un ignorante, te voy a enseñar, te voy a adoctrinar, te voy a educar, te voy a formar. Error y derrota.
A la hora que se empieza a construir el puente del lenguaje, y empezamos a modificar nuestra forma de hablar, empezamos a modificar nuestra forma de pensarnos a nosotros mismos y de pensar el lugar que teníamos en un proceso: Servir.
De un movimiento que se planteaba servirse de las masas, de los proletarios, de los obreros, de los campesinos, de los estudiantes para llegar al poder y dirigirlos a la felicidad suprema, nos estábamos convirtiendo, paulatinamente, en un ejército que tenía que servir a las comunidades. En este caso, las comunidades indígenas tzeltales, que fueron las primeras donde nos instalamos, que fue en esta zona.
El contacto con los pueblos significó un proceso de reeducación más fuerte y más terrible que los electroshocks que acostumbran en las clínicas siquiátricas. No todos lo soportaron, algunos sí lo soportamos, pero nos seguimos quejando todavía a estas alturas del partido.
¿Qué pasó después? Lo que pasa es que el EZLN se convierte en un ejército de indígenas, al servicio de los indígenas, y pasa de los seis con que empezamos el EZLN, a más de seis mil combatientes.
¿Qué es lo que detona el alzamiento del primero de enero de 94? ¿Por qué decidimos alzarnos en armas? La respuesta está en los niños y en las niñas. No fue un análisis de la coyuntura internacional. Cualquiera de ustedes estará de acuerdo conmigo en que la coyuntura internacional no era propicia para un alzamiento armado. El campo socialista había sido derrotado, todo el movimiento de izquierda en América Latina estaba en una etapa de repliegue. En México, la izquierda estaba llorando la derrota después de que Salinas de Gortari no sólo había hecho un fraude, sino había comprado a buena parte de lo que era la conciencia crítica de la izquierda en México.
Cualquiera mínimamente razonable nos hubiera dicho: no hay condiciones, no se alcen en armas, entreguen las armas, entren a nuestro partido, etcétera, etcétera. Pero hubo algo adentro que hizo que desafiáramos esos pronósticos y esas coyunturas internacionales.
El EZLN entonces se plantea, por primera vez, desafiar el calendario y la geografía de arriba. Los niños y las niñas, les dije. Ocurrió que en esos años, a partir del principio de los noventa, de 1990, hubo una reforma que impedía que los campesinos pudieran acceder a la tierra. La tierra, como van a ver mañana, cuando suban la loma que va hacia el pueblo de Galeana, ésa era la tierra que tenían los campesinos: laderas empinadas, llenas de piedra. Las buenas tierras estaban en manos de los finqueros. En los próximos días, van a ir a ver, también, esas fincas y van a poder ver la diferencia entre la calidad de tierra.
Se acabó la posibilidad de acceder a un terreno de tierra. Y, al mismo tiempo, las enfermedades empezaron a acabar con los niños y con las niñas. De 1990 a 1992, no había niño, en la Selva Lacandona, que llegara a los cinco años. Antes de los cinco años, morían de enfermedades curables. No era el cáncer, no era el SIDA, no eran enfermedades del corazón, eran enfermedades curables: tifoidea, tuberculosis, y, a veces, una simple calentura era la que mataba a niños y a niñas menores de cinco años.
Yo sé que en la ciudad esto puede ser hasta una ventaja: mientras menos burros, más olotes, dicen. Pero en el caso de un pueblo indígena, la muerte de su niñez significa su desaparición como pueblo. O sea, en el proceso natural, los adultos crecen, se hacen ancianos y mueren. Si no hay niños, esa cultura desaparece.
La mortandad de los indígenas, de los niños y de las niñas indígenas, agudizó todavía el problema. Pero la diferencia que había aquí al resto de otros pueblos indios, es que aquí había un ejército rebelde, armado. Fueron las mujeres las que empezaron a empujar esto. No fueron los hombres. Yo sé que la tradición en México —los mariachis, Pedro Infante y todo eso— es que los hombres somos muy machos. Pero no fue así. Quienes empezaron a empujar: hay que hacer algo, ya no, y ya basta, fueron las mujeres, que veían morir a sus hijos y a sus hijas.
Empezó a haber una especie de rumor en todas las comunidades: hay que hacer algo, ya basta, ya basta, en todas las lenguas. Para entonces, ya estábamos también en la zona de los Altos. Y ahí teníamos dos compañeras que habían sido, y son todavía, la columna vertebral en ese trabajo: la finada Comandanta Ramona y la Comandanta Susana.
Por diversas partes empezó a surgir esta inquietud, esta molestia… Vamos a decirlo por su nombre: esta rebeldía en las mujeres zapatistas, que había que hacer algo. Nosotros hicimos lo que teníamos que hacer, entonces, que era preguntarle a todos qué íbamos a hacer. Hubo, entonces, en 1992, una consulta —sin televisión, sin gobierno del Distrito Federal, sin nada de lo que hay ahora—, y pueblo por pueblo se pasó y se realizaron asambleas —como ésta en la que estamos ahorita—. Se planteaba el problema. La disyuntiva era muy sencilla: si nos alzamos en armas, nos van a derrotar, pero va a llamar la atención y van a mejorar las condiciones de los indígenas. Si no nos alzamos en armas, vamos a sobrevivir, pero vamos a desaparecer como pueblos indios.
La lógica de muerte es cuando nosotros decimos: no nos dejaron otra opción. Ahora, después de catorce, casi quince años, nosotros —los que llevamos más tiempo aquí— decimos: qué bueno que no teníamos otra opción.
Los pueblos dijeron: para eso estás, pelea, pelea con nosotros. No se trataba sólo de una relación formal, de mando. Porque formalmente era al revés: formalmente, el EZLN era el mando y los pueblos eran los subordinados. Pero en los hechos, en la realidad, era al contrario: los pueblos sostenían, cuidaban y hacían crecer al Ejército Zapatista de Liberación Nacional.
En ese entonces, fue importante también la participación de un compañero mestizo, de la ciudad, el Subcomandante Insurgente Pedro, que cae combatiendo el primero de enero del 94.
Cuando llevamos esa disyuntiva y los pueblos dicen "alcémonos en armas", el cálculo militar que hicimos —el Teniente Coronel Moisés tal vez lo recuerda bien porque fue en esta montaña que está aquí a espaldas del pueblo, allá arriba, en un campamento que teníamos, hubo una reunión de todos los mandos zapatistas—, el planteamiento que yo les hice fue éste: tenemos que pensar lo que vamos a hacer, porque cuando empecemos a echar andar algo no se va a poder dar marcha atrás.
Si nosotros le empezamos a preguntar a la gente si nos alzamos en armas o no, ya no vamos a poder detener. Sabíamos y sentíamos que la respuesta iba a ser sí. Y sabíamos y sentíamos que los que iban a caer éramos los que estábamos reunidos en estas montañas, aquí arriba de La Garrucha.
Pasó lo que pasó. No les voy a contar el primero de enero de 94, porque ustedes empiezan a saber de nosotros —bueno, algunos, porque otros apenas estaban muy chavitos—, y se abre una etapa de resistencia, decimos nosotros, donde se pasa de la lucha armada a la organización de la resistencia civil y pacífica.
Algo pasó en todo este proceso que quiero llamar la atención, que es: el cambio en la posición del EZLN respecto al problema del poder. Y esta definición frente al problema del poder es la que va a marcar de manera más honda la huella en el camino zapatista. Nosotros nos habíamos dado cuenta —y en el nosotros que digo, ya van incluidas las comunidades, no sólo el primer grupo—, nos habíamos dado cuenta que las soluciones, como todo en este mundo, se construyen desde abajo hacia arriba. Y toda nuestra propuesta anterior, y toda la propuesta de la izquierda ortodoxa, hasta entonces, era al revés, era: desde arriba se solucionan las cosas para abajo.
Este cambio de abajo para arriba significaba para nosotros no organizarnos, ni organizar a la gente para ir a votar, ni para ir a una marcha, ni para gritar, sino para sobrevivir y para convertir la resistencia en una escuela. Esto fue lo que hicieron los compañeros, no el EZLN original, aquel pequeño grupo, sino el EZLN ya con este componente indígena. Esto que ahora se conoce a grandes rasgos como la construcción de la autonomía zapatista, es un proceso que les va a detallar ahora el Teniente Coronel Insurgente Moisés.
Antes de eso, quería yo señalar algunas cosas. Se dice, no sin razón, que en los últimos dos años, el 2006, el 2007, el Subcomandante Marcos trabajó, con empeño y con éxito, en destruir la imagen mediática que se había construido en torno a él. Y les llama la atención cómo gente que antes estaba cerca, ahora se han alejado o se han vuelto, definitivamente, anti-zapatistas. Algunos de ellos fueron a sus países a dar pláticas y fueron recibidos como si fueran los que se alzaron en armas. Eran los zapatólogos, dispuestos a viajar con todos los gastos pagados, a recibir los aplausos, las caravanas y alguno que otro favor, cuando viajaban al extranjero.
¿Qué pasó? Les voy a decir cómo lo vemos nosotros. Ustedes tendrán su visión. A la hora que se alza el EZLN, surge… Voy a explicarme: aquí en las zonas indígenas se habla mucho de "los coyotes". Los coyotes, quiero hacer la diferencia porque para los yaquis y los mayos el coyote es muy chingón, pues, es emblemático. En Chiapas no. El coyote es el intermediario. Es alguien que compra barato a los indígenas, y luego revende caro en el mercado.
Cuando se da el alzamiento zapatista, surgen lo que nosotros llamamos los intermediarios de la solidaridad. O sea, los coyotes de la solidaridad. Esta gente que decía, y aún dice, que tiene la interlocución con el zapatismo, que tienen el teléfono rojo, que son los que saben cómo está la cosa aquí, y eso les significa un capital político. Vienen y traen alguna cosita, o sea pagan barato, y van y se presentan como los emisarios del EZLN: cobran caro.
La aparición de este grupo de intermediarios, donde había políticos, intelectuales, aristas y gente del movimiento social, nos ocultó a nosotros la existencia de otras cosas, de otros abajos. Nosotros intuíamos que la España de abajo estaba ahí; que el País Vasco en rebeldía estaba ahí; que la Grecia rebelde estaba ahí; que la Francia insurrecta estaba ahí; que la Italia de lucha estaba ahí; pero no la veíamos. Y temíamos, entonces, que ustedes tampoco nos vieran a nosotros.
Estos intermediarios organizaban y hacían cosas cuando estábamos de moda, y cobraban su capital político. Así como hay quien organiza conciertos, que dice que son para acá y se queda con una parte: cobra como su salario, o lo que le toca a su organización.
Había otro abajo. Nosotros siempre teníamos esa idea: el zapatismo siempre se ha planteado que no es el único rebelde, ni el mejor. Y nuestra concepción no era crear un movimiento que hegemonizara toda la rebeldía en México, o toda la rebeldía a nivel mundial. Nunca aspiramos a una internacional, a la quinta internacional o ya no sé en cuál vayan —¿Alejandro? Ya va la Sexta, pero ésta es otra, ésta es La Otra Internacional. El compañero sabe de internacionales—.
¿Qué pasó? Yo les voy a decir algunas cosas que para ustedes no serán novedad. El cuento de una izquierda institucional está perfectamente claro para los españoles, con Rodríguez Zapatero o Felipe González; para el País Vasco —Gora Euskal Herria— más todavía; para la Italia rebelde tampoco debe ser una novedad; y Grecia, bueno, nos puede explicar también mucho de eso; desde Miterrand, el varón, en Francia, igual.
En México, no. Sigue habiendo esa expectativa: que es posible que la izquierda que padecemos ahora, si llega al poder, lo va a hacer impunemente. Quiere decir: va a poder llegar a gobernar sin dejar de ser de izquierda. España, Italia, Francia, Grecia, prácticamente todos los países del mundo, pueden dar cuenta de lo contrario: de gente de izquierda, consecuente —no necesariamente radical—, que en el momento en que llega al poder, deja de serlo. Varía la velocidad, varía la profundidad, pero indefectiblemente, se transforman. Eso es lo que nosotros llamamos "el efecto estómago" del poder: o te digiere o te hace mierda.
Este acercamiento, en México, de la izquierda o de lo que se autodenomina izquierda, al poder —ahorita me estoy acordando que salió en un periódico que yo no estaba aquí, que estaba en la Ciudad de México, en las fiestas de la izquierda, no sabía que había izquierda en la Ciudad de México y hacen fiestas…. Sí hay todavía, pero es Otra izquierda pues—; en el momento en que se presentó la posibilidad del poder, empezó a surgir este proceso de digestión y defecación del poder sobre esa izquierda. A los zapatistas, y a todo aquel que se puso en el centro —perdónenme si rompo algún corazón, pero el centro no está en el centro, está pegado a la derecha. Es el otro lado, a la derecha… bueno, a la derecha de ustedes—…
Entonces, nosotros teníamos que, se nos pedía por este grupo de intelectuales, artistas, líderes sociales, que volviéramos la historia hasta 1984, cuando pensábamos que un grupo, o una persona, si llega al poder, transforma todo hacia abajo. Y que nosotros depositáramos la confianza, el futuro, nuestra vida y nuestro proceso, a un iluminado, a una persona, junto con una banda de 40 ladrones que es la izquierda en México.
Nosotros dijimos que No. No es que nos sea antipático el presidente legitimo, sino simple y sencillamente no creemos en ese proceso. No creemos que alguien, ni siquiera alguien tan guapo como el Subcomandante Marcos, sea capaz de hacer esa transformación —bueno, las piernas—. Nosotros no podíamos hacer eso, y entonces se da la ruptura.
Yo quiero llamarles la atención sobre una cosa: entonces, dijimos lo que iba a pasar. Lo que está pasando ahorita. Cuando nosotros lo dijimos, dijeron que le estábamos haciendo el juego a la derecha. A la hora, ahora, que están repitiendo, hasta con nuestras mismas palabras, lo que dijimos hace dos años, se dice que es para hacerle un servicio a la izquierda.
El zapatismo es incómodo. Como si en el rompecabezas del poder llegara una pieza que no encaja y que hay que deshacerse de ella. De todos los movimientos que hay en México, uno de ellos —no el único—, el zapatismo, es incómodo para esta gente. Es un movimiento que no permite conformarse, que no permite rendirse, que no permite claudicar, que no permite venderse. Y en los movimientos de arriba ésa es la lógica, eso es lo racional. Es la "real politik", como dicen.
Entonces, se da este distanciamiento que, poco a poco, empieza a permear hacia los sectores internacionales, en América Latina y en Europa, fundamentalmente. En ese trayecto, sin embargo, se construyeron relaciones más sólidas. Por mencionar alguna, la de los compañeros de la CGT de España, el movimiento cultural rebelde del País Vasco, la Italia social y, más recientemente, la Grecia rebelde e insumisa que hemos encontrado.
Este corrimiento a la derecha se oculta de la siguiente forma, se dice: "el EZLN se radicalizó y se hizo más de izquierda". Disculpen, pero nuestro planteamiento sigue siendo el mismo: no buscamos la toma del poder, pensamos que las cosas se construyen desde abajo. Y lo que ocurrió es que esos sectores, los intermediarios de la solidaridad, los coyotes internacionalistas, o la internacional del coyotaje, se habían corrido a la derecha. Porque el poder no te deja acceder a él impunemente.
El poder es un club exclusivo, que tiene determinados requisitos para entrar a él. Lo que los zapatistas llamamos "la sociedad del poder" tiene reglas. Y sólo se puede acceder a él si se cumplen determinadas reglas. Cualquiera que busque la justicia, la libertad, la democracia, el respeto a la diferencia, no tiene posibilidad de acceder ahí, a menos que claudique de esas ideas.
Cuando nosotros empezamos a ver este corrimiento a la derecha del sector aparentemente más zapatista, empezamos a preguntarnos por qué había abajo, qué había detrás. Para ser sinceros, empezamos al revés: empezamos en el mundo, o sea internacionalmente, y luego nos preguntamos por México.
Por razones que tal vez ustedes puedan explicar, la cercanía del zapatismo fue más fuerte con otros países que con México. Y fue más fuerte en México que con la gente de Chiapas. Como si hubiera una relación inversa en la geografía: quien vivía más lejos, estaba más cerca nuestro, y quien vivía más cerca, estaba más alejado de nosotros.
Llegó la idea de buscarlos, con la intuición y el deseo de que existieran: ustedes, otros como ustedes. Vino la Sexta Declaración, la ruptura definitiva con este sector de los coyotes de la solidaridad. Y la búsqueda, en México y en el mundo, de otros que fueran como nosotros, pero que fueran diferentes.
Además de esta posición frente al poder, hay una característica esencial en el zapatismo —y lo van a ver ahora que estén en estos días aquí, o si hablan con los Consejos Autónomos y con las Juntas de Buen Gobierno, o sea con las autoridades autónomas—: la renuncia a hegemonizar y homogeneizar la sociedad. Nosotros no pretendemos un México zapatista, ni un mundo zapatista. No pretendemos que todos se hagan indígenas. Nosotros queremos un lugar, aquí, el nuestro, que nos dejen en paz, que no nos mande nadie. Eso es la libertad: que nosotros decidamos lo que queremos hacer.
Y pensamos que sólo es posible, si otros como nosotros quieren y luchan por lo mismo. Y se establece una relación de compañerismo, decimos nosotros. Eso es lo que quiere construir La Otra Campaña. Eso es lo que quiere construir la Sexta Internacional. Un encuentro de rebeldías, un intercambio de aprendizajes y una relación más directa, no mediática, sino real, de apoyo entre organizaciones.
Hace unos meses, vinieron aquí compañeros de Corea, de Tailandia, de Malasia, la India, Brasil, España —y no me acuerdo de qué otros lados—, de Vía Campesina. Nosotros los vimos en La Realidad, estábamos ahí con ellos. Y cuando hablamos les dijimos: el encuentro entre dirigentes, para nosotros no vale nada. Ni siquiera la foto que se tomen. Si las dirigencias de dos movimientos no sirven para que los movimientos se encuentren y se conozcan, esas dirigencias no sirven.
Nosotros les decimos lo mismo, ahora, a cualquiera que viene a proponer eso. Lo que nos interesa es lo que está detrás: ustedes, otros como ustedes. No podemos ir a Grecia, pero podemos hacer el cálculo y decir que de los que quisieron venir, no están todos aquí. ¿Cómo podemos hablar con esos otros? Y decirles que no queremos limosna, que no queremos lástima. Que no queremos que nos salven la vida. Que queremos un compañero, una compañera, y unoa compañeroa en Grecia, que luche por lo suyo. En Italia, en el País Vasco, en España, en Francia, en Alemania, Dinamarca, Suecia —no voy a decir todos los países, porque qué tal que me falta uno y viene la protesta—…
¿Para dónde miramos nosotros? Cuando les hago este rápido recorrido, les hablo de una herencia moral y ética de los que nos fundaron. Tiene que ver, sobre todo, con la lucha y el respeto por la vida, por la libertad, por la justicia y por la democracia. Nosotros tenemos una deuda moral con nuestros compañeros. No con ustedes, no con los intelectuales que se alejaron, no con los artistas ni con los escritores, ni los líderes sociales que ahora son anti zapatistas.
Nosotros tenemos una deuda con aquellos que murieron luchando. Y nosotros queremos que llegue el día en que nosotros podamos decirles a ellos y a ellas, a nuestros muertos y a nuestras muertas, tres cosas nada más: no nos rendimos, no nos vendimos, no claudicamos.
El Teniente Coronel Moisés….
jueves, 28 de agosto de 2008
Palabras del Teniente Coronel Insurgente Moisés a la Caravana nacional e internacional de observación y solidaridad con las comunidades zapatistas.
Caracol de La Garucha, 2 de agosto de 2008
Buenas noches, compañeros, compañeras. Les quiero pues, explicar, platicar de cómo se está construyendo la autonomía en los distintos caracoles y en las Juntas de Buen Gobierno.
Pero antes de empezar eso, es así como les platicó el compañero Subcomandante Insurgente Marcos, antes de la llegada de los compañeros insurgentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en todas las comunidades se estaba viviendo muy difícil: explotados, humillados, pisoteados y saqueados.
Les estoy hablando ahora de las tierras recuperadas, que eran de los latifundistas. Ahí, nuestros abuelos y abuelas ellos lo vivieron ahí. Y desde mucho más años atrás. Veían que los patrones son los mandones. Y veían, nuestros abuelos y abuelas, que es igual los malos gobiernos.
Entonces, cuando llega el Ejército Zapatista de Liberación Nacional —como dice el compañero Subcomandante Marcos— empezó el trabajo en los pueblos: a hablar pues de la explotación. Entonces, nuestros compañeros y compañeras, nuestros abuelos y abuelas, nuestros papás y mamás, entendieron la necesidad de organizarse. Porque ya veían de lo que le estaba pasando, de lo que le estaba sucediendo.
Entonces, ya había pues idea de que hay que organizarse, de que hay que unirse, de que así tenemos fuerza. Pero en aquellos tiempos, no se podía, porque los patrones y el mal gobierno no permitían. Y había otras historias largas ahí en eso. Porque nos decía pues el mal gobierno que hay que entrarse en las organizaciones oficiales, como la CNC, y luego la CTM, Confederación nacional de trabajadores, algo así.
Entonces, nuestros papás y nuestros abuelos participaron en esas organizaciones legales, que dice el mal gobierno que ahí se va a resolver las necesidades, las demandas. Los probaron y no se resolvió nada.
Se vino la idea de que hay que organizarse independiente, organizaciones independientes; los probaron y no se resolvió nada. Puras persecuciones, encarcelamiento, desaparición.
Por eso, cuando llega el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se empezó a organizarse así nuestros pueblos. Entonces, se hizo la aparición pública —como platicó el compañero Subcomandante Marcos—, ahí se decidió pues, en el 94, que nos tenemos que gobernarnos nosotros.
Gracias a la idea de antes que se veía de por sí de que tenemos que unirnos y organizarnos. Porque se vio desde antes que el mal gobierno no nos respetaba. Entonces, nos organizamos, al principio, en los municipios autónomos. Así se llamó "autónomo". Para nosotros pues, así los campesinos, los indígenas, tzeltales, tojolabales, choles, zoques, mames, no entendíamos qué significa, qué quiere decir la palabra "autonomía".
Poco a poco fuimos entendiendo que la autonomía era de por sí lo que estábamos haciendo. Que nos preguntábamos lo que vamos a hacer. Que discutíamos en las reuniones y en las asambleas y, luego, decidimos pues los pueblos. Hasta ahorita podemos explicar ya lo que es la autonomía que se está haciendo con nuestros Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas.
Más ahorita, nosotros lo sentimos pues como indígenas, que así viven también nuestros hermanos indígenas en otros estados de la República mexicana. Y más nos confirmó en la gira pues de La Otra Campaña.
Lo que pensábamos, lo que imaginábamos antes, ahora está confirmado. Que nosotros los indígenas somos los más olvidados. Pero, también, sabemos que la libertad y la justicia, y la democracia, también necesitan los que no son indígenas.
Entonces, el trabajo pues de los municipios autónomos ahora se ha consolidado más. Nuestros compañeros y compañeras han entendido más, y ahora se dan cuenta que así debería ser en todo México. Donde el pueblo manda y el que está gobernando debe obedecer. Es así como trabajan ahora nuestras compañeras y compañeros.
En todas las áreas de lo que se está construyendo. Hablando de salud, hablando de educación y de otros trabajos colectivos, es discutido, analizado pues, en los pueblos, y luego la decisión general de lo que se viene para construir lo que se necesita construir.
Se han dado cuenta pues nuestros compañeros y compañeras que sí se puede hacerlo. Han aprendido más con los compañeros y compañeras de las Juntas de Buen Gobierno. Y una cosa tan importante que, también, nuestros compañeros están descubriendo cada vez más, que la participación de las compañeras en los distintos cargos en la construcción de la autonomía, es de que no pueden quedar solas las compañeras.
Claro, nos ha costado mucho. Porque hay un problema desde antes, que nuestras compañeras se habían quedado como si fuera un objeto que está aparte. Descubrimos ahí, en aquel tiempo pues de los patrones —como las compañeras hablaron pues en el encuentro de las mujeres—, los patrones en aquel tiempo eran maltratadas, violadas, a nuestras compañeras, a nuestras abuelas y abuelitos.
Entonces, nuestros abuelos trataron de proteger a nuestras abuelitas, para que no las vean enfrente de ellos, de los patrones, de lo que le hacen encima de ellas. Y desgraciadamente, así se vino trayendo que solamente los hombres se reúnen, discuten, y se fue quedando a un lado las compañeras.
Con esta construcción de la autonomía que estamos haciendo ahora, eso es lo que hemos descubierto pues: que ya no podemos seguir como antes, que estaban a un lado las compañeras. Es como ahora de que las compañeras en los pueblos se ayudan con los compañeros a resolver los distintos problemas, a planear y a discutir, sacar propuestas para en las asambleas de los municipios autónomos, o en las asambleas generales que hace la Junta de Buen Gobierno.
¿Dónde está la escuela, dónde está el aprendizaje? Aquí mismo, adentro de las comunidades. Van mejorando de lo que nosotros pues así los hombres se hace bien. Y lo que ven las compañeras que no está bien lo que hacen los hombres, lo hacen a un lado ahora sí.
Entonces, ese tipo de construcción de la autonomía, nuestros pueblos, hombres y mujeres, son los exigentes y exigentas de que se debe cumplir los siete principios del mandar obedeciendo. Donde dicen pues así nuestros compañeros y compañeras: si existiera pues en México un gobierno que obedece, México sería diferente.
Cuando nosotros discutimos pues con nuestros compañeros autoridades, o sea los comisariados, comisariadas, agentes y agentas, hablan, por ejemplo, lo que en México se habla y se dice que es el Congreso de la Unión, que son los diputados y senadores que dicen que son los representantes del pueblo de México, y esas compañeras y compañeros autoridades se hacen la pregunta: ¿cuándo nos han consultado de las leyes que hacen? Se hacen la pregunta, por ejemplo, cuando Carlos Salinas de Gortari cambió el Artículo 27, de lo que nuestro general Emiliano Zapata logró meterlo pues en la ley constitucional de que la tierra no se vende ni se renta. Carlos Salinas, junto con los senadores y diputados cambiaron ese artículo, donde diga de que la tierra se va a hacer propietarios, se van a hacer dueños, y que pueden decidir de lo que quieren hacer con la tierra. Eso, diciendo así eso, de que ya se puede vender y que se puede rentar.
Entonces, la pregunta que se hacen nuestros compañeros y compañeras autoridades: ¿cuándo nos preguntaron eso? Entonces, es ahí donde dicen: no sirven para nada esos diputados, diputadas, senadores o senadoras que están ahí. No representan al pueblo de México, porque nunca nos preguntan, nunca nos consultan. No creemos de que los obreros también les consultan la ley que necesitan.
Entonces, cuando se hacen las asambleas generales en los municipios; las asambleas generales que hacen las Juntas de Buen Gobierno, ahí se platica eso. ¿Qué pasaría si, en México, se le preguntara a todos los millones de indígenas, a todos los millones de obreros, a todos los millones de estudiantes, estudiantas, que ellos digan la ley que quieren?
Porque, por ejemplo, dicen, el Diego de Cevallos que ya pasó de senador —creo— o diputado, ése es un terrateniente. No siente qué sufre un indígena; no siente qué sufre un obrero o una obrera. Entonces, no sabe pensar qué tipo de ley necesita a los trabajadores del campo y de la ciudad.
Compañeros, compañeras, para hablar de la autonomía parece muy sencillo, pero no es cierto. Los discursos se escuchan muy bonito, en la práctica es otra cosa. Es como, por ejemplo, hay muchos escritores, intelectuales, como dicen —o se dicen—; hay libros que tiene escrito pues sobre autonomía. Quién sabe, a lo mejor tiene el 2 o el 5 por ciento de lo que más o menos se toca ahí sobre autonomía. El 95 por ciento le falta.
Para poder hablar de autonomía, hay que vivir en donde se está haciendo. Para descubrir, para ver y conocer más cómo es esto. Porque, por ejemplo, van a ver cómo es que va y viene de la forma de cómo se hace en práctica lo que es la democracia, la decisión que se toma.
En este caso, la instancia de autoridad máxima son los compañeros y compañeras de la Junta de Buen Gobierno. Ellos y ellas se reúnen para discutir los planes de trabajo. Y luego, proponen a los autoridades de los MAREZ y a los compañeros y compañeras autoridades de los MAREZ, o sea de los municipios autónomos, reúnen a las compañeros y compañeras autoridades, o sea los comisariados, comisariadas, agentes y agentas de los pueblos. Se lleva allí la propuesta de lo que propone la Junta de Buen Gobierno. Y esos comisariadas, comnisariados, agentes y agentas, llevan en sus pueblos a plantear la propuesta de la Junta de Buen Gobierno.
Salen las decisiones en los pueblos, se hace la asamblea municipal. Ahí se logra la mayoría de la decisión de lo que propone la Junta de Buen Gobierno. Y de ahí, se hace la asamblea general, que abarca pues así la Junta de Buen Gobierno, hasta ahí se decide, ahora sí, el mandato del pueblo. Ahora sí es depositado en la Junta de Buen Gobierno.
Y luego, al revés. O sea, lo contrario: los pueblos pueden proponer de los trabajos o de las leyes que se necesita hacer. O sea, para dar un ejemplo, en esta zona, todos los pueblos ahorita zapatistas están decidiendo sobre cómo se va a trabajar las tierras recuperadas. En todos los pueblos ahorita, en esta zona, están trabajando en eso. Todos los pueblos. Falta la asamblea general de esta zona, para que ahí salga el mandato de cómo se va a cuidar la tierra.
Entonces, ¿qué es lo que pasa cuando hay una asamblea general? Háganse cuenta que ustedes son las comisariadas, agentas, que están aquí ahorita; comisariados y agentes. A veces, sale la mayoría, la decisión, y queda una minoría. Alguien de los compañeros o de las compañeras vuelven a plantear de que el acuerdo tomado tiene problemas, tiene consecuencias después. Entonces, la mayoría le dan pues el derecho de que argumente el compañero o la compañera cuál sería la consecuencia de la que plantea el compañero o la compañera. Según el argumento que da pues el compañero o la compañera, la asamblea escucha, pone atención.
Si es un trabajo que no se ha puesto en práctica, la mayoría dice: vamos a practicarla, y si no nos sale bien, nosotros somos los que mandamos, vamos a tener que corregir nuevamente. O sea, le dicen a la minoría de que no es porque no vale lo que dice, sino las cosas que se va a ir practicando, se va a ir mejorando.
Entonces, la construcción de la autonomía en todas las zonas zapatistas, son variadas. Diferentes formas de cómo los trabajan. Por eso, en el regreso de ustedes ahí verán como van a platicar los compañeros y compañeras que se fueron pues en los distintos caracoles, porque no es un solo modelo de cómo se trabaja. Por la misma situación que se vive en cada zona.
Por ejemplo pues, en el Caracol de Oventik, de Morelia, de Roberto Barrios, ahí hay mucho los paramilitares. Eso es lo que nos obliga de ver cómo se trabaja la autonomía con mucha seguridad. Porque hay mucha provocación de los paramilitares. Y en otros caracoles, por las distancias que hay pues así de un pueblo a otro, eso es lo que nos obliga de que entonces vaya nuestros pasos diferente, de cómo ir construyendo nuestra autonomía.
Pero bajo un principio que tenemos que llevar, practicando de lo que dice nuestros siete principios. Que la que es de que nuestro gobierno tiene que obedecer y el pueblo manda. Que nuestros gobiernos autónomos tienen que bajar a los pueblos y no que se suben p'arriba para mandar, para no consultar, para no proponerle al pueblo.
Nuestros autoridades autónomos, los MAREZ y las Juntas de Buen Gobierno tienen que proponer al pueblo. Y no van a imponer. Nuestros autoridades autónomos tienen que trabajar para convencer al pueblo, y no a que lo vencen por la fuerza. Nuestros autoridades tienen que construir lo que se necesita, lo que es bueno, y no de que destruyan.
Nuestras autoridades tienen que representar, o sea de lo que dice, verdaderamente es palabra, pensamiento del pueblo.Y no de que nada más se hacen que dicen que es la palabra del pueblo y no la tiene consultado. O sea, no queremos que suplantan las autoridades autónomas. Nuestras autoridades autónomas queremos que le sirven al pueblo. Y no a que se sirve por ser gobierno autónomo.
Entonces, nuestros pueblos, nuestras autoridades que hay en todos los pueblos, en eso se guían para que se haga cumplir esos principios. Y aquí, en las Juntas de Buen Gobierno, se turnan en gobernar pues a su zona. Hombres y mujeres. Es ahí donde, entonces, se está logrando la participación de hombres y mujeres.
Y por eso compañeros, compañeras, este tipo de práctica, nuestros pueblos ven que esto ojalá que les sirviera pues a nuestros hermanos y hermanas de afuera, tanto de México y de otros países. Porque, cuando el pueblo manda, nadie lo puede destruir. Pero, también, tenemos que pensar que el pueblo, los pueblos también pueden fallar, pueden equivocarse. Pero de ahí, ya no hay quién lo puede culpar.
No es así como está ahorita, podemos culpar a los diputados y los senadores, a los gobernadores, a los presidentes municipales. Pero el día de que el pueblo de México: obreros, maestros, estudiantes, indígenas, campesinos, todos, el pueblo de México, si ellos deciden, pues ya no vamos a encontrar ni quién vamos a acusar.
Si un día pues, vamos a cometer un error, así como fuimos buenos para decidirlo que vamos a hacer eso, así debemos ser buenos para limpiar la mierda que vamos a hacer. Algo así, eso pues, es donde verdaderamente el pueblo la decide ya eso. Pero esto hay que quitárselo al que está mandando ahorita, el mal gobierno. Que son ellos los que tienen ese poder.
Y por eso, decimos pues de que lo que nos hizo a que se practicara más pues así la autonomía acá, es cuando se los quitamos las tierras a los terratenientes, o los latifundios. Ahí donde se ve de que ahí se toman pues así los medios de producción. Así nada más no se logra. Para eso se necesita organización.
Entonces, compañeros, compañeras, así trabajamos pues esto. Esperemos pues así de que les haya servido sobre la forma de cómo y que nos hace falta mucho más trabajarlo, mejorarlo. Pero lo van a ver, porque van a visitar algunos pueblos. Ahí les puede explicar más, directo, de cómo ellos pues la vivieron. Y cómo fue de que, entonces, la ganaron de donde están viviendo pues ahora. Sólo compañeros y compañeras.
Buenas noches, compañeros, compañeras. Les quiero pues, explicar, platicar de cómo se está construyendo la autonomía en los distintos caracoles y en las Juntas de Buen Gobierno.
Pero antes de empezar eso, es así como les platicó el compañero Subcomandante Insurgente Marcos, antes de la llegada de los compañeros insurgentes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en todas las comunidades se estaba viviendo muy difícil: explotados, humillados, pisoteados y saqueados.
Les estoy hablando ahora de las tierras recuperadas, que eran de los latifundistas. Ahí, nuestros abuelos y abuelas ellos lo vivieron ahí. Y desde mucho más años atrás. Veían que los patrones son los mandones. Y veían, nuestros abuelos y abuelas, que es igual los malos gobiernos.
Entonces, cuando llega el Ejército Zapatista de Liberación Nacional —como dice el compañero Subcomandante Marcos— empezó el trabajo en los pueblos: a hablar pues de la explotación. Entonces, nuestros compañeros y compañeras, nuestros abuelos y abuelas, nuestros papás y mamás, entendieron la necesidad de organizarse. Porque ya veían de lo que le estaba pasando, de lo que le estaba sucediendo.
Entonces, ya había pues idea de que hay que organizarse, de que hay que unirse, de que así tenemos fuerza. Pero en aquellos tiempos, no se podía, porque los patrones y el mal gobierno no permitían. Y había otras historias largas ahí en eso. Porque nos decía pues el mal gobierno que hay que entrarse en las organizaciones oficiales, como la CNC, y luego la CTM, Confederación nacional de trabajadores, algo así.
Entonces, nuestros papás y nuestros abuelos participaron en esas organizaciones legales, que dice el mal gobierno que ahí se va a resolver las necesidades, las demandas. Los probaron y no se resolvió nada.
Se vino la idea de que hay que organizarse independiente, organizaciones independientes; los probaron y no se resolvió nada. Puras persecuciones, encarcelamiento, desaparición.
Por eso, cuando llega el Ejército Zapatista de Liberación Nacional se empezó a organizarse así nuestros pueblos. Entonces, se hizo la aparición pública —como platicó el compañero Subcomandante Marcos—, ahí se decidió pues, en el 94, que nos tenemos que gobernarnos nosotros.
Gracias a la idea de antes que se veía de por sí de que tenemos que unirnos y organizarnos. Porque se vio desde antes que el mal gobierno no nos respetaba. Entonces, nos organizamos, al principio, en los municipios autónomos. Así se llamó "autónomo". Para nosotros pues, así los campesinos, los indígenas, tzeltales, tojolabales, choles, zoques, mames, no entendíamos qué significa, qué quiere decir la palabra "autonomía".
Poco a poco fuimos entendiendo que la autonomía era de por sí lo que estábamos haciendo. Que nos preguntábamos lo que vamos a hacer. Que discutíamos en las reuniones y en las asambleas y, luego, decidimos pues los pueblos. Hasta ahorita podemos explicar ya lo que es la autonomía que se está haciendo con nuestros Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas.
Más ahorita, nosotros lo sentimos pues como indígenas, que así viven también nuestros hermanos indígenas en otros estados de la República mexicana. Y más nos confirmó en la gira pues de La Otra Campaña.
Lo que pensábamos, lo que imaginábamos antes, ahora está confirmado. Que nosotros los indígenas somos los más olvidados. Pero, también, sabemos que la libertad y la justicia, y la democracia, también necesitan los que no son indígenas.
Entonces, el trabajo pues de los municipios autónomos ahora se ha consolidado más. Nuestros compañeros y compañeras han entendido más, y ahora se dan cuenta que así debería ser en todo México. Donde el pueblo manda y el que está gobernando debe obedecer. Es así como trabajan ahora nuestras compañeras y compañeros.
En todas las áreas de lo que se está construyendo. Hablando de salud, hablando de educación y de otros trabajos colectivos, es discutido, analizado pues, en los pueblos, y luego la decisión general de lo que se viene para construir lo que se necesita construir.
Se han dado cuenta pues nuestros compañeros y compañeras que sí se puede hacerlo. Han aprendido más con los compañeros y compañeras de las Juntas de Buen Gobierno. Y una cosa tan importante que, también, nuestros compañeros están descubriendo cada vez más, que la participación de las compañeras en los distintos cargos en la construcción de la autonomía, es de que no pueden quedar solas las compañeras.
Claro, nos ha costado mucho. Porque hay un problema desde antes, que nuestras compañeras se habían quedado como si fuera un objeto que está aparte. Descubrimos ahí, en aquel tiempo pues de los patrones —como las compañeras hablaron pues en el encuentro de las mujeres—, los patrones en aquel tiempo eran maltratadas, violadas, a nuestras compañeras, a nuestras abuelas y abuelitos.
Entonces, nuestros abuelos trataron de proteger a nuestras abuelitas, para que no las vean enfrente de ellos, de los patrones, de lo que le hacen encima de ellas. Y desgraciadamente, así se vino trayendo que solamente los hombres se reúnen, discuten, y se fue quedando a un lado las compañeras.
Con esta construcción de la autonomía que estamos haciendo ahora, eso es lo que hemos descubierto pues: que ya no podemos seguir como antes, que estaban a un lado las compañeras. Es como ahora de que las compañeras en los pueblos se ayudan con los compañeros a resolver los distintos problemas, a planear y a discutir, sacar propuestas para en las asambleas de los municipios autónomos, o en las asambleas generales que hace la Junta de Buen Gobierno.
¿Dónde está la escuela, dónde está el aprendizaje? Aquí mismo, adentro de las comunidades. Van mejorando de lo que nosotros pues así los hombres se hace bien. Y lo que ven las compañeras que no está bien lo que hacen los hombres, lo hacen a un lado ahora sí.
Entonces, ese tipo de construcción de la autonomía, nuestros pueblos, hombres y mujeres, son los exigentes y exigentas de que se debe cumplir los siete principios del mandar obedeciendo. Donde dicen pues así nuestros compañeros y compañeras: si existiera pues en México un gobierno que obedece, México sería diferente.
Cuando nosotros discutimos pues con nuestros compañeros autoridades, o sea los comisariados, comisariadas, agentes y agentas, hablan, por ejemplo, lo que en México se habla y se dice que es el Congreso de la Unión, que son los diputados y senadores que dicen que son los representantes del pueblo de México, y esas compañeras y compañeros autoridades se hacen la pregunta: ¿cuándo nos han consultado de las leyes que hacen? Se hacen la pregunta, por ejemplo, cuando Carlos Salinas de Gortari cambió el Artículo 27, de lo que nuestro general Emiliano Zapata logró meterlo pues en la ley constitucional de que la tierra no se vende ni se renta. Carlos Salinas, junto con los senadores y diputados cambiaron ese artículo, donde diga de que la tierra se va a hacer propietarios, se van a hacer dueños, y que pueden decidir de lo que quieren hacer con la tierra. Eso, diciendo así eso, de que ya se puede vender y que se puede rentar.
Entonces, la pregunta que se hacen nuestros compañeros y compañeras autoridades: ¿cuándo nos preguntaron eso? Entonces, es ahí donde dicen: no sirven para nada esos diputados, diputadas, senadores o senadoras que están ahí. No representan al pueblo de México, porque nunca nos preguntan, nunca nos consultan. No creemos de que los obreros también les consultan la ley que necesitan.
Entonces, cuando se hacen las asambleas generales en los municipios; las asambleas generales que hacen las Juntas de Buen Gobierno, ahí se platica eso. ¿Qué pasaría si, en México, se le preguntara a todos los millones de indígenas, a todos los millones de obreros, a todos los millones de estudiantes, estudiantas, que ellos digan la ley que quieren?
Porque, por ejemplo, dicen, el Diego de Cevallos que ya pasó de senador —creo— o diputado, ése es un terrateniente. No siente qué sufre un indígena; no siente qué sufre un obrero o una obrera. Entonces, no sabe pensar qué tipo de ley necesita a los trabajadores del campo y de la ciudad.
Compañeros, compañeras, para hablar de la autonomía parece muy sencillo, pero no es cierto. Los discursos se escuchan muy bonito, en la práctica es otra cosa. Es como, por ejemplo, hay muchos escritores, intelectuales, como dicen —o se dicen—; hay libros que tiene escrito pues sobre autonomía. Quién sabe, a lo mejor tiene el 2 o el 5 por ciento de lo que más o menos se toca ahí sobre autonomía. El 95 por ciento le falta.
Para poder hablar de autonomía, hay que vivir en donde se está haciendo. Para descubrir, para ver y conocer más cómo es esto. Porque, por ejemplo, van a ver cómo es que va y viene de la forma de cómo se hace en práctica lo que es la democracia, la decisión que se toma.
En este caso, la instancia de autoridad máxima son los compañeros y compañeras de la Junta de Buen Gobierno. Ellos y ellas se reúnen para discutir los planes de trabajo. Y luego, proponen a los autoridades de los MAREZ y a los compañeros y compañeras autoridades de los MAREZ, o sea de los municipios autónomos, reúnen a las compañeros y compañeras autoridades, o sea los comisariados, comisariadas, agentes y agentas de los pueblos. Se lleva allí la propuesta de lo que propone la Junta de Buen Gobierno. Y esos comisariadas, comnisariados, agentes y agentas, llevan en sus pueblos a plantear la propuesta de la Junta de Buen Gobierno.
Salen las decisiones en los pueblos, se hace la asamblea municipal. Ahí se logra la mayoría de la decisión de lo que propone la Junta de Buen Gobierno. Y de ahí, se hace la asamblea general, que abarca pues así la Junta de Buen Gobierno, hasta ahí se decide, ahora sí, el mandato del pueblo. Ahora sí es depositado en la Junta de Buen Gobierno.
Y luego, al revés. O sea, lo contrario: los pueblos pueden proponer de los trabajos o de las leyes que se necesita hacer. O sea, para dar un ejemplo, en esta zona, todos los pueblos ahorita zapatistas están decidiendo sobre cómo se va a trabajar las tierras recuperadas. En todos los pueblos ahorita, en esta zona, están trabajando en eso. Todos los pueblos. Falta la asamblea general de esta zona, para que ahí salga el mandato de cómo se va a cuidar la tierra.
Entonces, ¿qué es lo que pasa cuando hay una asamblea general? Háganse cuenta que ustedes son las comisariadas, agentas, que están aquí ahorita; comisariados y agentes. A veces, sale la mayoría, la decisión, y queda una minoría. Alguien de los compañeros o de las compañeras vuelven a plantear de que el acuerdo tomado tiene problemas, tiene consecuencias después. Entonces, la mayoría le dan pues el derecho de que argumente el compañero o la compañera cuál sería la consecuencia de la que plantea el compañero o la compañera. Según el argumento que da pues el compañero o la compañera, la asamblea escucha, pone atención.
Si es un trabajo que no se ha puesto en práctica, la mayoría dice: vamos a practicarla, y si no nos sale bien, nosotros somos los que mandamos, vamos a tener que corregir nuevamente. O sea, le dicen a la minoría de que no es porque no vale lo que dice, sino las cosas que se va a ir practicando, se va a ir mejorando.
Entonces, la construcción de la autonomía en todas las zonas zapatistas, son variadas. Diferentes formas de cómo los trabajan. Por eso, en el regreso de ustedes ahí verán como van a platicar los compañeros y compañeras que se fueron pues en los distintos caracoles, porque no es un solo modelo de cómo se trabaja. Por la misma situación que se vive en cada zona.
Por ejemplo pues, en el Caracol de Oventik, de Morelia, de Roberto Barrios, ahí hay mucho los paramilitares. Eso es lo que nos obliga de ver cómo se trabaja la autonomía con mucha seguridad. Porque hay mucha provocación de los paramilitares. Y en otros caracoles, por las distancias que hay pues así de un pueblo a otro, eso es lo que nos obliga de que entonces vaya nuestros pasos diferente, de cómo ir construyendo nuestra autonomía.
Pero bajo un principio que tenemos que llevar, practicando de lo que dice nuestros siete principios. Que la que es de que nuestro gobierno tiene que obedecer y el pueblo manda. Que nuestros gobiernos autónomos tienen que bajar a los pueblos y no que se suben p'arriba para mandar, para no consultar, para no proponerle al pueblo.
Nuestros autoridades autónomos, los MAREZ y las Juntas de Buen Gobierno tienen que proponer al pueblo. Y no van a imponer. Nuestros autoridades autónomos tienen que trabajar para convencer al pueblo, y no a que lo vencen por la fuerza. Nuestros autoridades tienen que construir lo que se necesita, lo que es bueno, y no de que destruyan.
Nuestras autoridades tienen que representar, o sea de lo que dice, verdaderamente es palabra, pensamiento del pueblo.Y no de que nada más se hacen que dicen que es la palabra del pueblo y no la tiene consultado. O sea, no queremos que suplantan las autoridades autónomas. Nuestras autoridades autónomas queremos que le sirven al pueblo. Y no a que se sirve por ser gobierno autónomo.
Entonces, nuestros pueblos, nuestras autoridades que hay en todos los pueblos, en eso se guían para que se haga cumplir esos principios. Y aquí, en las Juntas de Buen Gobierno, se turnan en gobernar pues a su zona. Hombres y mujeres. Es ahí donde, entonces, se está logrando la participación de hombres y mujeres.
Y por eso compañeros, compañeras, este tipo de práctica, nuestros pueblos ven que esto ojalá que les sirviera pues a nuestros hermanos y hermanas de afuera, tanto de México y de otros países. Porque, cuando el pueblo manda, nadie lo puede destruir. Pero, también, tenemos que pensar que el pueblo, los pueblos también pueden fallar, pueden equivocarse. Pero de ahí, ya no hay quién lo puede culpar.
No es así como está ahorita, podemos culpar a los diputados y los senadores, a los gobernadores, a los presidentes municipales. Pero el día de que el pueblo de México: obreros, maestros, estudiantes, indígenas, campesinos, todos, el pueblo de México, si ellos deciden, pues ya no vamos a encontrar ni quién vamos a acusar.
Si un día pues, vamos a cometer un error, así como fuimos buenos para decidirlo que vamos a hacer eso, así debemos ser buenos para limpiar la mierda que vamos a hacer. Algo así, eso pues, es donde verdaderamente el pueblo la decide ya eso. Pero esto hay que quitárselo al que está mandando ahorita, el mal gobierno. Que son ellos los que tienen ese poder.
Y por eso, decimos pues de que lo que nos hizo a que se practicara más pues así la autonomía acá, es cuando se los quitamos las tierras a los terratenientes, o los latifundios. Ahí donde se ve de que ahí se toman pues así los medios de producción. Así nada más no se logra. Para eso se necesita organización.
Entonces, compañeros, compañeras, así trabajamos pues esto. Esperemos pues así de que les haya servido sobre la forma de cómo y que nos hace falta mucho más trabajarlo, mejorarlo. Pero lo van a ver, porque van a visitar algunos pueblos. Ahí les puede explicar más, directo, de cómo ellos pues la vivieron. Y cómo fue de que, entonces, la ganaron de donde están viviendo pues ahora. Sólo compañeros y compañeras.
viernes, 19 de octubre de 2007
Texto sugerido por el Negro
Adolfo Gilly
Planeta sin ley
La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en que ahora vivimos es en verdad la regla.
Walter Benjamín
Cómo la vida es lenta
Y cómo la Esperanza es violenta.
Guillaume Apollinaire
Lo que en América Latina se dio en llamar "populismo" después de la Segunda Guerra Mundial eran alianzas políticas de direcciones nacionalistas con movimientos sociales populares, campesinos y obreros. De esas alianzas, sustentadas en diferentes formas de organización y movilización popular desde abajo, surgieron tres principales resultados:
a) Una nueva regulación de las relaciones entre capital y trabajo, una red legal protectora, antes inexistente, de los derechos y los ingresos de los trabajadores: sueldos y salarios, salud, vacaciones, estabilidad en el empleo, negociación colectiva, representación de los trabajadores en el lugar de trabajo. En otras palabras, una nueva generación de derechos del trabajo y una consiguiente ampliación de la ciudadanía.
b) Una nueva relación entre el Estado nacional y las potencias extranjeras.
c) Una marea de organización de los trabajadores, los campesinos y el pueblo, un nuevo sentimiento y una nueva práctica de la solidaridad, la afirmación del respeto a cada uno, eso que también se llama dignidad.
Estos derechos legales y organizativos eran la expresión material de la herencia inmaterial dejada por la experiencia de las largas décadas de luchas de los obreros, los campesinos, los pueblos, los indios, los morenos, durante los tiempos difíciles de la primera mitad del siglo XX; y no sólo de esas luchas sociales sino también, y sobre todo, de la más secreta y universal experiencia de sus vidas cotidianas, el reino –desde afuera invisible- de la vida social y política propia de las poblaciones subalternas.
No era ese mundo un paraíso. Pero en su novedad llevaba consigo una cierta carga de esperanza para las nuevas generaciones: la imaginación veía posible un empleo seguro, educación, salud, vivienda y descanso como porvenir social accesible para todos.
Se puede llamar a esto "populismo" si nuestra mirada se dirige a lo que las elites nacionalistas dirigentes pensaban y hacían. Pero le toca un nombre diferente si nuestra mirada y nuestro sentimiento parten desde lo que los grupos y clases sociales subalternas estaban haciendo y viviendo, desde sus experiencias y sus pensamientos.
* * *
Ahora todo aquello es pasado. Un entero mundo ha sido destruido. Hoy, como a finales del siglo XIX, otra vez hemos entrado en una época de violencia y despojo. Esta época fue inaugurada por una despiadada violencia estatal dirigida a abrir la vía, material y humana, al "mercado global desregulado". No la pacífica "libertad de mercado", sino Pinochet y Kissinger la iniciaron en Chile, para toda América Latina, con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Así empezó este planeta sin ley de nuestros días.
Mucho más que un "modelo económico", el neoliberalismo es una forma de dominación, despojo y apropiación privada del producto social excedente y del patrimonio social, sustentada en una subordinación de la ciencia al capital que va más allá de todos los límites antes imaginados.
En varias sociedades latinoamericanas -México, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia...- sucesivas generaciones habían construido, trasmitido y aumentado un patrimonio social de servicios públicos, propiedad nacional, educación pública y recursos naturales protegidos que, insuficientes como fueran, pertenecían a la comunidad nacional. Estos "ahorros públicos" e "inversiones públicas" nacionales, transmitidos de generación en generación, durante los años 90 del siglo XX fueron desmantelados, enajenados y vendidos por tres centavos a los viejos y nuevos dueños de las riquezas y del poder.
La desregulación neoliberal, además, ha dejado casi indefensos a quienes construyeron ese patrimonio, sometidos hoy a la competencia entre la masa de los asalariados en el mercado global y a la desvalorización de su fuerza de trabajo. Por otra parte, nunca ha sido tan grande la masa global de asalariados, sus familias, sus relaciones y sus lugares de vida urbana o semiurbana: más de mil millones en el mundo, según la estimación de Mike Davis en Planet of Slums.
La expresión política que saldrá de este turbulento cambio social todavía en curso en América Latina no puede ser llamada "populismo", y ni siquiera "populismo radical". Más bien habría que buscar sus antecedentes históricos en las tradiciones del jacobinismo, del sindicalismo revolucionario, de los levantamientos populares urbanos y las revoluciones agrarias que cerraron la primera Bella Época, los tiempos de don Porfirio. Pero sus actuales y aún no precisados rasgos requerirán tiempo, sufrimientos y luchas para llegar a revelarse totalmente. Apresurarse a clasificar es embrollar las pistas.
* * *
El neoliberalismo ha originado una nueva mezcla de trabajadores despojados, desplazados e informales, junto con hombres y mujeres sin trabajo estable y sin calificación para ingresar al cambiante y restringido mercado de trabajo formal: migrantes, desarraigados, desempleados o transitorios, ambulantes, milusos, cartoneros, tanto adultos como niños.
Esta mezcladera y desarraigo violento de la fuerza de trabajo y las clases subalternas en América Latina es un proceso brutal y permanente en los barrios, los pueblos, los suburbios marginales sin protección ni ley de los centros urbanos y los centros de trabajo dispersos por el territorio. No es, en sentido alguno, un proceso de desindustrialización o marginalización. Por el contrario, es la gran avenida de la nueva industrialización, desde América Latina a Europa del Este a China, India, Indonesia o Sudáfrica.
Son gentes éstas forzadas hoy a adaptarse al desempleo, la vulnerabilidad, la precariedad, la carencia de vivienda, servicios públicos, hospitales, las migraciones, la inseguridad, la violencia y el hambre. Con su mezcla única de experiencias vividas y heredadas, estas poblaciones emergen con formas de organización y lucha recién inventadas. Hoy no están sólo resistiendo, como en los años 90 pasados: están contratacando en muchas formas originales y en terrenos apenas ayer inventados.
Entre los primeros reflejos en el mundo de la política formal de ese inquieto estado de ánimo al despuntar del siglo XXI, están los gobiernos mal llamados "populistas" como Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador e incluso Tabaré Vázquez en Uruguay, junto al terceto radical -Bolivia, Venezuela y Cuba- que desafían abiertamente al gobierno de Estados Unidos. Hoy como hoy el FMI, el Banco Mundial y los centros financieros internacionales tienen que aceptar a estos dirigentes, por lo demás diferentes entre sí, como mediadores legitimados por el voto ciudadano.
El orden neoliberal global, por supuesto, llegó para quedarse. Esos cambios políticos no alteran la dominación global y sus bases esenciales en cada país. Pero son una prueba más de que ese orden, en más de un cuarto de siglo desde su irrupción, no ha sido capaz de alcanzar una legitimidad estable, como en cambio la lograron después de la segunda guerra mundial aquellos regímenes llamados "populistas".
Los subalternos latinoamericanos han empezado a utilizar algunas de las posibilidades de la democracia representativa: organizarse a plena luz, movilizarse legalmente, protestar, expresarse sin temor. Además tratan de utilizar en su provecho reglas del juego político reconocidas (aun cuando no respetadas): las elecciones, los derechos políticos de la ciudadanía, los derechos humanos de cada persona.
Por otro lado, muchos terrenos de organización antes existentes se han desvanecido o fueron destruidos por el orden neoliberal, mientras otros se han desplazado del aparato productivo al territorio: los comités vecinales de El Alto, Bolivia; los piqueteros y las organizaciones barriales de Argentina; el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil; las Juntas de Buen Gobierno de Chiapas y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en México; las organizaciones indígenas nacionales y locales en Ecuador; y numerosas otras por todo el continente, hasta las organizaciones de los migrantes mexicanos y latinoamericanos en Estados Unidos y las múltiples formas organizadas del insurgente movimiento indígena en México, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile.
Este es el lazo sutil existente entre situaciones, antecedentes y salidas tan diversas como las de las rebeliones contra los gobiernos neoliberales en tres distantes ciudades latinoamericanas: Buenos Aires, Argentina, 2001; El Alto, Bolivia, 2003 y 2005; Oaxaca, México, 2006.
* * *
Esta situación social latinoamericana ha ingresado en Estados Unidos con las movilizaciones sin precedentes de los migrantes en 2006; y, por el lado opuesto, con las tareas represivas asignadas a la Guardia Nacional y el delirio de la construcción de una Gran Muralla en la frontera con México.
Todo esto forma parte de un turbulento proceso de definición de reglas y relaciones políticas, sometido además a las presiones provenientes por un lado de la economía mundial, y por el otro del Pentágono y el aparato militar mundial de Estados Unidos.
En 2005 el Pentágono tenía 737 bases militares distribuidas como una red sobre todo el planeta. Esta es la estructura material básica del mercado global capitalista: desregulado sí, pero bajo estrecha vigilancia e iniciativa militar también. Su subsistencia ulterior tampoco es concebible sin guerras y, finalmente, sin guerra global. La cuestión de la guerra es un tema cardinal de cualquier proyecto democrático y de izquierda en Estados Unidos. Como otras veces, es sobre todo desde adentro que se podrá por fin jalar el freno de emergencia a la hoy desenfrenada maquinaria bélica del imperio.
* * *
Los pueblos latinoamericanos, con tradiciones, intensidades y organizaciones diversas, están en movimiento por la recuperación y la expansión bajo formas nuevas, democráticas y autónomas, de las redes protectoras y solidarias y, además, por nuevos derechos, garantías y libertades. Las insurgencias indígenas en las tierras de las civilizaciones originarias, la movilización por derecho propio de las poblaciones de ascendencia africana en Brasil, Venezuela y el Caribe, forman parte de esta realidad emergente.
Por otra parte, es preciso no olvidar que el orden neoliberal tiene también sus pilares sociales, tal vez minoritarios pero no menos sólidos. En sus economías se han consolidado una espesa red de intereses de nuevos y viejos capitales nacionales y extranjeros, legales e ilegales, formales e informales; y también un sector social de técnicos, profesionistas, comerciantes, ejecutivos, expertos en nuevas técnicas y tecnologías, dispuestos a defender hasta lo último sus privilegios y su movilidad y que claman por la criminalización de la protesta social. De esos sectores agresivos y de su clientela proviene buena parte de la sólida votación que siguen obteniendo los partidos de derecha, de ellos se nutre la ideología conservadora de las cadenas de comunicación y la política neoliberal de los gobiernos de Colombia, Perú, México y varios otros.
Nada fue fácil antes, nada lo será mañana. Venimos del gran desastre universal de los años 90, el que consolidó e hizo más feroces a los nuevos y antiguos ricos de la tierra, el que engendró también la nueva furia de los antiguos y los modernos condenados de la tierra.
Que no nos vengan con que es el tiempo de la esperanza. Es ahora el tiempo de la ira y de la rabia. La esperanza invita a esperar; la ira, a organizar. Así irrumpió la revolución en Bolivia a inicios del siglo XXI. Así pueden despuntar otros porvenires en América Latina.
El llamado "populismo" de varios de sus gobiernos es una primera respuesta moderada -y significativa- al nivel de las instituciones existentes. Pero los más importantes y todavía no bien definidos procesos de insurgencia social están tomando forma en ese inframundo del orden neoliberal, pletórico hoy de movimiento y furia, poblado por las modernas víctimas de la explotación, el despojo, el racismo y la represión.
Hay un tiempo para la esperanza y hay un tiempo para la ira. Este es el tiempo de la ira. Después de la ira viene la esperanza.
* Texto leído como apertura en la sesión plenaria inaugural del Left Forum 2007: "Forjando un futuro político radical", Nueva York, Cooper Union, 9 marzo 2007, 19 horas. El foro continuó los días 10 y 11 de marzo, con 94 mesas de debate sobre múltiples temas de la izquierda. Concluyó el domingo 11 de marzo a las 17:30 horas con una sesión plenaria de clausura: "Más allá de mañana: reinventando la emancipación social".
martes 4 de diciembre de 2007 → Opinión → Bolivia: el espíritu de la revuelta
Adolfo Gilly/ II y última
Bolivia: el espíritu de la revuelta
Una revolución victoriosa, como la del octubre boliviano, implica un cambio de fondo en las instituciones y en el mando político. Es cuanto advino en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005 y en la toma de posesión del presidente indio Evo Morales en enero de 2006. Pero mando político emergente y revolución que lo suscita, si bien conexos, son dos fenómenos en sustancia diferentes.
El nuevo poder es un resultado de la revolución, pero no es su encarnación. En las reflexiones finales de su libro Revolutionary Horizons – Popular Struggle in Bolivia, Forrest Hylton y Sinclair Thomson abordan esta cuestión crucial.
Los pueblos no van a una revolución en pos de una imagen de sociedad futura, anotaba León Trotsky, sino porque la sociedad presente se les ha vuelto insoportable. Su revuelta se nutre de la imagen de los antepasados esclavizados, no del ideal de los descendientes liberados, escribía Walter Benjamin.
Una revolución significa que nada volverá a ser como antes en los espíritus de los vivos y en sus mutuas relaciones; pero es también un homenaje a los muertos, un rescate de la memoria y de los penares de los antepasados humillados, una renovación del propio universo simbólico. Por eso ella repercute tanto en el territorio como en los tiempos venideros. Pero su duración es corta. Y si bien, cuando logra vencer, engendra un nuevo mando político, la insurrección no se encarna ni se prolonga en él y la fractura temporal se cierra: “mais il est bien court le temps de cerises”. Se trata entonces de otro tiempo sucesivo, aun cuando el nuevo mando pueda continuar afirmando: “La revolución soy yo”.
Discutir y sopesar la composición y los cambios ulteriores en los mandos políticos surgidos de una revolución tiene importancia. Pero subsumir allí su análisis y su significado es extraviar el camino y adentrarse en un teatro de sombras. Suelen hacerlo quienes, ellos mismos, sin sospecharlo van siendo también sombras de la vida verdadera que prosigue en otra parte, lejos de ellos.
La historia de las revoluciones suele ser tratada como la de su consolidación en tanto nuevo orden. En otros términos, la revolución habría sido un preludio necesario para ese orden. No es de este modo como este libro considera a esta tercera revolución boliviana que inauguró en el altiplano el siglo XXI.
Thomson y Hylton conceden toda su importancia al hecho de que la existencia del Movimiento Al Socialismo (MAS), encabezado por Evo Morales, pudiera dar un canal y un instrumento político a la insurrección popular cuyos protagonistas fueron los movimientos populares y sociales. Pero anotan:
“Morales y el MAS, antes que dirigirlas, más bien fueron a la cola de la insurrección de 2003 y 2005. Y en el terreno electoral, Morales y el MAS han funcionado como el único vehículo efectivo para la articulación nacional de los heterogéneos movimientos.”
Sin embargo esto no autoriza a esa dirección, continúan diciendo, para sostener que en lo sucesivo los sectores indígenas no necesitan tener una representación especial como tales (por ejemplo, en la Asamblea Constituyente), con el argumento de que “ya han logrado representación –a través del MAS”. En lugar de continuar en resistencia, prosigue el argumento oficial, esos sectores “necesitan ubicarse en este nuevo tiempo, el de ocupar estructuras de poder”.
Ambos historiadores se inscriben contra tal argumento: “Cualquiera fuese su intención, tales declaraciones desautorizaban, marginalizaban y silenciaba las demandas indígenas. Era un nuevo ejemplo de la condescendencia que ha infestado históricamente las relaciones entre los indios y la izquierda y que ha impulsado a los activistas indios hacia posiciones más radicalmente autónomas”. No basta con un presidente indígena para hacer, de la nación clandestina, la República.
Por supuesto, preciso es comprender los límites inelásticos con que topan quienes ejercen el gobierno, sea en la resistencia feroz de las clases desplazadas del poder y de sus representantes políticos y económicos, nacionales y extranjeros; sea en la jaula de acero en que aprisiona sus posibilidades de acción el nuevo orden neoliberal global, más la presencia inmanente de su poderoso sustento material, la fuerza militar de Estados Unidos, el Pentágono; sea en los límites materiales de la escasez, el encierro nacional y la pobreza.
Dicho en las palabras de los autores de este libro: “Hay consecuencias del presente cuya fuerza será difícil contener o revertir en el futuro inmediato. Pero, aún así, si bien la historia ha mostrado que los momentos revolucionarios dejan una marca indeleble en el futuro, ha mostrado también que el colonialismo interno y las jerarquías de clase son estructuras duraderas”.
Pero, por eso mismo, los movimientos del pueblo que dieron origen a ese poder no pueden confundirse con él. Necesitan preservar, no su indiferencia o su neutralidad hacia el nuevo poder que su rebelión engendró y al cual defienden contra enemigos comunes, sino su autonomía y su independencia con respecto a él.
* * *
La historia de las revoluciones queremos tratarla como la de esos momentos únicos en que los olvidados, los oprimidos, los humillados de siempre, los que construyen el mundo con sus manos, sus cuerpos y sus mentes, irrumpen y suspenden el tiempo del desprecio para inaugurar un tiempo nuevo, un momento, largo o no pero imborrable, de revelación de su propio ser, su inteligencia, su herencia que es la de todos los humanos.
“El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate. En Marx aparece como la última clase esclavizada, como la clase vengadora, que lleva a su fin la obra de liberación en nombre de tantas generaciones de vencidos”, escribió Walter Benjamin en sus tesis sobre la historia. Es allí donde pervive y arde en secreto, en tiempos y territorios diferentes, el espíritu de la revuelta.
Aquellos momentos en que ese espíritu sale a luz y se torna vendaval, esas fracturas en el tiempo cuya duración debe multiplicarse por su intensidad, pueden luego quedar en suspenso y convertirse en memoria y en pasado; pero se convierten también en experiencia vivida y, en consecuencia, en reverberaciones interminables hacia todos los futuros posibles de quienes, como pueblo, los vivieron.
Tales son los temas de este libro excepcional, obra de dos historiadores que han seguido y vivido la vida boliviana.
Horizontes revolucionarios es una crónica, una historia y una arqueología de la insurgencia indígena en el altiplano de los Andes; y es, al mismo tiempo, un maduro fruto intelectual de la experiencia, el estudio y la reflexión.
lunes 22 de septiembre de 2008 → Política → Racismo, dominación y revolución en Bolivia
Adolfo Gilly
Racismo, dominación y revolución en Bolivia
“El problema en Bolivia es que el país está viviendo un proceso de reformas, sin salirse del marco democrático, pero tanto la oposición como el gobierno actúan como si estuvieran frente a una revolución”, habría declarado Marco Aurelio García, cercano colaborador de Lula en asuntos internacionales, según artículo de José Natanson en Página/12.
Me permitiré no tomar al pie de la letra, sino en irónico sentido, la declaración de Marco Aurelio García, hombre inteligente e informado que no puede dejar de darse cuenta de que si los dos protagonistas del enfrentamiento boliviano creen que se trata de una revolución, esa creencia es la mejor prueba de que, en efecto, lo es. El vicepresidente Álvaro García Linera, en cambio, ha dicho que lo que está en curso es “una ampliación de élites, una ampliación de derechos y una redistribución de la riqueza. Esto, en Bolivia, es una revolución”.
Tiene cierta razón: en Bolivia nomás eso ya sería una revolución como la de 1979 en Nicaragua. Pero lo que está ocurriendo es algo mucho más profundo y va más allá de las élites, la política y la economía. Es un cuestionamiento de los sustentos mismos de la dominación histórica de esas élites, viejas y nuevas. Viene de muy abajo, lo mueve una furia antigua y no lo van a detener las masacres de las bandas fascistas ni los frágiles acuerdos del gobierno con los prefectos de la Media Luna.
La masacre de Pando, con más de 30 campesinos asesinados a sangre fría por los sicarios de la minoría blanca, y las espeluznantes escenas de humillación, dolor y castigo de los indígenas en la plaza pública de Sucre y en las calles de Santa Cruz de la Sierra a manos de bandas de jóvenes fascistas, están diciendo a toda Bolivia que esa minoría blanca sabe bien lo que se juega: su poder no es negociable, sus tierras no se tocan, su derecho de mando despótico reside en el color de la piel, no en el voto ciudadano. La minoría blanca no está dispuesta a “ampliar” en sentido alguno tal derecho despótico, apoyada además en sectores blancos pobres cuya única “propiedad” es ese color de piel que los separa de los indios. Mucho menos dispuesta está a redistribuir propiedad o riqueza.
* * *
La derecha boliviana, las viejas y no tan viejas élites, los dueños y señores de las tierras y las vidas, fueron derrotados por la inmensa revuelta indígena y popular que se inició con la guerra del agua en el año 2000, culminó con la rebelión de El Alto en octubre de 2003 y concluyó con el acceso de Evo Morales a la presidencia en enero de 2005. La nueva Constitución, aún sujeta a referéndum, y otras medidas del gobierno boliviano han sido pasos para consolidar al nuevo gobierno en el terreno jurídico, político y económico.
Este curso fue aprobado una vez más por la enorme mayoría del pueblo boliviano en el reférendum del 10 de agosto: 67 por ciento de los votos –es decir, más de dos tercios–, con puntas superiores a 85 por ciento en las comunidades del Altiplano. La minoría blanca dominante en la región oriental se ha sublevado y, con saña y ferocidad, desafía esos resultados electorales nacionales y amenaza secesión.
Esa minoría sabe bien que no se trata de meras “ampliaciones democráticas” sino de una revolución que cuestiona su poder y sus privilegios, el “entramado hereditario” de su mando despótico. Pues una revolución es uno de aquellos momentos culminantes en que el movimiento insurgente del pueblo toca las bases mismas de la dominación, trata de destruirla y alcanza a fracturar la línea divisoria por donde pasa esa dominación en la sociedad dada.
No se trata de la línea que separa a gobernantes y gobernados, cuestión política, sino de aquella que separa a dominantes y subalternos. El clásico nombre de revolución social se refiere a la subversión de esa dominación social y no solamente política o económica.
Esa línea divisoria es nítida y profunda en Bolivia. No es tan sólo una dominación de clase, que sí existe. Es sobre todo una dominación racial conformada desde la Colonia y confirmada en la República oligárquica desde 1825 en adelante.
En esa dominación, ser ciudadano de pleno derecho significa ser blanco o mestizo asimilado. Para llegar a ser ciudadano, un indio tiene que dejar de ser indio y reconocerse y ser reconocido como blanco; romper con su comunidad histórica concreta, la de los aymaras, los quechuas, los guaraníes u otra de las muchas comunidades indígenas bolivianas; y entrar como subordinado recién llegado a la comunidad abstracta de los ciudadanos de la República. No se espera que la República cambie y sea como es su pueblo. Se exige que ese pueblo cambie en sus hombres y sus mujeres, renuncie a su ser y su historia y sea como es la República de los blancos, los ricos, los letrados, los hispano-hablantes –donde, por lo demás, el imborrable color de su piel condenaría siempre a esas mujeres y hombres a una ciudadanía de segunda. Tal es la índole de esta dominación.
* * *
La fuerza de la revolución en curso en Bolivia se sustenta en una antigua civilización, negada en las leyes pero que persiste en los idiomas, las costumbres, las creencias, las solidaridades y las comunidades, tanto rurales como urbanas. Los dominados de piel morena no fueron traídos de otras tierras. Estaban ahí antes, eran y siguen siendo la civilización originaria. El cineasta Jorge Sanginés, en una película inolvidable, la llamó “La nación clandestina”. Guillermo Bonfil la denominó aquí “México profundo: una civilización negada”. Siguiendo sus pasos, la nombré “una civilización subalterna” en mi libro Historia a contrapelo.
Clandestinas, negadas o subalternas, el entramado social y cultural de esas civilizaciones originarias aparece a la hora de organizar las revueltas y las rebeliones de sus herederos y portadores, porque esas rebeliones y revueltas son de raíz tan profunda como profunda es la dominación de matriz racial.
Aquella fuerza viene también del entramado hereditario de los dominados y subalternos que se sublevan para conquistar todos los derechos que esa República racial les niega o les recorta: la dignidad y el respeto, los espacios de libertad y de organización, los recursos naturales de su tierra, la educación, la salud, todo cuanto constituiría el entramado social de una República de iguales.
El antiguo lema republicano “libertad-igualdad-fraternidad” tiene en tales rebeliones su doble: “tierra–justicia-solidaridad”. Pues no hay en esas latitudes libertad sin reparto agrario, igualdad sin justicia para todos, ni fraternidad sin solidaridad interior de las múltiples comunidades y de la comunidad entera de esa nación de naciones que es Bolivia. No se trata sólo de un nuevo orden político y económico. Se trata de lo que en el contexto boliviano constituiría un nuevo orden social. De ahí la violencia bestial de las reacciones de los grupos privilegiados minoritarios y sus sicarios, como en Pando, en Santa Cruz, en Chuquisaca.
Toda Bolivia, y en especial la Bolivia indígena y popular que ganó abrumadoramente el referéndum, ha visto por televisión y ha escuchado por radio esa violencia asesina ejercida sobre sus hermanas y hermanos. Esas imágenes les han vuelto a mostrar, mejor que todos los discursos, lo que ya han conocido y vivido en carne propia y en la de sus padres y abuelos. Han podido ver en vivo y en colores la amenaza de regreso del pasado.
No lo permitirán. Tienen suficientes experiencia y organización para saber cómo responder a la violencia con la violencia si sus gobernantes, de quienes esperan pero a quienes también exigen, no paran y castigan a los criminales, única salida sensata y efectiva que podría derivar de las negociaciones en la presente relación entre las fuerzas enfrentadas.
* * *
La expulsión del embajador de Washington por conspirar con la derecha racista ha contribuido a poner a ésta en su lugar. Pero no la ha apaciguado. La reunión de presidentes sudamericanos en Santiago de Chile ha dado un respaldo al gobierno de Evo Morales y quitado ciertas esperanzas a los golpistas. Pero no los ha desarmado ni maniatado: tienen también sus aliados en esos países.
Sin embargo, no sólo los gobiernos juegan. En Bolivia las organizaciones indígenas y populares del oriente, del altiplano y de los valles están en movilización y algunas literalmente en pie de guerra. No parecen dispuestas a dejarse o a dejar la solución encerrada en la mesa de negociación entre el gobierno y los prefectos asesinos.
Un manifiesto del Gran Pueblo Chiquitano, de Oriente, decidió el 15 de septiembre que “han llegado a su límite de la tolerancia y hacen que el sentido de sobrevivencia y furia del Pueblo Chiquitano renazca para combatir a brazo partido por su Territorio, Dignidad y Autonomía Indígena”. En consecuencia, decide “ratificar nuestra consecuencia y lucha inquebrantable para defender los resultados del proceso constituyente, el cual ha recogido nuestras demandas históricas [...] ¡para que nunca más volvamos a ser esclavos ni sirvientes de los grupos de oligarcas y terratenientes de Santa Cruz!”; y “advertir a las Autoridades Cívicas y Prefecturales del departamento de Santa Cruz que los territorios indígenas titulados y en proceso de saneamiento son intocables, irreversibles e imprescriptibles”.
Un pronunciamiento de las Organizaciones Sociales del Oriente exigió el 17 de septiembre “al Parlamento y el Gobierno Nacional no tocar la nueva Constitución Política del Estado aprobada en Oruro el 9 de diciembre de 2007, sobre todo el capítulo de autonomías, puesto que allí se encuentran las principales demandas de más de 25 años de lucha reivindicativa. Nuestros caídos y nosotros, humillados y perseguidos, planteamos, marchamos y morimos por nuestra liberación y de todo el pueblo boliviano”.
Una denuncia de la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz, el 17 de septiembre, dice: “Quienes asaltaron nuestras oficinas son mandados y pagados por los traficantes de tierras, latifundistas y esclavizadores de hermanos indígenas y por el Prefecto, Alcalde y Comités Cívicos, quienes se oponen a nuestra histórica demanda posicionada en la Nueva Constitución Política: las autonomías territoriales indígenas, sin subordinación a ningún nivel autonómico, que tiene carácter irrenunciable, pues es la base de nuestra liberación como pueblos”.
En este terreno, el de una revolución cuyos hacedores y protagonistas no están dispuestos a dejársela arrebatar ni a negociarla cualesquiera sean el costo y la violencia que los terratenientes y los racistas impongan, están los enfrentamientos en Bolivia. Tal vez la salida no sea inmediata. Pero, como en octubre de 2003, si aquéllos no ceden el desenlace por ellos buscado se resolverá en las calles y los campos. Es uno de los motivos de la alarma de los gobiernos de los países limítrofes.
Planeta sin ley
La tradición de los oprimidos nos enseña que el estado de excepción en que ahora vivimos es en verdad la regla.
Walter Benjamín
Cómo la vida es lenta
Y cómo la Esperanza es violenta.
Guillaume Apollinaire
Lo que en América Latina se dio en llamar "populismo" después de la Segunda Guerra Mundial eran alianzas políticas de direcciones nacionalistas con movimientos sociales populares, campesinos y obreros. De esas alianzas, sustentadas en diferentes formas de organización y movilización popular desde abajo, surgieron tres principales resultados:
a) Una nueva regulación de las relaciones entre capital y trabajo, una red legal protectora, antes inexistente, de los derechos y los ingresos de los trabajadores: sueldos y salarios, salud, vacaciones, estabilidad en el empleo, negociación colectiva, representación de los trabajadores en el lugar de trabajo. En otras palabras, una nueva generación de derechos del trabajo y una consiguiente ampliación de la ciudadanía.
b) Una nueva relación entre el Estado nacional y las potencias extranjeras.
c) Una marea de organización de los trabajadores, los campesinos y el pueblo, un nuevo sentimiento y una nueva práctica de la solidaridad, la afirmación del respeto a cada uno, eso que también se llama dignidad.
Estos derechos legales y organizativos eran la expresión material de la herencia inmaterial dejada por la experiencia de las largas décadas de luchas de los obreros, los campesinos, los pueblos, los indios, los morenos, durante los tiempos difíciles de la primera mitad del siglo XX; y no sólo de esas luchas sociales sino también, y sobre todo, de la más secreta y universal experiencia de sus vidas cotidianas, el reino –desde afuera invisible- de la vida social y política propia de las poblaciones subalternas.
No era ese mundo un paraíso. Pero en su novedad llevaba consigo una cierta carga de esperanza para las nuevas generaciones: la imaginación veía posible un empleo seguro, educación, salud, vivienda y descanso como porvenir social accesible para todos.
Se puede llamar a esto "populismo" si nuestra mirada se dirige a lo que las elites nacionalistas dirigentes pensaban y hacían. Pero le toca un nombre diferente si nuestra mirada y nuestro sentimiento parten desde lo que los grupos y clases sociales subalternas estaban haciendo y viviendo, desde sus experiencias y sus pensamientos.
* * *
Ahora todo aquello es pasado. Un entero mundo ha sido destruido. Hoy, como a finales del siglo XIX, otra vez hemos entrado en una época de violencia y despojo. Esta época fue inaugurada por una despiadada violencia estatal dirigida a abrir la vía, material y humana, al "mercado global desregulado". No la pacífica "libertad de mercado", sino Pinochet y Kissinger la iniciaron en Chile, para toda América Latina, con el golpe militar del 11 de septiembre de 1973. Así empezó este planeta sin ley de nuestros días.
Mucho más que un "modelo económico", el neoliberalismo es una forma de dominación, despojo y apropiación privada del producto social excedente y del patrimonio social, sustentada en una subordinación de la ciencia al capital que va más allá de todos los límites antes imaginados.
En varias sociedades latinoamericanas -México, Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia...- sucesivas generaciones habían construido, trasmitido y aumentado un patrimonio social de servicios públicos, propiedad nacional, educación pública y recursos naturales protegidos que, insuficientes como fueran, pertenecían a la comunidad nacional. Estos "ahorros públicos" e "inversiones públicas" nacionales, transmitidos de generación en generación, durante los años 90 del siglo XX fueron desmantelados, enajenados y vendidos por tres centavos a los viejos y nuevos dueños de las riquezas y del poder.
La desregulación neoliberal, además, ha dejado casi indefensos a quienes construyeron ese patrimonio, sometidos hoy a la competencia entre la masa de los asalariados en el mercado global y a la desvalorización de su fuerza de trabajo. Por otra parte, nunca ha sido tan grande la masa global de asalariados, sus familias, sus relaciones y sus lugares de vida urbana o semiurbana: más de mil millones en el mundo, según la estimación de Mike Davis en Planet of Slums.
La expresión política que saldrá de este turbulento cambio social todavía en curso en América Latina no puede ser llamada "populismo", y ni siquiera "populismo radical". Más bien habría que buscar sus antecedentes históricos en las tradiciones del jacobinismo, del sindicalismo revolucionario, de los levantamientos populares urbanos y las revoluciones agrarias que cerraron la primera Bella Época, los tiempos de don Porfirio. Pero sus actuales y aún no precisados rasgos requerirán tiempo, sufrimientos y luchas para llegar a revelarse totalmente. Apresurarse a clasificar es embrollar las pistas.
* * *
El neoliberalismo ha originado una nueva mezcla de trabajadores despojados, desplazados e informales, junto con hombres y mujeres sin trabajo estable y sin calificación para ingresar al cambiante y restringido mercado de trabajo formal: migrantes, desarraigados, desempleados o transitorios, ambulantes, milusos, cartoneros, tanto adultos como niños.
Esta mezcladera y desarraigo violento de la fuerza de trabajo y las clases subalternas en América Latina es un proceso brutal y permanente en los barrios, los pueblos, los suburbios marginales sin protección ni ley de los centros urbanos y los centros de trabajo dispersos por el territorio. No es, en sentido alguno, un proceso de desindustrialización o marginalización. Por el contrario, es la gran avenida de la nueva industrialización, desde América Latina a Europa del Este a China, India, Indonesia o Sudáfrica.
Son gentes éstas forzadas hoy a adaptarse al desempleo, la vulnerabilidad, la precariedad, la carencia de vivienda, servicios públicos, hospitales, las migraciones, la inseguridad, la violencia y el hambre. Con su mezcla única de experiencias vividas y heredadas, estas poblaciones emergen con formas de organización y lucha recién inventadas. Hoy no están sólo resistiendo, como en los años 90 pasados: están contratacando en muchas formas originales y en terrenos apenas ayer inventados.
Entre los primeros reflejos en el mundo de la política formal de ese inquieto estado de ánimo al despuntar del siglo XXI, están los gobiernos mal llamados "populistas" como Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Correa en Ecuador e incluso Tabaré Vázquez en Uruguay, junto al terceto radical -Bolivia, Venezuela y Cuba- que desafían abiertamente al gobierno de Estados Unidos. Hoy como hoy el FMI, el Banco Mundial y los centros financieros internacionales tienen que aceptar a estos dirigentes, por lo demás diferentes entre sí, como mediadores legitimados por el voto ciudadano.
El orden neoliberal global, por supuesto, llegó para quedarse. Esos cambios políticos no alteran la dominación global y sus bases esenciales en cada país. Pero son una prueba más de que ese orden, en más de un cuarto de siglo desde su irrupción, no ha sido capaz de alcanzar una legitimidad estable, como en cambio la lograron después de la segunda guerra mundial aquellos regímenes llamados "populistas".
Los subalternos latinoamericanos han empezado a utilizar algunas de las posibilidades de la democracia representativa: organizarse a plena luz, movilizarse legalmente, protestar, expresarse sin temor. Además tratan de utilizar en su provecho reglas del juego político reconocidas (aun cuando no respetadas): las elecciones, los derechos políticos de la ciudadanía, los derechos humanos de cada persona.
Por otro lado, muchos terrenos de organización antes existentes se han desvanecido o fueron destruidos por el orden neoliberal, mientras otros se han desplazado del aparato productivo al territorio: los comités vecinales de El Alto, Bolivia; los piqueteros y las organizaciones barriales de Argentina; el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil; las Juntas de Buen Gobierno de Chiapas y la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca en México; las organizaciones indígenas nacionales y locales en Ecuador; y numerosas otras por todo el continente, hasta las organizaciones de los migrantes mexicanos y latinoamericanos en Estados Unidos y las múltiples formas organizadas del insurgente movimiento indígena en México, Bolivia, Ecuador, Perú, Chile.
Este es el lazo sutil existente entre situaciones, antecedentes y salidas tan diversas como las de las rebeliones contra los gobiernos neoliberales en tres distantes ciudades latinoamericanas: Buenos Aires, Argentina, 2001; El Alto, Bolivia, 2003 y 2005; Oaxaca, México, 2006.
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Esta situación social latinoamericana ha ingresado en Estados Unidos con las movilizaciones sin precedentes de los migrantes en 2006; y, por el lado opuesto, con las tareas represivas asignadas a la Guardia Nacional y el delirio de la construcción de una Gran Muralla en la frontera con México.
Todo esto forma parte de un turbulento proceso de definición de reglas y relaciones políticas, sometido además a las presiones provenientes por un lado de la economía mundial, y por el otro del Pentágono y el aparato militar mundial de Estados Unidos.
En 2005 el Pentágono tenía 737 bases militares distribuidas como una red sobre todo el planeta. Esta es la estructura material básica del mercado global capitalista: desregulado sí, pero bajo estrecha vigilancia e iniciativa militar también. Su subsistencia ulterior tampoco es concebible sin guerras y, finalmente, sin guerra global. La cuestión de la guerra es un tema cardinal de cualquier proyecto democrático y de izquierda en Estados Unidos. Como otras veces, es sobre todo desde adentro que se podrá por fin jalar el freno de emergencia a la hoy desenfrenada maquinaria bélica del imperio.
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Los pueblos latinoamericanos, con tradiciones, intensidades y organizaciones diversas, están en movimiento por la recuperación y la expansión bajo formas nuevas, democráticas y autónomas, de las redes protectoras y solidarias y, además, por nuevos derechos, garantías y libertades. Las insurgencias indígenas en las tierras de las civilizaciones originarias, la movilización por derecho propio de las poblaciones de ascendencia africana en Brasil, Venezuela y el Caribe, forman parte de esta realidad emergente.
Por otra parte, es preciso no olvidar que el orden neoliberal tiene también sus pilares sociales, tal vez minoritarios pero no menos sólidos. En sus economías se han consolidado una espesa red de intereses de nuevos y viejos capitales nacionales y extranjeros, legales e ilegales, formales e informales; y también un sector social de técnicos, profesionistas, comerciantes, ejecutivos, expertos en nuevas técnicas y tecnologías, dispuestos a defender hasta lo último sus privilegios y su movilidad y que claman por la criminalización de la protesta social. De esos sectores agresivos y de su clientela proviene buena parte de la sólida votación que siguen obteniendo los partidos de derecha, de ellos se nutre la ideología conservadora de las cadenas de comunicación y la política neoliberal de los gobiernos de Colombia, Perú, México y varios otros.
Nada fue fácil antes, nada lo será mañana. Venimos del gran desastre universal de los años 90, el que consolidó e hizo más feroces a los nuevos y antiguos ricos de la tierra, el que engendró también la nueva furia de los antiguos y los modernos condenados de la tierra.
Que no nos vengan con que es el tiempo de la esperanza. Es ahora el tiempo de la ira y de la rabia. La esperanza invita a esperar; la ira, a organizar. Así irrumpió la revolución en Bolivia a inicios del siglo XXI. Así pueden despuntar otros porvenires en América Latina.
El llamado "populismo" de varios de sus gobiernos es una primera respuesta moderada -y significativa- al nivel de las instituciones existentes. Pero los más importantes y todavía no bien definidos procesos de insurgencia social están tomando forma en ese inframundo del orden neoliberal, pletórico hoy de movimiento y furia, poblado por las modernas víctimas de la explotación, el despojo, el racismo y la represión.
Hay un tiempo para la esperanza y hay un tiempo para la ira. Este es el tiempo de la ira. Después de la ira viene la esperanza.
* Texto leído como apertura en la sesión plenaria inaugural del Left Forum 2007: "Forjando un futuro político radical", Nueva York, Cooper Union, 9 marzo 2007, 19 horas. El foro continuó los días 10 y 11 de marzo, con 94 mesas de debate sobre múltiples temas de la izquierda. Concluyó el domingo 11 de marzo a las 17:30 horas con una sesión plenaria de clausura: "Más allá de mañana: reinventando la emancipación social".
martes 4 de diciembre de 2007 → Opinión → Bolivia: el espíritu de la revuelta
Adolfo Gilly/ II y última
Bolivia: el espíritu de la revuelta
Una revolución victoriosa, como la del octubre boliviano, implica un cambio de fondo en las instituciones y en el mando político. Es cuanto advino en las elecciones presidenciales de diciembre de 2005 y en la toma de posesión del presidente indio Evo Morales en enero de 2006. Pero mando político emergente y revolución que lo suscita, si bien conexos, son dos fenómenos en sustancia diferentes.
El nuevo poder es un resultado de la revolución, pero no es su encarnación. En las reflexiones finales de su libro Revolutionary Horizons – Popular Struggle in Bolivia, Forrest Hylton y Sinclair Thomson abordan esta cuestión crucial.
Los pueblos no van a una revolución en pos de una imagen de sociedad futura, anotaba León Trotsky, sino porque la sociedad presente se les ha vuelto insoportable. Su revuelta se nutre de la imagen de los antepasados esclavizados, no del ideal de los descendientes liberados, escribía Walter Benjamin.
Una revolución significa que nada volverá a ser como antes en los espíritus de los vivos y en sus mutuas relaciones; pero es también un homenaje a los muertos, un rescate de la memoria y de los penares de los antepasados humillados, una renovación del propio universo simbólico. Por eso ella repercute tanto en el territorio como en los tiempos venideros. Pero su duración es corta. Y si bien, cuando logra vencer, engendra un nuevo mando político, la insurrección no se encarna ni se prolonga en él y la fractura temporal se cierra: “mais il est bien court le temps de cerises”. Se trata entonces de otro tiempo sucesivo, aun cuando el nuevo mando pueda continuar afirmando: “La revolución soy yo”.
Discutir y sopesar la composición y los cambios ulteriores en los mandos políticos surgidos de una revolución tiene importancia. Pero subsumir allí su análisis y su significado es extraviar el camino y adentrarse en un teatro de sombras. Suelen hacerlo quienes, ellos mismos, sin sospecharlo van siendo también sombras de la vida verdadera que prosigue en otra parte, lejos de ellos.
La historia de las revoluciones suele ser tratada como la de su consolidación en tanto nuevo orden. En otros términos, la revolución habría sido un preludio necesario para ese orden. No es de este modo como este libro considera a esta tercera revolución boliviana que inauguró en el altiplano el siglo XXI.
Thomson y Hylton conceden toda su importancia al hecho de que la existencia del Movimiento Al Socialismo (MAS), encabezado por Evo Morales, pudiera dar un canal y un instrumento político a la insurrección popular cuyos protagonistas fueron los movimientos populares y sociales. Pero anotan:
“Morales y el MAS, antes que dirigirlas, más bien fueron a la cola de la insurrección de 2003 y 2005. Y en el terreno electoral, Morales y el MAS han funcionado como el único vehículo efectivo para la articulación nacional de los heterogéneos movimientos.”
Sin embargo esto no autoriza a esa dirección, continúan diciendo, para sostener que en lo sucesivo los sectores indígenas no necesitan tener una representación especial como tales (por ejemplo, en la Asamblea Constituyente), con el argumento de que “ya han logrado representación –a través del MAS”. En lugar de continuar en resistencia, prosigue el argumento oficial, esos sectores “necesitan ubicarse en este nuevo tiempo, el de ocupar estructuras de poder”.
Ambos historiadores se inscriben contra tal argumento: “Cualquiera fuese su intención, tales declaraciones desautorizaban, marginalizaban y silenciaba las demandas indígenas. Era un nuevo ejemplo de la condescendencia que ha infestado históricamente las relaciones entre los indios y la izquierda y que ha impulsado a los activistas indios hacia posiciones más radicalmente autónomas”. No basta con un presidente indígena para hacer, de la nación clandestina, la República.
Por supuesto, preciso es comprender los límites inelásticos con que topan quienes ejercen el gobierno, sea en la resistencia feroz de las clases desplazadas del poder y de sus representantes políticos y económicos, nacionales y extranjeros; sea en la jaula de acero en que aprisiona sus posibilidades de acción el nuevo orden neoliberal global, más la presencia inmanente de su poderoso sustento material, la fuerza militar de Estados Unidos, el Pentágono; sea en los límites materiales de la escasez, el encierro nacional y la pobreza.
Dicho en las palabras de los autores de este libro: “Hay consecuencias del presente cuya fuerza será difícil contener o revertir en el futuro inmediato. Pero, aún así, si bien la historia ha mostrado que los momentos revolucionarios dejan una marca indeleble en el futuro, ha mostrado también que el colonialismo interno y las jerarquías de clase son estructuras duraderas”.
Pero, por eso mismo, los movimientos del pueblo que dieron origen a ese poder no pueden confundirse con él. Necesitan preservar, no su indiferencia o su neutralidad hacia el nuevo poder que su rebelión engendró y al cual defienden contra enemigos comunes, sino su autonomía y su independencia con respecto a él.
* * *
La historia de las revoluciones queremos tratarla como la de esos momentos únicos en que los olvidados, los oprimidos, los humillados de siempre, los que construyen el mundo con sus manos, sus cuerpos y sus mentes, irrumpen y suspenden el tiempo del desprecio para inaugurar un tiempo nuevo, un momento, largo o no pero imborrable, de revelación de su propio ser, su inteligencia, su herencia que es la de todos los humanos.
“El sujeto del conocimiento histórico es la clase oprimida misma, cuando combate. En Marx aparece como la última clase esclavizada, como la clase vengadora, que lleva a su fin la obra de liberación en nombre de tantas generaciones de vencidos”, escribió Walter Benjamin en sus tesis sobre la historia. Es allí donde pervive y arde en secreto, en tiempos y territorios diferentes, el espíritu de la revuelta.
Aquellos momentos en que ese espíritu sale a luz y se torna vendaval, esas fracturas en el tiempo cuya duración debe multiplicarse por su intensidad, pueden luego quedar en suspenso y convertirse en memoria y en pasado; pero se convierten también en experiencia vivida y, en consecuencia, en reverberaciones interminables hacia todos los futuros posibles de quienes, como pueblo, los vivieron.
Tales son los temas de este libro excepcional, obra de dos historiadores que han seguido y vivido la vida boliviana.
Horizontes revolucionarios es una crónica, una historia y una arqueología de la insurgencia indígena en el altiplano de los Andes; y es, al mismo tiempo, un maduro fruto intelectual de la experiencia, el estudio y la reflexión.
lunes 22 de septiembre de 2008 → Política → Racismo, dominación y revolución en Bolivia
Adolfo Gilly
Racismo, dominación y revolución en Bolivia
“El problema en Bolivia es que el país está viviendo un proceso de reformas, sin salirse del marco democrático, pero tanto la oposición como el gobierno actúan como si estuvieran frente a una revolución”, habría declarado Marco Aurelio García, cercano colaborador de Lula en asuntos internacionales, según artículo de José Natanson en Página/12.
Me permitiré no tomar al pie de la letra, sino en irónico sentido, la declaración de Marco Aurelio García, hombre inteligente e informado que no puede dejar de darse cuenta de que si los dos protagonistas del enfrentamiento boliviano creen que se trata de una revolución, esa creencia es la mejor prueba de que, en efecto, lo es. El vicepresidente Álvaro García Linera, en cambio, ha dicho que lo que está en curso es “una ampliación de élites, una ampliación de derechos y una redistribución de la riqueza. Esto, en Bolivia, es una revolución”.
Tiene cierta razón: en Bolivia nomás eso ya sería una revolución como la de 1979 en Nicaragua. Pero lo que está ocurriendo es algo mucho más profundo y va más allá de las élites, la política y la economía. Es un cuestionamiento de los sustentos mismos de la dominación histórica de esas élites, viejas y nuevas. Viene de muy abajo, lo mueve una furia antigua y no lo van a detener las masacres de las bandas fascistas ni los frágiles acuerdos del gobierno con los prefectos de la Media Luna.
La masacre de Pando, con más de 30 campesinos asesinados a sangre fría por los sicarios de la minoría blanca, y las espeluznantes escenas de humillación, dolor y castigo de los indígenas en la plaza pública de Sucre y en las calles de Santa Cruz de la Sierra a manos de bandas de jóvenes fascistas, están diciendo a toda Bolivia que esa minoría blanca sabe bien lo que se juega: su poder no es negociable, sus tierras no se tocan, su derecho de mando despótico reside en el color de la piel, no en el voto ciudadano. La minoría blanca no está dispuesta a “ampliar” en sentido alguno tal derecho despótico, apoyada además en sectores blancos pobres cuya única “propiedad” es ese color de piel que los separa de los indios. Mucho menos dispuesta está a redistribuir propiedad o riqueza.
* * *
La derecha boliviana, las viejas y no tan viejas élites, los dueños y señores de las tierras y las vidas, fueron derrotados por la inmensa revuelta indígena y popular que se inició con la guerra del agua en el año 2000, culminó con la rebelión de El Alto en octubre de 2003 y concluyó con el acceso de Evo Morales a la presidencia en enero de 2005. La nueva Constitución, aún sujeta a referéndum, y otras medidas del gobierno boliviano han sido pasos para consolidar al nuevo gobierno en el terreno jurídico, político y económico.
Este curso fue aprobado una vez más por la enorme mayoría del pueblo boliviano en el reférendum del 10 de agosto: 67 por ciento de los votos –es decir, más de dos tercios–, con puntas superiores a 85 por ciento en las comunidades del Altiplano. La minoría blanca dominante en la región oriental se ha sublevado y, con saña y ferocidad, desafía esos resultados electorales nacionales y amenaza secesión.
Esa minoría sabe bien que no se trata de meras “ampliaciones democráticas” sino de una revolución que cuestiona su poder y sus privilegios, el “entramado hereditario” de su mando despótico. Pues una revolución es uno de aquellos momentos culminantes en que el movimiento insurgente del pueblo toca las bases mismas de la dominación, trata de destruirla y alcanza a fracturar la línea divisoria por donde pasa esa dominación en la sociedad dada.
No se trata de la línea que separa a gobernantes y gobernados, cuestión política, sino de aquella que separa a dominantes y subalternos. El clásico nombre de revolución social se refiere a la subversión de esa dominación social y no solamente política o económica.
Esa línea divisoria es nítida y profunda en Bolivia. No es tan sólo una dominación de clase, que sí existe. Es sobre todo una dominación racial conformada desde la Colonia y confirmada en la República oligárquica desde 1825 en adelante.
En esa dominación, ser ciudadano de pleno derecho significa ser blanco o mestizo asimilado. Para llegar a ser ciudadano, un indio tiene que dejar de ser indio y reconocerse y ser reconocido como blanco; romper con su comunidad histórica concreta, la de los aymaras, los quechuas, los guaraníes u otra de las muchas comunidades indígenas bolivianas; y entrar como subordinado recién llegado a la comunidad abstracta de los ciudadanos de la República. No se espera que la República cambie y sea como es su pueblo. Se exige que ese pueblo cambie en sus hombres y sus mujeres, renuncie a su ser y su historia y sea como es la República de los blancos, los ricos, los letrados, los hispano-hablantes –donde, por lo demás, el imborrable color de su piel condenaría siempre a esas mujeres y hombres a una ciudadanía de segunda. Tal es la índole de esta dominación.
* * *
La fuerza de la revolución en curso en Bolivia se sustenta en una antigua civilización, negada en las leyes pero que persiste en los idiomas, las costumbres, las creencias, las solidaridades y las comunidades, tanto rurales como urbanas. Los dominados de piel morena no fueron traídos de otras tierras. Estaban ahí antes, eran y siguen siendo la civilización originaria. El cineasta Jorge Sanginés, en una película inolvidable, la llamó “La nación clandestina”. Guillermo Bonfil la denominó aquí “México profundo: una civilización negada”. Siguiendo sus pasos, la nombré “una civilización subalterna” en mi libro Historia a contrapelo.
Clandestinas, negadas o subalternas, el entramado social y cultural de esas civilizaciones originarias aparece a la hora de organizar las revueltas y las rebeliones de sus herederos y portadores, porque esas rebeliones y revueltas son de raíz tan profunda como profunda es la dominación de matriz racial.
Aquella fuerza viene también del entramado hereditario de los dominados y subalternos que se sublevan para conquistar todos los derechos que esa República racial les niega o les recorta: la dignidad y el respeto, los espacios de libertad y de organización, los recursos naturales de su tierra, la educación, la salud, todo cuanto constituiría el entramado social de una República de iguales.
El antiguo lema republicano “libertad-igualdad-fraternidad” tiene en tales rebeliones su doble: “tierra–justicia-solidaridad”. Pues no hay en esas latitudes libertad sin reparto agrario, igualdad sin justicia para todos, ni fraternidad sin solidaridad interior de las múltiples comunidades y de la comunidad entera de esa nación de naciones que es Bolivia. No se trata sólo de un nuevo orden político y económico. Se trata de lo que en el contexto boliviano constituiría un nuevo orden social. De ahí la violencia bestial de las reacciones de los grupos privilegiados minoritarios y sus sicarios, como en Pando, en Santa Cruz, en Chuquisaca.
Toda Bolivia, y en especial la Bolivia indígena y popular que ganó abrumadoramente el referéndum, ha visto por televisión y ha escuchado por radio esa violencia asesina ejercida sobre sus hermanas y hermanos. Esas imágenes les han vuelto a mostrar, mejor que todos los discursos, lo que ya han conocido y vivido en carne propia y en la de sus padres y abuelos. Han podido ver en vivo y en colores la amenaza de regreso del pasado.
No lo permitirán. Tienen suficientes experiencia y organización para saber cómo responder a la violencia con la violencia si sus gobernantes, de quienes esperan pero a quienes también exigen, no paran y castigan a los criminales, única salida sensata y efectiva que podría derivar de las negociaciones en la presente relación entre las fuerzas enfrentadas.
* * *
La expulsión del embajador de Washington por conspirar con la derecha racista ha contribuido a poner a ésta en su lugar. Pero no la ha apaciguado. La reunión de presidentes sudamericanos en Santiago de Chile ha dado un respaldo al gobierno de Evo Morales y quitado ciertas esperanzas a los golpistas. Pero no los ha desarmado ni maniatado: tienen también sus aliados en esos países.
Sin embargo, no sólo los gobiernos juegan. En Bolivia las organizaciones indígenas y populares del oriente, del altiplano y de los valles están en movilización y algunas literalmente en pie de guerra. No parecen dispuestas a dejarse o a dejar la solución encerrada en la mesa de negociación entre el gobierno y los prefectos asesinos.
Un manifiesto del Gran Pueblo Chiquitano, de Oriente, decidió el 15 de septiembre que “han llegado a su límite de la tolerancia y hacen que el sentido de sobrevivencia y furia del Pueblo Chiquitano renazca para combatir a brazo partido por su Territorio, Dignidad y Autonomía Indígena”. En consecuencia, decide “ratificar nuestra consecuencia y lucha inquebrantable para defender los resultados del proceso constituyente, el cual ha recogido nuestras demandas históricas [...] ¡para que nunca más volvamos a ser esclavos ni sirvientes de los grupos de oligarcas y terratenientes de Santa Cruz!”; y “advertir a las Autoridades Cívicas y Prefecturales del departamento de Santa Cruz que los territorios indígenas titulados y en proceso de saneamiento son intocables, irreversibles e imprescriptibles”.
Un pronunciamiento de las Organizaciones Sociales del Oriente exigió el 17 de septiembre “al Parlamento y el Gobierno Nacional no tocar la nueva Constitución Política del Estado aprobada en Oruro el 9 de diciembre de 2007, sobre todo el capítulo de autonomías, puesto que allí se encuentran las principales demandas de más de 25 años de lucha reivindicativa. Nuestros caídos y nosotros, humillados y perseguidos, planteamos, marchamos y morimos por nuestra liberación y de todo el pueblo boliviano”.
Una denuncia de la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz, el 17 de septiembre, dice: “Quienes asaltaron nuestras oficinas son mandados y pagados por los traficantes de tierras, latifundistas y esclavizadores de hermanos indígenas y por el Prefecto, Alcalde y Comités Cívicos, quienes se oponen a nuestra histórica demanda posicionada en la Nueva Constitución Política: las autonomías territoriales indígenas, sin subordinación a ningún nivel autonómico, que tiene carácter irrenunciable, pues es la base de nuestra liberación como pueblos”.
En este terreno, el de una revolución cuyos hacedores y protagonistas no están dispuestos a dejársela arrebatar ni a negociarla cualesquiera sean el costo y la violencia que los terratenientes y los racistas impongan, están los enfrentamientos en Bolivia. Tal vez la salida no sea inmediata. Pero, como en octubre de 2003, si aquéllos no ceden el desenlace por ellos buscado se resolverá en las calles y los campos. Es uno de los motivos de la alarma de los gobiernos de los países limítrofes.
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